Nunca dejes de bailar (Lola Lolita 1)

Lola Moreno

Fragmento

cap-1

GLUPS, PRIMER DÍA DE CLASE

¡BUENOS DÍAS, LOQUILLOS!

¡SON LAS SIETE! ¡HORA DE LEVANTARSE!

¿Os digo un secreto? En realidad llevo un buen rato despierta, wasapeando con mi amiga Marina. Pero ha llegado el momento de prepararse para ir a clase o llegaremos tarde.

Uf, acabo de despedirme de mi amiga y ya la echo de menos. Es el primer año que no iremos juntas a clase y estoy muerta de miedo. ¡GLUPS! Después de pensarlo mucho, mis padres decidieron cambiarme a un instituto relativamente nuevo, que trabaja por proyectos y valora muchísimo la creatividad. Mis padres dicen que me va como anillo al dedo. Desde luego, lo tiene todo. Todo... menos mis amigas.

Tengo el modelito preparado desde hace una semana, justo cuando volvimos de las vacaciones, pero, un segundo después de haberme vestido, empiezo a dudar. Mmm... Esta falda es muy mona, pero... no sé si es la mejor elección. La primera impresión es muy importante, sobre todo cuando empiezas en el instituto. Me pruebo unos vaqueros y una camiseta. Demasiado casual. Una falda y una camisa de flores. Estilo Heidi. Unos shorts y un top a juego que compré este verano en un mercadillo. ¡GENIAL! Me calzo mis Converse favoritas y me encamino a la cocina mientras Hela y Zito me miran del revés con sus enormes ojos amarillos como diciendo: «Suerte Lolita, pero nosotros nos quedamos en tu cama remoloneando un ratito más, ¿vale?» ¡QUIÉN FUERA GATO!

Mamá está preparando el desayuno. Le doy un beso y corro a achuchar a Enzo, que está sentado a la mesa. Veréis, Enzo no es solo mi hermano pequeño, sino también el niño más mono del mundo y mi fan número uno.

—¡LOLIIITA! —grita supercontento.

—Buenos días —le digo al mismo tiempo que me lo como a besos.

¡MUAC, MUAC, MUAC!

—Siéntate a desayunar, cariño. ¿Quieres tostadas o prefieres cereales?

—No tengo hambre, mamá. Tomaré zumo de naranja y ya almorzaré en el insti —le contesto en tono tranquilo, para que no note lo nerviosa que estoy.

No ha colado. A mamá no se le escapa ni una. Yo creo que en otra vida debió de ser Sherlock Holmes. Bueno, un Sherlock nutricionista. Ya conocéis a las madres.

—Lolita, ya sé que hoy es un día especial, pero salir de casa con el estómago vacío no me parece buena idea. Te espera una mañana movida y te hará falta mucha energía. Venga, desayuna e intenta tranquilizarte.

—Es que no conoceré a nadie, mamá.

—Pero si habrá muchísima gente igual que tú. Seguro que haces un montón de amigas —me promete, rodeándome la cara con las manos—. Tú compórtate tal como eres. Esta misma tarde me estarás hablando de tus nuevas amigas. Ya lo verás.

«Ojalá», pienso yo, pero no me acabo de fiar.

—Por cierto, me encanta tu look de primer día de cole —añade como de pasada. Siempre sabe cómo subirme la moral.

—Lolita guapa —dice Enzo, y me ofrece un juguete.

—Qué chulo, Enzo, seguro que me traerá suerte.

Me lo guardo en el bolsillo. Un amuleto nunca viene mal.

En ese momento entra mi hermana Sofía en la cocina.

—¿Aún estás aquí? Vas a llegar tarde el primer díííaaa... —canturrea.

Sofía es mi hermana pequeña. Tiene casi dos años menos que yo. Va a seguir en mi antiguo cole, con sus amigas. ¡Y ENCIMA ENTRA UNA HORA MÁS TARDE! Qué injusta es la vida.

—De eso nada —le digo a la vez que me cuelgo la mochila de un hombro—. Ya me voy. Adiós, guapis. Deseadme suerte.

—Suerte, Lolita —corean al unísono.

¡QUÉ MOGOLLÓN! Un montón de chicos y chicas se acercan al instituto por las calles cercanas. Algunos parecen de mi edad, pero otros son supermayores. La mayoría llega caminando, como yo, pero también hay gente con patinetes y con bicis. ¡PARECE UNA PELÍCULA!

¡ME ENCANTA EL NUEVO INSTI!

De repente, pienso que sería la situación ideal para hacer un flashmob. Veréis: el baile es mi pasión y siempre estoy imaginando coreografías. ¡NO PUEDO EVITARLO!

Estoy planeando los pasos mentalmente, cuando unos chavales más o menos de mi edad me devuelven de golpe a la realidad. Uf, qué escandalosos. Se ríen a carcajadas y llaman mucho la atención, como si fueran los dueños del mundo.

Vale, los «notas» del curso, identificados.

Paso de mirarlos, porque no quiero que piensen que me impresionan, pero de repente oigo una voz que... ¡HALA, PERO SI ES JORGE, UN CHICO QUE VERANEA EN LA MISMA URBANIZACIÓN QUE YO! Os lo juro, es el chaval más crío y más pesado que he conocido en la vida. ¡Y VA CON EL GRUPO DE LOS «NOTAS»! Claro, no me extraña nada de nada. Qué mala pata, para un chico que conozco y tenía que caerme mal. No, fatal.

No me gusta nada el nuevo insti.

Empiezo a andar más despacio para que no me vea, taaaan despacio que parece que ande hacia atrás. Y seguramente lo estoy haciendo, porque una pobre chica acaba de chocar conmigo.

—Perdona —le digo a toda prisa.

—No, no, perdona tú. Es que estaba despistada buscando a mis amigas y no te he visto. ¿A qué curso vas? Me llamo Lucía. Estoy supernerviosa, ¿tú no? Por cierto, llevas un top muy chulo. Yo tenía uno muy parecido el verano pasado, pero se me destiñó —me suelta de un tirón.

—Gracias. Yo soy Lola —le digo cuando para a respirar.

—¡EH, MIRA, ALLÍ ESTÁN MIS AMIGAS! Encantada, Lola, nos vemos por ahí —se despide antes de salir disparada.

Lucía me deja sola con un palmo de narices. Qué suerte tiene de reencontrarse con sus compañeras. Miro cómo se abrazan y se plantan besos en las mejillas, y sí, vale, siento una pizca de envidia. Las tres son muy monas y parecen superfelices. Por un momento me recuerdan a mis amigas de toda la vida.

Las primeras horas pasan volando. Tan deprisa que empiezo a estar un poco mareada. Los profes entran en el aula, se presentan, nos cuentan en qué consistirá la asignatura y se van. Yo escribo a toda pastilla para no olvidarme de nada.

Lo mejor: vamos a hacer un montón de proyectos chulos.

Lo peor: todos insisten en lo mucho que tendremos que trabajar.

Hay tanto que asimilar que ni siquiera me da tiempo a recordar que soy nueva.

De repente empieza a sonar una canción supermegaguay por megafonía.

¡SÍ, SÍ, COMO LO OÍS! En este cole señalan los cambios de clase con música, en lugar del típico timbre. Y nada de un muermazo de música, no: los top ten de las listas del momento. ¿Verdad que es una pasada?

Es la hora del recreo ¡POR FIN! La clase al completo cierra los libros y se levanta a toda prisa. A los mayores los dejan salir a la calle, pero nosotros nos tenemo

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