En busca del equilibrio

Wayne W. Dyer

Fragmento

1

Una infinidad de bosques duermen en los sueños de una bellota. (Equilibrar los sueños con los hábitos.)

La auténtica imaginación no es un ensueño caprichoso, es un fuego celestial.

Ernest Holmes

El mayor logro fue primero y durante un tiempo un sueño. El roble duerme en la bellota; el pájaro duerme en el huevo, y en la visión más elevada del alma, un ángel despierto se agita. Los sueños son los retoños de las realidades...

James Allen

Uno de los mayores desequilibrios de la vida es la disparidad entre su existencia diaria, con sus rutinas y hábitos, y el sueño que lleva en su interior de tener una vida extraordinariamente satisfactoria. En la cita que inicia este capítulo, James Allen explica a través de la poesía que el sueño es el reino mágico del que emerge la vida recién creada. En el interior de cada individuo existe una capacidad ilimitada para la creación, lo que Allen llama un ángel despierto, que está deseosa de plantar semillas para llenar sus sueños y su destino. No pude resistirme a incluir la cita de Ernest Holmes que describe esa imaginación dinámica como «fuego celestial». Ambas son invitaciones y recordatorios de que necesita atender ese fuego continuo, el sueño que lleva en su interior, si para usted es importante vivir una existencia equilibrada.

Cómo aparece ese desequilibrio en su vida

Esa ausencia de equilibrio entre sueños y hábitos puede ser muy sutil. No se revela necesariamente en los síntomas obvios de acidez de estómago, depresión, enfermedad o ansiedad; es algo que se experimenta más a menudo como un constante compañero no deseado, que continuamente le susurra que está ignorando algo. Existe una tarea o experiencia frecuentemente no identificada que para usted forma parte de su existencia. Puede parecer intangible, pero usted siente el anhelo de ser lo que quería ser. Siente que hay una agenda oculta; su forma de vida y su razón de vivir están desequilibradas. Hasta que preste atención a ese desequilibrio, ese visitante sutil seguirá pinchándolo para que recupere su equilibrio.

Piense en una balanza con un platillo abajo y el otro arriba, como un balancín con un niño obeso en un extremo y uno flaco en el otro. En ese caso, el extremo pesado que desequilibra la balanza es el niño con sobrepeso que representa el comportamiento diario: el trabajo que realiza, el lugar donde vive, la gente con la que interactúa, su situación geográfica, los libros que lee, las películas que ve, y las conversaciones que llenan su vida. Ninguna de esas cosas son necesariamente malas. El desequilibrio existe porque estas últimas no son saludables para su vida: sencillamente no se ajustan a lo que usted se había imaginado que sería. Cuando algo no es saludable, no es bueno, y en cierto modo usted lo siente así. Quizá le resulte conveniente cuando vive una vida basada en las apariencias, pero el peso de su insatisfacción crea un enorme desequilibrio en la única vida que posee en este momento.

Está perplejo con la omnipresente y molesta sensación de insatisfacción que no elimina, una sensación de vacío en la boca del estómago. Aparece cuando está profundamente dormido y sus sueños están repletos de recordatorios de lo que le habría gustado ser, pero se despierta y de nuevo se empeña en aferrarse a su rutina que le aporta seguridad. Sus sueños también exigen su atención en la vida de vigilia cuando se muestra petulante y discute con los demás, porque en realidad está tan frustrado consigo mismo que intenta aliviar esa presión expulsando su ira. El desequilibrio se disfraza de frustración con su estilo de vida actual. Si se permite pensar en ese «fuego celestial», entonces racionaliza su statu quo con explicaciones y divagaciones mentales que, en el fondo, sabe que no son más que excusas porque no cree tener las herramientas necesarias para conseguir ese equilibrio.

Es posible que llegue un momento en el que cada vez sea más duro consigo mismo y recurra a la medicación y a otros tratamientos para esa sensación de incapacidad y la llamada depresión.

Probablemente se sentirá más y más airado, con constantes cambios de humor, con alteraciones menores, como resfriados, dolores de cabeza e insomnio, y más a menudo. Cuanto más tiempo transcurra en ese estado de desequilibrio, menos entusiasmo experimentará por su monótona vida. El trabajo se vuelve más rutinario; es usted menos emprendedor y los objetivos se reducen. Esta depre empieza a afectar a su comportamiento con su familia y con aquellas personas que ama. Se altera con facilidad, y provoca a los demás sin razón aparente. Si es capaz de ser sincero consigo mismo, reconocerá que su irritabilidad surge del desequilibrio con el gran sueño que siempre ha tenido, y que en este momento parece que se le escape.

Cuando emergen esos síntomas sutiles, es crucial explorar el tipo de energía que está usted aportando a la balanza para crear equilibrio, o en este caso, desequilibrio. El peso de la angustia está anulando su razón de ser, pero usted es el único que puede reequilibrar la balanza de su vida. A continuación le ofrecemos algunas herramientas para ayudarle a recuperar una vida equilibrada. Empezaremos por reconocer de qué forma se está saboteando.

Energía mental que imposibilita la manifestación de sus sueños

Su deseo de ser y vivir con grandeza forma parte de su energía espiritual. Para crear equilibrio en ese aspecto de su vida, debe usar la energía de sus pensamientos para armonizar con lo que desea. Su energía mental atrae lo que usted piensa. Los pensamientos que homenajean la frustración atraerán frustración. Cuando dice o piensa algo como «No puedo hacer nada, mi vida está fuera de control y estoy atrapado», eso es lo que atraerá: es decir, ¡resistencia a sus mayores deseos! Cada pensamiento de frustración supone comprar un billete para más frustración. Cada pensamiento que le diga que está atrapado y que usted acepte es pedir al universo que le envíe más de ese pegamento para permanecer pegado.

La herramienta más importante para estar equilibrado es saber que usted y solo usted es responsable del desequilibrio entre lo que sueña que debe ser su vida, y los hábitos diarios que alejan su existencia de ese sueño. Puede crear una nueva alineación con su energía mental e instruir al Universo para que le envíe oportunidades para corregir ese desequilibrio. Cuando lo haga, descubrirá que el mundo de la realidad tiene sus límites, pero no es así el de su imaginación, que carece de ellos. De esta imaginación sin límites nace la plántula de una realidad que ha estado pidiendo a gritos que se le devuelva a su entorno equilibrado.

Recuperar el equilibrio

El objetivo de ese principio es crear un equilibrio entre sueños y hábitos. La mejor forma de empezar es reconociendo los signos de su comportamiento habitual; después debe cambiar su forma de pensar para que esté en equilibrio con sus sueños. ¿Cuáles son sus sueños, entonces? ¿Qué vive en su interior que nunca ha desaparecido? ¿Qué luz nocturna sigue brillando, aunque solo se trate de un destello, en sus pensamientos y sueños? Sea lo que sea, por absurdo que pueda resultar a los demás, si desea restaurar el equilibrio entre sus sueños y sus hábitos, necesita realizar un cambio en la energía que está contribuyendo a sus sueños. Si está desequilibrado, es fundamentalmente porque ha permitido que, debido a la energía que invierte en sus hábitos, estos definan su vida. Esos hábitos, y las consecuencias de los mismos, son el resultado de esa ener

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