Vivir con arte

Joaquín Sánchez

Fragmento

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La vida

es actitud

La actitud ante la vida depende de ti: está en tus manos cómo te lo tomas. A mí, como a todo el mundo, me han pasado cosas malas. No porque sea un deportista de élite y tenga la vida más o menos resuelta, significa que me libro de los malos momentos. Hay gente que se piensa que el dolor solo es para ellos, ¡y no! La única diferencia entre unos y otros es cómo hacemos frente a los retos de la vida.

Todos tenemos algo en común: vivimos lo bueno, lo malo, lo peor y lo mejor. A todos nos toca luchar para conseguir lo mejor, sin dejar de disfrutar lo bueno; esforzándonos para pasar lo malo y superar lo peor. Porque de lo más bajo puedes subir a lo más alto… o al revés. Y el secreto de una buena vida siempre está en el mismo lugar: en tu cabeza, ¡y en tus manos!

La mentalidad y actitud es lo más importante. Con la edad que tengo, soy el más mayor de mi equipo. Eso me podría amargar, ¿no? Pues no: soy el primero en hacer bromas sobre mis achaques de la edad, o que los más jóvenes me dan mil vueltas corriendo. Eso sí, serán más rápidos, pero yo el campo me lo sigo comiendo como si estuviera haciendo las pruebas físicas para volver a jugar en el Betis por primera vez.

El único secreto es disfrutar del presente y trabajar para el futuro.

No importa si juegas al fútbol o al dominó, si eres peluquero o enfermera: tienes en tus manos el poder de reírte, de disfrutar y de vivir con arte.

Un cambio de actitud

te puede cambiar la vida

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HULIO como

filosofía de vida

Hay gente que va por el mundo siempre pensando que va a pasar lo peor, menudos cenizos, ¿no? Más vale no tenerlos muy cerca… Se toman las cosas tan en serio que tienen miedo incluso a lo que no ha sucedido, se adelantan al futuro como si fuesen adivinos. A todos nos gustaría tenerlo todo bajo control, que nada salga mal, sin equivocaciones, pero...

Créeme: no hay ningún error tan grave como el quedarse parado por miedo a equivocarse, cuando tienes el balón es para jugarlo no para tener miedo. A veces, por culpa de tomarnos demasiado en serio las cosas, desarrollamos un sentimiento de vergüenza que nos impide ser nosotros mismos. Todo el día preocupados por el qué dirán los demás, qué va a pensar Menganito, qué va a opinar Fulanita... Pisha, ¡pero si a la gente le da igual! Te lo voy a decir muy claro: no somos tan importantes, y prueba de ello es que el mundo sigue girando hagas lo que hagas. Si te equivocas, no es el fin del mundo, solo una anécdota más. Piensa que los virales de caídas más famosos de internet solo duran unos días, ¡después ni te acuerdas! En cambio, no hacer nada por temor a equivocarte es un error de por vida.

Hace algunas temporadas tuve la gran suerte de poder llevar mi fútbol a otro gran país: Italia. ¡Qué bella que es! Si no has tenido la oportunidad de visitarla, te recomiendo que lo hagas en cuanto puedas. Fiché por la Fiorentina, de la ciudad de Florencia. Uno de los equipos más emblemáticos del Calcio, la liga italiana. Pues bien, si el fútbol es algo que se me da bien, aprender idiomas en poco tiempo no es lo mío. Vamos, que se me da fatal.

Pero ¿acaso me importó eso para poder trabajar allí? ¡En absoluto! Seguro que era capaz de hacerme entender enseguida. Y así fue: yo los entendía, y ellos me entendían… a medias. Hasta que después de un partido, con todo el cansancio del mundo, un periodista deportivo me hizo varias preguntas en italiano, sobrentendiendo que yo ya lo hablaba perfectamente. ¿Cuál fue mi reacción? Pues responderle perfectamente en italiano… Pero un italiano muy muy muy parecido al español. ¡Ole yo! Si buscas el vídeo en Youtube, podrás comprobar con tus propios ojos que con la risilla que se me escapaba iba transformando lentamente un tímido intento de chapurrear italiano en un nuevo idioma: el español con acento de Italia.

No saber el idioma podría haberme bloqueado, o incluso hecho que no me atreviese a trabajar en Italia. Pero piénsalo: ¿cuál era la opción? ¿Quedarme en mi casa sin jugar en Italia por no tener ni idea de italiano? ¿No contestar al periodista por miedo a equivocarme?

Yo salí hablando italiano inventado en la televisión de otro país, sin tener la más mínima vergüenza. La gente se rio mucho conmigo y al poco tiempo ya estaba todo olvidado. Bueno, aunque a algún periodista le gusta sacármelo en alguna entrevista de vez en cuando. No pasó absolutamente nada grave… ¡a no ser que se considere grave el tener dolor de barriga de tanto reír! Lo mismo me pasó en un programa de deportes de la televisión de España. Cuando me preguntaron por cuál era mi mayor hobby me quedé en blanco. No tenía ninguna respuesta en ese momento y decidí improvisar. «El tenis», contesté. Al otro lado de la cámara mi amigo Julio Baptista no podía aguantarse la risa. Él sabía perfectamente que yo no había jugado ni un partido de tenis en toda mi vida y que me lo estaba inventando para salir del paso. Y de ahí salió, entre risas, la famosa frase: «No sé ni coger una raqueta, Hulio».

Vivir no va tan en serio, así que lánzate, Hulio. ¿Qué puede salir tan mal? Puede ser que aciertes o puede ser que te equivoques. ¿En serio crees que hay tanta diferencia? Solo que si te quedas parado por miedo, lo único que significará es que estás embalsamado en vida. ¡No te equivocarás, pero porque no vivirás! Eso sí que sería un fracaso muy serio… En cambio, ¡no hay mejores risas que las de las pifias! Y de eso sé un rato, créeme…

Coge la raqueta, la pelota

o tu cabeza… ¡Y lánzate!

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el desparpajo

Siempre lo he tenido clarísimo. Incluso desde que era un crío: lo que más me caracteriza es el desparpajo. Siempre he sido igual: tanto para lo bueno como para lo no tan bueno, el desparpajo me ha acompañado siempre. ¡Forma parte de mi ADN!

Cada uno tiene su punto fuerte, aquello que lo caracteriza, que es su arte. El desparpajo forma parte de mí, así que desde siempre que lo he usado y disfrutado. Tengo una sonrisa de pícaro que si la junto con una buena coña, consigo alegrarle el día a cualquiera. Por eso tienes que preguntarte ahora mismo: ¿qué es lo que te hace ser tú?

Parece una pregunta fácil, pero si te pones a pensar te va a costar dar con una respuesta que te guste a la primera. Esa pregunta, si te la haces en serio, te va a poner en duda. Te daré más pist

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