El camino del sexo

Francesca Gnecchi

Fragmento

INTRODUCCIÓN
*

Suele decirse que la principal disfunción sexual de las mujeres es la falta de deseo. Pero ¿de verdad no deseamos? Y si fuese así, ¿alguien se detuvo a pensar en las razones? ¿No sentir deseo sexual es un problema? ¿Para quién? ¿Y si en realidad no es que no deseamos, sino que nuestra libido está puesta en otro lado? A las mujeres se nos cuestiona el deseo y la falta de deseo, según el caso. ¿Qué nos pasa, realmente, cuando decimos o nos dicen que perdimos el deseo? ¿Acaso se nos quiere patologizar?

La (falta de) educación sexual, los mensajes que recibimos y los pequeños y grandes traumas que sufrimos a lo largo de nuestra vida influyen directamente en la forma de vivir la sexualidad. Es muy probable, incluso, que la falta de información haya hecho que durante años creyeras que el deseo llegaba por arte de magia, que de un momento al otro podías estar en llamas cuando en realidad tu cuerpo no funciona así.

La mayoría de las disfunciones sexuales están relacionadas con temas psicológicos, emocionales, no físicos. En condiciones físicas normales, la falta de deseo se puede atribuir al estrés, la angustia, la depresión, a los problemas de pareja, a la falta de comunicación, la poca autoestima, el cansancio, algún medicamento, el dolor durante los encuentros o la escasa información, entre muchos otros factores. Y es un problema solo si sentís que te está afectando. Pero las presiones sociales y los mandatos hacen que terminemos buscando soluciones exprés cuando en realidad debemos hacer un camino más largo y de mucho aprendizaje sobre nosotras mismas y sobre nuestro cuerpo.

Ante el deseo sexual y la falta de una respuesta física esperada, las personas con pene cuentan con su pastilla azul —también hay de otros colores— para conseguir una erección. Erección necesaria para seguir viviendo una sexualidad coitocéntrica que no encuentra todavía otras formas de disfrute. Y un día llegó también la pastilla —obvio— rosa, que se suponía venía a resolver la mayor disfunción de las personas con vulva: la falta de ganas. Pero claro: no dio los resultados esperados, porque el deseo es un camino mucho más complejo que una respuesta fisiológica.

Los laboratorios invirtieron (o mejor dicho, ¡gastaron!) cientos y cientos de millones de dólares en buscar una receta mágica para que nuestro cuerpo se encienda. Pero no somos máquinas, nuestro cuerpo es mucho más complejo y en la falta de deseo entran en juego muchas causas. Algunas veces sentimos que no encajamos en el ideal de belleza, que para desear primero tenemos que bajar de peso, eliminar la celulitis, borrar las arrugas, hacernos la depilación definitiva, gastar tiempo y dinero para recibir la aprobación del ojo ajeno y así tener la autoestima por los cielos. Para tener deseo sexual, además, debemos tapar los pequeños y grandes traumas por los que pasamos todas; que sufrí yo, vos y todas las nuestras. Esas vivencias que están en la mochila que llevamos a la cama y que se supone que debemos hacer desaparecer para que mágicamente empiece la acción.

Sé que el camino que debemos recorrer es mucho más arduo que el de comprar una pastilla, pero vale la pena. Vale la pena por nosotras, por las que vendrán y por las que hicieron tanto esfuerzo para que hoy podamos escribir una nueva historia.

En este libro vamos a buscar apropiarnos del deseo y no será para satisfacer al otro ni para cumplir con la supuesta frecuencia sexual ideal. No será para colgarnos un cartel de loba sexual ni para no ser tildadas de frígidas. La apropiación del deseo es pura y exclusivamente por y para vos, por y para las mujeres cis, las trans, las lesbianas, las disidencias. Porque la sexualidad es primero con vos.

En este Camino del Sexo te invito a que le saquemos el peso al deseo y a que vayamos liberándonos de a poco y así explorar otras rutas. Te invito a hacer conmigo un camino de ocho estaciones que van desde el conocimiento de nuestros genitales hasta las diferentes formas que tenemos de encontrar el deseo, pasando por la comprensión de nuestra propia respuesta sexual, que no es igual en todas las personas y en todo momento de la vida. Y como no somos todas iguales, usaré a lo largo de este Camino un lenguaje que nos incluya a todas las personas con vulva: muchas nos definimos como “mujeres”, pero el menú es más amplio.

Vamos a reflexionar sobre cómo nuestra historia, los mandatos, los abusos, la desigualdad y las presiones cotidianas inciden en nuestra vida sexual. Avanzaremos por una ruta en la que analizaremos minuciosamente todo lo que nos pasó, para que luego de transitarla puedas despertar, ser consciente, y vaciar tu mochila de todas las cosas que ya no sirven, para dejar lugar a nuevos aprendizajes.

Así que, si estás preparada y tan emocionada como yo, emprendamos este camino de transformación. Agarrate fuerte porque, como todo viaje, el Camino del Sexo te puede sacudir. Y también a los y las que te rodean.

Recordá que una mujer deseante todavía provoca recelo y que una independiente, consciente y con los ojos bien abiertos aún es considerada un peligro.

SOMOS MUJERES DESEANTES, Sí, PERO NO SOLO DE SEXO.

¿Y SI DESEAMOS...

a otra mujer?

ser libres sin culpa?

indagar en otras prácticas?

pero no a la persona que tenemos al lado?

no tener pareja?

sexo sin genitalidad?

encuentros sin presiones?

algunas noches de caricias y otras de sexo desenfrenado?

decidir sobre nuestro cuerpo?

dejar de elegir entre ser pasivas o dominantes?

encuentros sin presiones?

pero no ser penetradas?

vivir una vida sin sexo?

LA MOCHILA

Después de una larga espera en el aeropuerto, escucho el llamado de mi vuelo, es el 308 con destino a Indonesia. Llevo solo una mochila, voy ligera; la temperatura suele rondar entre los 30 y 35 grados, por lo que estoy segura de que no voy a necesitar abrigo. Acomodo mis bártulos y me siento junto a la ventanilla, el aire acondicionado del avión está tan fuerte que me obliga a tomar la manta que se ofrece envuelta en plástico sobre el asiento. No termino de acomodarme que ya estoy buscando una película para ver.

La mujer que ocupa la butaca a mi lado tendrá unos 35, 40 años. De facciones asiáticas, tiene el cuerpo cubierto de tatuajes y una hermosa dentadura. N

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