Diario de a bordo

Christian Duverger

Fragmento

Diario de abordo

EL MANUSCRITO PERDIDO

Documento de índole excepcional, el Diario de a bordo de Cristóbal Colón se encuentra perdido. Desapareció en el transcurso del siglo XVI sin jamás volver a la luz. Por suerte, conocemos la historia de su desaparición, una historia que sabe a leyenda y alimenta el misterio que gira alrededor del Descubridor.

Durante su primer viaje a “las Indias”, día tras día, Colón redacta un libro de bitácora. A veces lo escribe él mismo, de su puño y letra; a veces dicta su contenido a un secretario. Es un pedido específico de los Reyes Católicos, que desean una prueba incontestable de que el viaje del descubrimiento se llevó a cabo.

A su regreso a España, Colón lleva su bitácora a Barcelona, donde se reúne con los soberanos. El Descubridor, confirmado en sus títulos de Almirante, Virrey y Gobernador de las Islas descubiertas, entrega su Diario de a bordo al rey Fernando de Aragón. Para Colón, es un préstamo; pero el rey ya está determinado a conservarlo de manera definitiva. Encomienda a dos escribanos elaborar una copia del importantísimo documento: a uno le proporciona la mitad, al segundo le encarga la otra parte. Oficialmente es para ganar tiempo y obtener la copia a la mayor brevedad posible; en realidad es para proteger la confidencialidad del contenido y evitar una difusión sin control. Pasan unos meses; Colón quiere recuperar su Diario original. Los reyes dilatan su respuesta. Finalmente, lo que va recibir el Almirante pocos días antes de su segundo viaje es la copia hecha por los dos amanuenses, conocida como “copia a dos manos”. Lo sabemos por la carta que le envió la reina, escrita en septiembre de 1493, a manera de excusa: “Va de dos letras según veréis”, dice Isabel. Agrega: “Ha tardado tanto porque se escribiese secretamente, para que éstos que están aquí de Portugal ni otro alguno no supiese dello”. Nunca, en lo que le restará de vida, podrá el Almirante recuperar su original.

A la muerte de Colón, en 1506, el manuscrito a dos manos pasa a ser propiedad de su hijo Diego. A la muerte de éste, veinte años después, la copia del Diario cae en manos de su medio hermano, Hernando. Gran erudito, radicando a la sazón en Sevilla, dedicado de lleno a la creación de una imponente biblioteca, Hernando decide por razones desconocidas escribir una biografía de su padre. La inicia en 1536 y la acaba tres años después; pero no tiene tiempo de publicarla antes de su muerte, que ocurre en julio de 1539. Tenía 51 años. Para escribir su libro, aprovechó la copia a dos manos del Diario: el relato del primer viaje ocupa 26 capítulos de su obra. Pero el manuscrito de dicha biografía desapareció inmediatamente después de su muerte. No figura en el inventario de la biblioteca de Hernando, que llegó por disposición testamentaria al cabildo de la catedral de Sevilla tras un largo pleito. Los 17,000 volúmenes reunidos por el hijo menor del Almirante constituyen hoy la magnífica Biblioteca Colombina, todavía al cuidado del cabildo de la catedral de Sevilla; pero nada se sabe del paradero del manuscrito original de Hernando Colón. Agreguemos que tampoco se sabe nada de la copia a dos manos del Diario.

Por suerte, en 1571 se publicó en Venecia una traducción de la obra de Hernando Colón, bajo el título Historie del S. D. Fernando Colombo. Nelle quali s’ha particolare, & vera relatione della vita, & de’ fatti dell’ Ammiraglio D. Christoforo Colombo, suo padre: Et dello scoprimento, ch’egli fece dell’ Indie Occidentali, dette Mondo Nuovo, hora possedute dal Sereniss. Re Catolico: Nuovamente di lingua Spagnuola tradotte nell’Italiana dal S. Alonso Ulloa.

Es el único documento que nos permite conocer el contenido de la obra de Hernando. Así, el texto español con el que hoy contamos es necesariamente una traducción de la traducción, lo que pudiera originar cierta distorsión. Existen dos traducciones al castellano: la inicial de Andrés González de Barcía, publicada de manera póstuma en Madrid en 1749, seis años después de su muerte, y la de Manuel Serrano y Sanz, también madrileña, publicada en 1932. La primera es más literaria; la segunda, más literal. En su edición de 1947, Ramón Iglesia utilizó la última, a la que agregó correcciones incidentales, a menudo elegantes. La base del texto aquí presentado corresponde a la versión literal de Serrano y Sanz, toda vez que la encontré fiel, confrontándola con el texto veneciano impreso en 1571. Revisé con cuidado este último, donde pude identificar algunos errores tipográficos que oscurecen la lectura de ciertas páginas. En algunas ocasiones traduje directamente del italiano; en muchas otras, la Historia de las Indias de fray Bartolomé de las Casas me ha permitido elucidar pasajes oscuros en la traducción italiana de Alonso de Ulloa.

EL PAPEL DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Después de la muerte de los dos hijos del Almirante, Diego y Hernando, aparece en el escenario colombino un personaje extraño, a la vez sobresaliente y oscuro: el padre Bartolomé de las Casas. Conocido como defensor de los indios, el obispo de Chiapas se dedicó, al final de su vida, a redactar la historia de las Indias, a su manera, polémica y antiespañola. Denunció la violencia de la Conquista, la esclavitud, los malos tratos infligidos a los nativos, el acaparamiento de las tierras y la destrucción de las culturas autóctonas. Así, mucho podría sorprender al lector de hoy el papel prominente que el fraile dominico le confiere a Colón en su monumental Historia de las Indias. El cronista ha reunido sobre el Almirante una voluminosa documentación que califica su obra como la principal fuente de conocimiento sobre Colón. Existe una lógica intrínseca a esta insistencia: Colón es el Descubridor y su actuación da inicio al proceso de conquista de América. Pero nuestra curiosidad genera dos preguntas: ¿cómo explicar que Las Casas tuviera acceso a información relacionada con la vida de Colón, dado que el mismo Almirante conservó el máximo secreto sobre su origen, su formación, su intimidad con la reina Isabel, hasta sobre sus cuatro viajes, sobre los cuales estamos muy mal documentados? ¿Y por qué Las Casas, usualmente viperino con los conquistadores, escribió una relación tan llana, casi admirativa, de las aventuras colombinas, sin tomar la menor distancia, sin formular la menor crítica?

Al misterio Colón se añade el misterio Las Casas. El punto que ahora nos interesa revisar es el vínculo entre las familias del Almirante y el obispo de Chiapas: el padre del cronista participó en el segundo viaje de Colón y Las Casas siempre mantuvo una cercana relación con la esposa de Diego, el segundo almirante. Así, el dominico aparece como un archivista bastante confiable del clan Colón. Lo cierto es que él dispuso del Diario de a bordo para escribir su Historia de las Indias. En realidad, de la pluma de Las Casas poseemos dos versiones del cuaderno de bitácora del primer viaje: una versión l

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