Las traiciones de Perón

Hugo Gambini

Fragmento

Corporativa

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Penguin Random House

Este libro está dedicado a la memoria de las miles de personas que pasaron por las cárceles y comisarías del peronismo (incluyendo a peronistas), muchas de ellas torturadas, otras asesinadas, casi todas olvidadas por la historia.

Prólogo

Atravesar la biografía de Perón siguiendo el hilo de sus traiciones es un recorrido que a muchos puede resultarles perturbador. Para nosotros, obedece a la necesidad de narrar aquello que está oculto porque nadie se anima a descubrirlo. Atreverse a revisar lo siniestro del poder peronista, proyectado por su máximo líder, es un desafío frente a la fantasía política y los símbolos engañosos. También es un modo de desmitificar el uso de la palabra “traición” en manos del peronismo original, que sirvió para justificar el autoritarismo, la cárcel y la tortura. Investigando, advertimos que los crímenes de Perón no tenían nombre, porque nadie se atrevía a mencionarlos. La obra se inicia con la cronología del ascenso de Perón, continúa con capítulos temáticos, dedicados a sus dos primeros gobiernos, y luego retoma la línea de tiempo del exilio, el regreso y la herencia del líder.

Este libro se propone narrar los engaños reveladores de la vida de una persona y de la vida política de un movimiento que pretendió abarcarlo todo, primero como nación en armas (la doctrina militar del caudillo) y luego como estado sindical corporativo, con masas unificadas bajo una mística oficial. A partir del manejo de los recursos del país, Perón se convirtió en el líder con más atribuciones que cualquier otro presidente hasta entonces, según él mismo se definió. Llegó un momento en que a él se subordinaban desde los jueces de la nación hasta los maestros de las escuelas, que eran obligados a sembrar su doctrina.

El peronismo no inventó el fascismo criollo, que ya tenía adeptos en el Río de la Plata. Pero muchos observadores de países como Brasil y Chile lo consideraron la expresión de ese fenómeno en Sudamérica, con una faceta usuraria por explotar las necesidades de los vecinos, usando el cereal como elemento extorsivo en tiempos de hambre. Perón se ganó el rechazo de los dirigentes democráticos de América Latina y por eso, cuando fue derrocado, no logró asilo firme en ninguna nación que no estuviera gobernada por un dictador.

En el plano interno, el proyecto de Perón surgió de un golpe militar en 1943, utilizó las formas de la democracia en 1946, construyó una escena ficticia de felicidad social, y detrás de ella causó más víctimas fatales en la clase obrera que varias dictaduras, como demostramos en Crímenes y mentiras. Las prácticas oscuras de Perón (Sudamericana, 2017). Aunque la aplicación de su doctrina fue cambiante, Perón mantuvo las promesas de justicia social en el centro de su discurso, y palabras como lealtad y traición son parte del vocabulario peronista. Para ver qué hay detrás de ellas, debemos bucear un poco en los orígenes.

Perón conocía el mundo de la conspiración desde el golpe de 1930, experiencia que le fue útil en la toma del poder en 1943 (luego de servir esos años al régimen oligárquico). Entonces, además de mentirles a los sectores democráticos con la promesa de sanear las instituciones, engañó a su círculo militar íntimo, que fue barrido de escena cuando cuestionó su ambición personal y objetó imposiciones como la traicionera delación entre pares, que violaba códigos de honor y lealtad. Perón creía que no alcanzaba con tomar el poder: había que construirlo, y para ello explotó la inteligencia militar, la inserción sindical y la comunicación popular.

Aunque sembró flores en todos los campos, adulando a imperialistas y a nacionalistas, a nazis y a judíos, a obreros y a empresarios, a radicales y a conservadores, la marca de origen era la conspiración militar, que condujo al golpe de 1930, y la admiración sincera por el fascismo, que lo entusiasmó cuando fue enviado a Europa en 1939, mientras se prefiguraba el estallido de una nueva Guerra (Alemania ya se había anexado Austria y ocupado Checoslovaquia). Perón dijo que Mussolini era un artista, y él mismo vio al peronismo como una obra de arte. Acaso lo fuera, en el sentido escenográfico.

Jorge Luis Borges decía que hay una historia del peronismo de índole criminal (torturas

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