La re-evolución hormonal

Dra. Sandra Fernández
Dra. Florencia Giecco

Fragmento

Prólogo

PRÓLOGO

Durante demasiadas décadas, la salud de las mujeres se pensó desde la periferia, la lejanía y la mirada masculina. Nuestros cuerpos fueron considerados “variaciones” del patrón masculino; nuestros ciclos, un estorbo para el laboratorio; nuestros síntomas, un ruido que había que silenciar. ¿Ejemplos? El dolor menstrual normalizado como “parte de ser mujer”. Años de demora para diagnosticar endometriosis o síndrome de ovario poliquístico (SOP). Infartos que se pasan por alto porque “no duelen como en los libros”. La perimenopausia reducida a un chiste sobre “hormonas locas”. Ensayos clínicos diseñados sin contemplar el ciclo menstrual, recomendaciones de entrenamiento y nutrición que nos suponen lineales, anticonceptivos indicados como solución universal sin indagar causas, y una cultura que exige productividad constante, aun cuando el cuerpo pide pausa. También prácticas poco saludables que nos enseñaron a aceptar: realizar dietas restrictivas que maltratan, sobreentrenar para encajar en una talla, medicalizar sin escucha, negar el descanso, acallar el deseo y patologizar la emoción.

En ese paisaje, hacerse preguntas propias es un acto revolucionario y honesto.

Este libro, escrito por las doctoras Florencia Giecco y Sandra Fernández, llega para cambiar la conversación. No lo hace con eslóganes ni promesas rápidas, sino con algo más valioso: una mirada integrativa y sensible que trenza la ciencia actual con el ayurveda, y que reconoce que la fisiología se expresa en una biografía, que cada persona es única. Aquí el síntoma no se combate a ciegas; se interpreta. Aquí el cuerpo no es un problema por corregir; es una trama viva que puede comprenderse, acompañarse y honrarse.

Lo que más admiro de su enfoque es la combinación de rigor y humanidad. Hay protocolos claros, eficientes y prácticos, sí; pero nacen de una escucha fina y de un marco que contempla hábitos, ritmos circadianos, alimentación, movimiento, descanso, vínculos, historia personal y contexto. No buscan atajos ni fórmulas mágicas: nos devuelven el timón con información comprensible y herramientas que invitan a trasladarse de la queja a la acción. Para pasar del padecimiento “porque me toca ser mujer” a aprender a leer el cuerpo, tomar decisiones con criterio y construir, paso a paso, el bienestar que necesitamos.

Integrar ciencia y ayurveda no es un gesto estético, es una ética del cuidado. Es aceptar que el conocimiento se potencia cuando dialoga lo medible con lo experiencial, lo cuantitativo con lo cualitativo, el dato bioquímico con la sabiduría de los ritmos. Es recordar que somos cíclicas y que esa ciclicidad no nos limita: nos empodera. En lugar de exigirnos un rendimiento uniforme los 28-30 días del mes o idénticas respuestas a los 20, 40 o 60 años, se nos propone ajustar la vela al viento de cada etapa. Ese es, quizá, el acto más revolucionario: modelar la vida respetando nuestra biología, y no al revés.

Este texto también es una invitación a conocernos más. En el sistema convencional, pocas veces alguien nos detiene para preguntarnos: ¿cómo dormís?, ¿qué te emociona?, ¿qué te duele?, ¿qué te enoja?, ¿dónde te apurás?, ¿cómo son tus días? Florencia Giecco y Sandra Fernández sí lo hacen. Nos recuerdan que el registro —de lo que comemos, de cómo nos movemos, de cómo respiramos, de qué pensamos, de cuánto descansamos— no es obsesión: es alfabetización corporal. Sin ese alfabeto, todo se vuelve ensayo y error eterno; con él, los cambios adquieren dirección.

Como farmacéutica y fitoterapeuta, sé que la evidencia importa. También sé que, sin contexto, la evidencia queda muda. Por eso celebro la forma en que este libro baja a tierra el conocimiento: ordenar las comidas no por moda, sino por impacto metabólico; mover el cuerpo no para castigarlo, sino para fortalecerlo; acompañar el sistema nervioso para que la mente pueda elegir mejor; construir un botiquín que acompañe procesos, no que tape señales. Se trata de decisiones pequeñas y sostenibles que, acumuladas, se vuelven destino.

A las mujeres que abren estas páginas con cansancio, curiosidad o deseo de cambio les digo que acá hay compañía y no cualquier compañía; es la de dos profesionales médicas con mucha experiencia y una visión cien por cien integral. No están solas.

No hace falta “volver a ser la de antes”, porque no hay marcha atrás en la vida. Sí hace falta convertirse en la mujer que hoy se necesita ser: con más autoescucha, más límites sanos, más placer, más criterio. Abrazar cada etapa —menarquia, años fértiles, perimenopausia, menopausia y más allá— es un camino de libertad. No para “aguantar”, sino para desplegar potencial.

Este prólogo no es un aplauso vacío: es un respaldo a un modo de trabajar que respeto profundamente. Un modo que no te infantiliza ni te asusta, que no promete milagros ni exige perfección, que no te culpabiliza por lo que comiste o por lo que sentiste. Un modo que te trata como adulta: capaz de aprender, de ajustar, de sostener. La transformación verdadera no nace del castigo; nace de la comprensión y de la práctica coherente.

Ojalá este libro sea para vos un mapa, una linterna y un abrigo. Un mapa para orientarte en la complejidad sin perderte. Una linterna para ver con claridad lo que antes aparecía borroso. Un abrigo para acompañar los días en que el cambio pesa. Que te ayude a abrazar tus ciclos, a honrar tu cuerpo, a sacar el máximo de tu potencia para vivir con plenitud —como siempre mereciste— y a hacerlo con los pies en la tierra, la cabeza despierta y el corazón presente.

Bienvenida a la re-evolución hormonal.

FLORENCIA FASANELLA

Farmacéutica integrativa experta en fitoterapia

INTRODUCCIÓN

Nuestra re-evolución.

Este libro nace de un deseo profundo: acompañar a cada mujer que atraviesa los +40 a descubrir que esta etapa no es un final, sino un comienzo poderoso.

No es un manual, ni un recetario, ni un tratado teórico. Es una invitación.

A descubrirte. A abrazar los cambios. A escuchar tu cuerpo y honrarlo.

Aquí encontrarás herramientas, conocimientos, historias de otras mujeres como vos. Pero, sobre todo, encontrarás un espacio para redescubrirte y reinventarte.

A lo largo del libro, vas a conocer la manera en la que nos gusta (y nos sale bastante bien, creemos) comunicar: integrando el conocimiento científico actualizado con una mirada profunda, sensible y conectada con la naturaleza como primera medicina.

Algunas veces vamos a referirnos a conceptos del ayurveda, la ciencia ancestral que nos cambió la vida, pero de manera accesible para que puedas entenderla sin necesidad de tener conocimiento previo.

Este es nuestro regalo para vos.

Bienvenida a esta re-evolución vital.

Soy Flor

“Revolución” era la palabra preferida de mi papá. Él ya no está en este plano para leer este libro, y qué paradoja la vida…: jamás conocí a alguien que haya leído tantos libros como él. Lo despedí con una panza de 38 semanas, esperando a mi primer hijo. La vida y la muerte entrelazadas en un espiral infinito. Mi papá, sufriendo; mi bebé, por nacer. El dolor me paralizó. Literalmente. Al día siguiente de su muerte, la mitad de mi cara izquierda se inmovilizó. Ya no podía sonreír. Ya no iba a poder recibir a mi hijo de este lado de la piel con una sonrisa.

Puerperio y duelo. Felicidad y pérdida. ¿Podía todo coexistir? Estaba completamente perdida en mis partes rotas. De a ratos, aparecía la conciencia de que, después de la noche fría del alma, inevitablemente iba a amanecer. Y también sabía que era una decisión cómo amanecer.

Cuando sentí esos primeros rayitos de sol, tuve una certeza: vi expandir y amplificar, al siguiente nivel de profundidad, todos mis años de guiar a otras mujeres a sanar de la mano de la medicina de la tierra.

Sé lo que es sufrir. Sé lo que es no reconocerte en el espejo. Pero también sé que todo dolor —sea cual sea— puede transmutarse: cuando evolucionamos juntas, cuando lo hacemos en un círculo de mujeres, cuando sanamos todas nuestras partes (las físicas y las emocionales).

Hace unos 15 años, ya había entrado en una profunda crisis con el sistema médico hegemónico. Decidí viajar a la India para estudiar una medicina antigua que nos integra en cuerpo y alma.

Decidí (o la vida decidió por mí) ampliar mi amor por el cuidado de las infancias como pediatra a todas las mujeres que llegaban a pedirme ayuda. Mujeres invisibles para la medicina convencional, mujeres que sentían como yo el llamado de la medicina de las plantas.

Decidí alzar mi voz sin miedo, aun siendo muchas veces señalada por colegas (los mismos que años después me piden consejos para sus pacientes). Decidí estudiar mucho: realicé (y sigo realizando) carreras, posgrados y formaciones. Decidí transmitir todo eso que iba aprendiendo y, de pronto, me encontré viajando por diferentes países de Latinoamérica. Recuerdo, como si fuera hoy, esa primera vez que, llena de nervios, hablé frente a muchas personas. Enseñar es ese lugar donde siento que puedo ser yo misma: integrando a la bruja intuitiva y sensible con la académica enamorada de la ciencia y los papers.

Siempre supe que mi camino estaba en el círculo de las mujeres, acompañándolas en cada etapa de sus ciclos vitales. Me volví verdaderamente experta investigando, educando y escribiendo sobre el ciclo menstrual ovulatorio.

Empiezo a escribir este libro a 7 días de cumplir mis 40 años y, desde el año pasado, percibo cambios en mi ciclo que nunca antes había notado. Y lo abrazo con amor porque sé cómo cuidar mis hormonas en esta transición maravillosa. Porque todo lo que aprendí sobre ciclicidad se amplifica en esta etapa. Porque este es mi propio portal, y quiero invitarte a que lo atravieses conmigo.

A que te enamores del proceso.

A que descubras la sabiduría de tu cuerpo.

A que vivas tus +40 con plenitud, goce y amor.

Este libro es parte de ese viaje.

Soy San

Cuando nos convocaron a escribir este libro, mi entusiasmo, sin dudar, dijo: “Sí, re sí, re mil sí”. Cuando me senté para empezar a darle forma, se hizo presente mi parte reflexiva y me invitó a preguntarme qué significa para mí escribir un libro para mujeres +40. Cerré los ojos y respiré hondo, como siempre que necesito conectar con mi verdad interior, y reconocí dos certezas que siempre han estado conmigo.

La primera es que conozco el dolor de las mujeres desde mucho antes de ser médica. No lo aprendí en los libros ni en la universidad, sino en la vida misma. Crecí viendo a las mujeres más importantes de mi familia —mi mamá, mi tía, mi prima— atravesar procesos de enfermedad, física y psíquica. Estuve ahí, acompañándolas, sintiendo en carne propia lo que significa transitar el dolor, la incertidumbre, la fragilidad…, pero también la fuerza inmensa que surge cuando nos sostenemos unas a otras.

Tal vez fue por eso por lo que, cuando estaba en plena residencia de Clínica Médica, empezó a hacerme mucho ruido que el objetivo principal fuera “diagnosticar casos raros” aunque no hubiese mucho tratamiento para ofrecer. Mi alma gritaba otra cosa: yo quería que las personas no se enfermaran, que pudieran cuidar su salud mucho antes de llegar a un hospital. Y para lograrlo, desde mi punto de vista, la única manera es enseñarles cómo hacerlo.

Esto me llevó a reconocer mi segunda verdad: que mi vocación siempre había sido enseñar. Desde chica, mi juego preferido era “la escuela”. Mientras mis amigas jugaban a la casita, yo armaba aulas y pizarrones con lo que tenía a mano, y me convertía en maestra. Hoy entiendo que esa pasión no era un simple juego: era el reflejo de mi propósito. Todo lo que estudio y aprendo, cada proceso personal que atravieso, en el fondo tiene un mismo destino: compartirlo. Mi misión es transmitir, inspirar, guiar, ayudar a descubrir caminos y transitarlos junto a otras mujeres.

Este libro nace de esa esencia. De un deseo profundo de poner en palabras lo que viví y aprendí en la década maravillosa y desafiante de mis 40, y de ofrecerlo como una brújula para cada mujer que lo necesite.

Un recorrido compartido

Sin conocernos, y con algunos años de diferencia, habíamos recorrido caminos sorprendentemente parecidos. Las dos nos graduamos como médicas en la Universidad de Buenos Aires con diploma de honor. Y las dos decidimos trascender esa formación académica para explorar formas más sensibles de acompañar a otras. Así, nos especializamos en medicina ayurveda, la sabiduría ancestral de la India, y en fitomedicina, el arte de sanar con plantas.

Cuando finalmente la vida cruzó nuestros caminos, nos reconocimos al instante en una misma misión: ambas amamos enseñar. Y coincidimos en que enseñar no puede ni debería limitarse únicamente a transmitir información. Para nosotras, enseñar es encender una chispa, es inspirar, es caminar junto a cada mujer en su propio viaje de autodescubrimiento.

Así nació Ronda Lunar, nuestra escuela de salud natural e integrativa; un espacio que, en estos diez años de camino juntas, ya transformó la vida de más de 5000 mujeres.

Creemos en el poder inmenso que tiene cada mujer para sanar, para transformarse, para encender su propia llama. Y estamos convencidas de que esa sanación alcanza niveles increíbles cuando se hace en red, en tribu.

Cuando sana una, sanamos todas.

Respiro.

Me siento enfocada.

Puedo sentir la energía poderosa, y a la vez suave,

de cientos de mujeres comprometidas con su transformación.

Que sea magia.

Capítulo 1
ATRAVESAR EL PORTAL

No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final.

C.S. Lewis

Imaginate por un momento a Alicia, con una llave en la mano frente a una puerta cerrada, sabiendo que del otro lado la espera algo completamente nuevo, y preguntándose qué será. Cerca de nuestros 40, muchas de nosotras nos encontramos exactamente en esa misma situación: hemos llegado a un punto en el que todo lo que creíamos conocer sobre nuestro cuerpo y nuestra vida comienza a transformarse. Y nos damos cuenta de que nadie nos explicó qué significa estar acá, ni qué va a suceder de ahora en más.

Los cambios llegan de manera diferente para cada una de nosotras. Y eso está bien. Algunos son sutiles, como una sensación de cansancio persistente. Otros son más evidentes: insomnio, ciclos menstruales irregulares, un deseo sexual que fluctúa. Y, aunque lo nuevo siempre nos genera incertidumbre, tenemos algo para contarte: los cambios que se vienen no son caóticos ni impredecibles. Son parte de un patrón más amplio, de un ciclo vital. Porque sí, somos naturaleza y, como ella, nos transformamos en espirales y estaciones a lo largo de toda la vida. Cuando entendemos esto, podemos entregarnos al proceso con el compromiso de cuidarnos amorosamente para transitar esta etapa con plena conciencia.

En esta década, muchas vivimos una paradoja muy poderosa: justo cuando sentimos que el cuerpo se vuelve menos predecible, emerge en nosotras una determinación inédita, una claridad que antes no conocíamos. Atravesar este portal no significa perder, sino recuperar una nueva forma de habitar nuestro propio poder. De pronto, nos encontramos animándonos a proyectos que habían quedado archivados: estudiar una carrera, emprender, viajar, aprender un deporte, o simplemente atrevernos a experimentar un deseo que antes parecía imposible.

Así nos pasó también a nosotras.

Yo, San, a los 41, me animé a profundizar en un saber que de a poco se había colado en mi corazón y en mi biblioteca: la medicina ayurveda. Poco me importó lo que opinaran mi parte ultra nerd científica o mis colegas, y así me acordé de que lo que más me gusta es enseñar, e invité a mi nueva mejor amiga a crear una escuela de salud natural.

Y yo, Flor, a mis 38 años, decidí mudarme a mi lugar en el mundo: mi amado bosque patagónico. Rodeada de plantas medicinales que tantos años estudié en el plano teórico y científico. Rodeada de montañas por las que corro carreras de alto rendimiento (a mis 40 años). Pero también lejos de mi red: de mis amigas y mi familia, con un bebé pequeño y los mil desafíos de criar siendo solo dos adultos responsables.

Sí, es una época desafiante, pero también hermosa y expansiva: con un potencial para desplegar que sin dudas no conocíamos.

Una nueva mirada sobre esta etapa

En la antigua filosofía védica —y en muchas otras cosmovisiones ancestrales—, la vida se concibe como un viaje en ciclos, cada uno con su único propósito. La entrada a cada nueva etapa se honra y se celebra con rituales.

Los años de la perimenopausia y menopausia son, en este sentido, una etapa de transformación poderosa. Un proceso natural donde la energía que antes fluía hacia afuera ahora regresa al interior, nutriendo nuestra intuición, creatividad y conexión con nuestra esencia más profunda.

El fuego interno que sentimos no es un debilitamiento ni un síntoma que evitar. Es una alquimia sagrada que convierte la experiencia en sabiduría, que quema lo viejo para abrir espacio a lo nuevo. Es el umbral hacia un capítulo de mayor poder y libertad personal. Si la transitamos con conciencia, se abre una etapa de claridad sobre quiénes somos, qué queremos, qué ya no estamos dispuestas a tolerar.

Maya Tiwari, una mujer sabia a quien admiramos, lo dice con simpleza: “Se habilitan nuevas formas de pensar, de vivir, de amar y de cuidar”.

Si bien este pasaje es profundamente natural, la forma en que lo vivimos depende del contexto en el que estamos inmersas.

Durante mucho tiempo, se nos enseñó a temerle a este cambio. Nos han dicho que la juventud es lo más valioso, que la energía desbordante y la piel tersa son la medida del bienestar. Nos han hecho creer que, después de los 40, empieza la cuesta abajo.

En nuestra sociedad, esta etapa puede encontrarnos en situaciones muy diversas: algunas de nosotras estamos criando hijos pequeños, otras estamos acompañando a adolescentes en sus desafíos, otras no tuvimos hijos. Al mismo tiempo, muchas seguimos activas profesionalmente, enfrentando desafíos laborales que requieren enfoque, energía y presencia constantes.

Aquí aparece uno de los dilemas más grandes de esta transición: ¿cómo equilibramos una biología ancestral que nos invita a bajar el ritmo e ir hacia adentro con una realidad social que espera que sigamos siendo productivas y estando siempre disponibles?

La expectativa de vida ha cambiado. Hoy podemos vivir más tiempo y, además, tenemos la posibilidad de ir por nuestros sueños y deseos sin importar la edad. Pero esto también trae la presión de sostenernos en constante movimiento, en permanente productividad.

Lo que nos pasa es real, pero está invisibilizado: no hablamos de eso en nuestras familias, no nos lo enseñaron en la escuela, no vemos representaciones reales en los medios. Es más, es uno de los últimos temas tabú que a veces aún quedan en las charlas de amigas.

En varias investigaciones en las que se les preguntó a mujeres cuáles eran sus sensaciones al atravesar su perimenopausia, respondieron que sentían esta etapa como un estigma que las avergonzaba, o que los síntomas les generaban sentimientos de humillación que las llevaba a cuestionarse su valor como personas. Que hablar de menopausia las hacía sentirse ridículas o estereotipadas. También expresaron que, a nivel laboral, tenían que ocultar sus síntomas para seguir siendo “trabajadoras ideales” y que no podían ser sinceras a la hora de necesitar días de ausentismo laboral.

No resulta raro que todos estos sentimientos negativos hagan más difícil buscar ayuda: en otro estudio, el 40 % de las mujeres encuestadas no tenían la información necesaria para gestionar su salud en esta etapa de la vida.

Y, muchas veces, los médicos a los que recurrimos no tienen respuestas, y las soluciones que nos dan se limitan a “combatir el proceso” a base de hormonas sintéticas, o a resignarnos.

Por todo esto, solemos atravesar estos cambios en silencio, sintiéndonos solas, cuando paradójicamente nos pasa a todas. Y por eso es urgente cambiar la conversación. Necesitamos espacios donde podamos compartir lo que nos pasa sin vergüenza y nombrar lo que sentimos sin miedo al juicio. Porque, cuando nos damos cuenta de que no estamos solas, el peso se aligera.

Necesitamos una nueva mirada para transitar este momento. Una mirada que combine la sabiduría ancestral con la realidad actual, que nos permita honrar nuestro ritmo interno y, al mismo tiempo, vivir plenamente en esta etapa de la vida.

Porque el verdadero poder de esta transformación no radica solo en lo que pasa en nuestro cuerpo, sino en cómo elegimos vivirlo, en qué contexto lo hacemos y con quiénes lo compartimos.

Hoy, más que nunca, tenemos la oportunidad de hacerlo de manera consciente, informada y en comunidad. Y este libro es una invitación a transitarlo juntas.

La naturaleza como primera medicina

Desde tiempos ancestrales, mucho antes de la medicina moderna, las mujeres hemos recurrido unas a otras y a la sabiduría de la naturaleza para atravesar las diferentes etapas de nuestro ciclo vital.

Esta transición que ahora enfrentás no es una excepción; quizá sea, de hecho, el momento en que más necesitás reconectar con ese conocimiento primordial.

A lo largo de este libro, te guiaremos por un camino de autoconocimiento y sanación natural para que puedas crear tu propio botiquín natural, con todos los recursos para gestionar tu salud y acompañar los síntomas en esta etapa.

Te vamos a contar todo lo que estudiamos y aprendimos en la experiencia de guiar a otras mujeres sobre alimentación, movimiento corporal consciente, reajuste de hábitos cotidianos y, por supuesto, nuestras amadas plantas medicinales.

No se trata de rechazar la medicina convencional, sino de recuperar los recursos que la naturaleza, en su infinita sabiduría, ha puesto a nuestro alcance.

Este enfoque integral no solo aliviará malestares físicos, sino que te permitirá habitar este portal con plena conciencia y descubrir en él una oportunidad de profunda transformación personal. La naturaleza no solo cura el cuerpo; también ilumina el espíritu en su camino de evolución.

Antes de adentrarnos en este viaje, queremos recordarte algo fundamental: no existe una única fórmula para atravesar esta etapa, porque no hay dos mujeres que vivan su transición hormonal de la misma manera. Tu cuerpo tiene su propio ritmo, tu historia tiene matices únicos y tus necesidades son tan particulares como tu huella digital.

El primer paso, y quizás el más revolucionario, es darte permiso para escuchar amorosamente lo que tu cuerpo tiene para decirte. En una cultura que nos enseñó a desconfiar de nuestras sensaciones y a buscar respuestas afuera, reconectar con tu sabiduría interior es un acto de rebeldía hermosa.

Por eso, en cada capítulo, vas a encontrar espacios dedicados exclusivamente a vos: momentos para pausar, reflexionar y tomar nota de lo que realmente está pasando en tu mundo interno. Te sugerimos tener un cuaderno donde vayas registrando tu proceso: tu bitácora de viaje.

Estos espacios de reflexión personal no son un “ejercicio más” del libro. Son tu laboratorio de autoconocimiento, el lugar donde vas a ir construyendo, paso a paso, tu propio mapa de navegación. La medicina natural más poderosa comienza siempre con el reconocimiento honesto de dónde estás parada hoy, qué recursos tenés a tu alcance y hacia dónde querés dirigir tu energía. Tu plan de bienestar será tan único como vos misma, y eso no solo está bien: es perfecto.

La medicina de las plantas que sanan

Cuando unimos las palabras “botiquín” y “naturaleza”, se produce una alquimia poderosa que nos conecta con nuestras raíces más profundas, con la medicina de las plantas que sanan.

¿Por qué elegirlas antes que cualquier fármaco de síntesis? Porque las plantas no son simples supresoras de síntomas: son maestras y compañeras de viaje. Nos invitan a descubrir qué está ocurriendo en nuestro interior y nos devuelven la posibilidad de participar activamente en nuestro proceso de sanación.

Con sus múltiples principios activos —refinados durante millones de años de evolución—, las plantas susurran a nuestro cuerpo el camino de regreso hacia el equilibrio natural.

La magia de las plantas no se limita al plano físico: ocurre simultáneamente en nuestras capas más sutiles, en esa conversación silenciosa que existe entre nuestras células, nuestras hormonas y nuestras emociones.

Algo hermoso sucede cuando incorporamos plantas medicinales a nuestra vida: nos convertimos en protagonistas activas de nuestra sanación. Como siempre decimos en nuestros círculos de mujeres, las plantas no harán por vos lo que no estés dispuesta a hacer por vos misma. Nos ofrecen su mano para sumergirnos en nuestro océano infinito de posibilidades, abriendo un portal hacia nuestro propio poder sanador.

Es cierto: la ciencia convencional ha investigado más los fármacos de síntesis que las plantas. El motivo es claro: las plantas no pueden patentarse y, por eso, fueron relegadas en el ámbito académico. Encontrarás bibliotecas enteras sobre medicamentos, y apenas estantes sobre herbolaria, pese a que esta sostuvo a la humanidad durante milenios.

Estamos convencidas de que la ciencia es un lenguaje que nos ordena, pero no es la única forma de entender la realidad.

A lo largo de estas páginas, te invitamos a recorrer con nosotras un jardín de posibilidades verdes, donde cada hoja, cada raíz y cada flor tiene un mensaje específico para tu cuerpo en transformación.

Ejercicios inspiradores

CARTA DESDE EL UMBRAL. UN RITUAL DE BIENVENIDA A TU NUEVA ETAPA

Te invitamos a crear un espacio sagrado para conectar con la mujer que sos hoy, honrar a la que fuiste y dar la bienvenida a la que estás por descubrir.

¿Cómo hacerlo?

  1. Prepará tu lugar sagrado: encendé una vela, prepará tu infusión favorita y buscá un lugar tranquilo y sin interrupciones durante 30 minutos.
  2. Empezá a crear tu bitácora: hacé un par de respiraciones profundas, dejá ir las tensiones y permitite conectar con tus emociones. Visualizá sentadas, una junto a otra, a tu yo presente y a la versión de vos que está emergiendo.
  3. Tomá tu cuaderno personal y empezá a explorar estas preguntas: no es necesario que tengas respuestas, sino que te permitas escribir con total libertad lo que surja; pueden ser palabras, pero tal vez imágenes, dibujos. Si no aparece la respuesta ahora, quizás lo haga en los próximos días o semanas: podés volver a tu cuaderno las veces que lo necesites.
    • ¿Qué sensaciones físicas y emocionales has notado últimamente que te indican que estás cambiando?
    • ¿Qué miedos emergen cuando pensás en esta transformación?
    • ¿Qué esperanzas aparecen cuando pensás en esta nueva etapa?
    • ¿Qué te recordarías acerca de tu fortaleza y tu capacidad de transformación? Esas que te acompañaron en otros momentos de tu vida y van a ser tus grandes aliadas en este nuevo camino.
    • ¿Qué viejos patrones y creencias estás lista para liberar?

Tu declaración de poder: cuando termines de escribir, colocá ambas manos sobre tu corazón, cerrá los ojos y respirá profundamente algunas veces. Podés repetir esta frase: “Yo soy el puente entre quien fui y quien seré. Atravieso este portal con curiosidad, compasión y confianza en mi propia sabiduría”. Visualizate dando ese primer paso hacia esta nueva versión de vos misma.

Para compartir o guardar

Podés guardar estas notas en una caja especial o enviarlas a tu propio correo electrónico utilizando un servicio como FutureMe.org, programando su llegada para dentro de un año. Así podrás contemplar tu evolución en este camino.

Tu bitácora de transformación

A partir de hoy, este libro será tu bitácora personal, el lugar seguro para buscar información y registrar tu transformación.

A medida que avances, dedicate un momento para registrar lo que vas sintiendo, los cambios que notás y los pequeños pasos que vas dando a medida que incorporás la información. Escribí sin juicios, solo con la intención de observar y aprender de vos misma.

Pensá este registro como un mapa que vas trazando a lo largo del camino, un espacio seguro donde reconocer patrones, celebrar avances y abrazarte con amor cuando el proceso se sienta desafiante.

Bienvenida a esta etapa. No estás sola, ahora tenés dos nuevas amigas que alzan la voz en nombre de toda la tribu de mujeres medicina. De las que estamos en este plano, y de nuestras ancestras y su legado.

Lo que hay detrás de esta puerta es más grande y poderoso de lo que probablemente te imagines: saltemos, que no hay vacío, hay una red que te contiene y te dice que sí podés y que lo estás haciendo bien.

DESPERTANDO A LA ALQUIMISTA: PLANTAS QUE CRECEN A TU ALREDEDOR

Te invitamos a convertirte en la exploradora botánica de tu propio entorno. Durante siete días, salí a caminar por tu barrio, observá tu jardín, tu balcón e incluso las plantas que crecen en las grietas de las veredas con una mirada nueva: la de una alquimista en entrenamiento.

  • Día 1-3. Observación y registro: llevá un cuaderno pequeño o usá el celular para fotografiar y anotar al menos cinco plantas diferentes que encuentres cerca de tu casa. No importa si no sabés sus nombres; describí sus hojas, sus flores, sus aromas y dónde crecen. Podés usar alguna aplicación, como Google Lens o PlantNet, para ayudarte a identificarlas.
  • Día 4-7. Investigación consciente: elegí dos de esas plantas e investigá sus propiedades medicinales tradicionales. Consultá libros de herbolaria, Google Scholar o preguntale a alguna vecina mayor que pueda conocer sus usos ancestrales.
  • Reflexión final: anotá en tu diario cómo te sentiste al descubrir que probablemente caminabas todos los días al lado de plantas con propiedades curativas sin saberlo. ¿Cambió tu relación con el espacio verde que te rodea?

CAPÍTULO 2
BIENVENIDA A TU NUEVA NORMALIDAD

Una historia que nos resuena

Siempre fui muy activa: me gusta mi trabajo, tengo amigas, hago ejercicio y como bastante sano. Hace dos años empecé a sentirme rara. Me costaba concentrarme en reuniones, me despertaba de noche y, por primera vez en mi vida, empecé a sentir ansiedad sin ninguna razón aparente. En el último año, dos veces mi menstruación se demoró unos cinco días (pensé que lo había anotado mal en mi registro). Fui a mi ginecóloga, me hizo los estudios de rutina, que fueron todos normales, y no le dio mucha importancia, me sugirió consultar con una psicóloga. Me sentí muy desorientada.

Paula, 45 años

La historia de Pau es la de muchas de nosotras. Los años de perimenopausia son desafiantes, pero la buena noticia es que no duran para siempre.

Como en cada cambio, y cada nueva etapa de la vida, es normal que te sientas confundida y hasta un poco asustada. ¿Te acordás de tu adolescencia? Ahora, tus hormonas están atravesando cambios similares, pero en sentido inverso.

En este capítulo, queremos invitarte a entender qué es lo que ocurre en esta nueva etapa hormonal, para que puedas cuidarte y tomar tus propias decisiones desde la autonomía que nos da estar bien informadas.

¿Qué nos está pasando?

A partir de la adolescencia, nuestras hormonas regulan no solo nuestro ciclo menstrual, sino también funciones centrales: el metabolismo, el estado de ánimo, la piel, el sueño y la energía vital. Para poder entender los cambios que se producen en esta etapa de transición hormonal +40, vamos a hacer primero un repaso de cómo se comportan estas hormonas en nuestra etapa cíclica.

LAS HORMONAS A PARTIR DE LA ADOLESCENCIA

Tras ciertas irregularidades iniciales de la pubertad, las principales hormonas femeninas —estrógeno y progesterona— encuentran su equilibrio y se estabilizan. Este equilibrio no es lineal, sino cíclico, como las fases de la luna.

Cada ciclo menstrual tiene una duración aproximada de 28 días, aunque puede variar entre 21 y 35 días en mujeres sanas. A lo largo de cada ciclo, los niveles hormonales cambian y con ellos nuestras sensaciones físicas y emocionales, que cada una de nosotras siente de manera única.

  • Fase menstrual: durante esta etapa, los niveles de e

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