Descubrir el ser

Carolina Anastasiadis

Fragmento

De un lector a un futuro lector

Por Ariel Gold

A partir de haber escrito algunos libros empecé a tener una serie de curiosidades inexistentes anteriormente. Una de ellas está vinculada a las razones que llevan a una persona a elegir tal o cual lectura. ¿Qué expectativas hay en el «prelector»? Yo podría dar mis respuestas, diferentes en cada uno de los libros que he tenido la suerte de leer por libre elección.

No es este el caso. Confieso que mis expectativas no existían porque apenas sabía en qué viaje me había metido. Mi elección se limitó a decir «sí» a la invitación de Carolina a escribir este prólogo. Lo que recibí de la autora fue una serie de titulares, bien explicados, que me generaron más curiosidad que deseos. Es difícil tener ganas de leer material vinculado a la espiritualidad cuando a uno lo llaman al mediodía, en el medio de una fila de esas casas de pago de cuentas, parado durante veinte minutos y con probabilidad de tener que esperar otros veinte, a pleno sol, con el tapabocas correspondiente y el hambre empezando a molestar. Por supuesto que mi «situación existencial» era ignorada por Carolina cuando le dije que contara conmigo.

Como muchas veces cuando tomo decisiones inmediatas, comencé a cuestionarme dicha decisión.

Entonces recordé aquel programa de radio en el que una de las conductoras era «conminada» por sus compañeros a definir espiritualidad. El tono era humorístico y se notaba que a la única que le interesaba el tema era a dicha conductora. Sus compañeros de trabajo aprovechaban para divertirse un rato. Lo que me llamó la atención fue la capacidad de la periodista para afrontar esa situación. Sin perder el humor, pero con mucha sinceridad, daba sus opiniones, sin importarle demasiado no ser tomada en serio. «¡Qué cra!», pensé, antes de escuchar algo que me paralizó. «Vamos a preguntarle a nuestro próximo invitado qué opina del tema, del ser espiritual». El próximo invitado era yo. Por suerte las preguntas vinieron por otro lado y «me salvé». Esa periodista era Carolina Anastasiadis, a quien solo puedo agradecer haberme dado esta oportunidad de comunicarle algo al futuro lector, antes de que se meta de lleno en la aventura a la que invita este libro. La de reflexionar sobre un tema que difícilmente abordemos si no nos invitan: el Ser.

Precisamente, esta es la segunda curiosidad que comencé a desarrollar. ¿Qué tipo de información genera que otra persona se acerque o se aleje de un libro que nos gustó?

Debo confesar que si alguien me recomienda un libro sobre «el Ser», no salgo corriendo a la librería a conseguirlo. Por eso, querido lector, necesito que me preste atención y no se aleje, cuando le diga que este libro intenta acercarnos a un cierto aspecto de lo que se conoce como trascendencia. Lo que adopté como concepto básico de trascendencia, a partir de ciertas lecturas o escuchas, está vinculado a tres dimensiones «muy humanas» que abarcarían dicho concepto: lo estético, lo ético y lo espiritual. De esto último se trata este libro. Cuando comenté a un grupo de personas cercanas que me habían pedido que escribiera este prólogo y expliqué «de qué iba», las respuestas de algunos fueron del tipo «paso, la religión no es para mí» o «la verdad que las cosas esotéricas no me interesan». Lamentablemente, no me dieron la oportunidad de explicarles que este no es un texto ni de religión, ni de esoterismo. Me hubiera gustado decirles que se trata de un texto de búsqueda. Como leí alguna vez, un «pre-texto» para parar, mirar hacia adentro e intentar reencontrarnos observando lo bueno del otro, en un «con-texto» donde lo humano parece haber sido invadido por el vacío, donde precisamente la dimensión Ser no motiva porque ha sido tomada por la dimensión Tener, que sí cotiza. Ambiciosa misión la de la autora.

Para mí, su lectura fue una experiencia fascinante en especial por las personas que pude conocer... Todas de verdad, como usted y como yo, tan diversas como usted y como yo.

¿Qué las hizo fascinantes para mí? La capacidad de poner en palabras lo trascendente, y que se entienda. Y que provoque reflexión.

Más de una vez me encontré mientras leía mirando «al costado y arriba», sin pestañar, que es la forma externa de «colgarme» que adopto. Más de una vez me colgué con expresiones del tipo:

«El regalo perfecto era yo misma con mi humanidad, totalmente imperfecta».

«Hay suficiente en el mundo para lo que cada uno necesita, no para lo que cada uno quiere».

«Nos hemos confundido pensando que somos las experiencias que pasan en la vida, y nosotros somos los que contienen el fenómeno de la vida todo el tiempo».

Lo invito a conocer a Iván, a Christian Plebst, a Brother David, a Eline Snel, a Magalí Fernández y fundamentalmente a Carolina Anastasiadis, que a su vez nos invita a hacer una pausa para revalorizar continuamente lo que uno vive momento a momento.

Termino con un mensaje dirigido a la autora, que, si usted desconoce el significado, tiene una razón más para leer este libro.

¡Efjaristó, Carolina!

ARIEL GOLD

Psiquiatra especializado en niños y adolescentes

El itinerario del viaje

Por Magalí Fernández

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,sino una nueva forma de ver las cosas.

HENRY MILLER

No siempre viajar es andar. A veces viajar es una simple invitación a parar, pensar el mundo y pensarnos desde otro lugar al que estamos acostumbrados a habitar. Hay una manera de viajar que se puede hacer quedándonos aquí y ahora, en lo profundo de nuestro Ser.

En lo personal, este libro fue un viaje compartido, disfrutado y sentido junto a Caro, que me llevó a pensar que no soy solo lo que hago, ni lo que digo, ni lo que tengo. Me mostró que no soy, sino que voy siendo a cada paso, con cada experiencia y con quienes comparto mi existencia.

Caro, con su gran capacidad periodística y sus interrogantes en el proceso de escritura, me convocó a prácticas filosóficas insospechadas, donde muchas veces mis meditaciones diarias de mindfulness eran mi refugio para no pensar tanto y sentir más.

El libro en su conjunto es una invitación a padres, maestros y todos aquellos que estén en proceso de búsqueda, duelo o sanación, de conocerse, y a la vez en ese viaje —o

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