El libro de Ivo (La saga de la Ciudad 1)

Juan Cuadra Pérez

Fragmento

cap-1

 

Prólogo

Fragmentos del diario encontrado en el ático del edificio Babilonia

 

Hay cosas que deben ser contadas. Si no, se te van metiendo por dentro, se agarran a las paredes del alma y llega un momento en el que empiezan a pudrirse. Y tú te pudres con ellas. Por eso empiezo hoy esta especie de diario, para poder sacarlas y, si algún día soy lo suficientemente valiente, dártelo y que tú lo leas, que puedas ver ese otro lado que tengo. Y tal vez así pueda descansar. Dormir en paz. Porque de eso va todo esto, de dormir. ¿Has tenido alguna vez un sueño recurrente? Yo sí. Casi desde que tengo memoria, siempre ha estado ahí. No es que se repita todas las noches, pero sí muchas. Muchas más de las que quisiera. Y no es algo que quisiera tener. No creo que nadie quisiera tener un sueño así.

En el sueño soy un asesino. Bueno, en realidad no sé realmente lo que soy. A veces parezco más humano; otras, más animal. Pero de lo que estoy seguro es que no soy yo. Porque esa bestia es sanguinaria, es cruel. Y yo no lo soy. Disfruta; disfruta con lo que hace. En mis sueños es como si estuviera atrapado tras los ojos de un maníaco saboreando su deleite, su alegría. Y cuando despierto sólo quiero gritar, y olvidar. Olvidar lo más rápido posible. Porque me da miedo. Miro a mi lado, y te veo dormida, y no puedo evitar sentirme aterrorizado. Por ti. Ya sé que me dirías que es una tontería, que no debo obsesionarme. Que los sueños son sólo sueños. Pero ¿y si no lo son? ¿Y si esa bestia comienza a reptar hacia la luz y un día, cuando me despierto, ya no soy yo el que se ha despertado, sino que soy tan sólo un pasajero tras los ojos de un asesino, sin voluntad para controlar nada? Porque en lo más hondo de mi corazón sé que no es sólo un sueño.

Hace mucho que no escribo. Cojo el bolígrafo y después lo suelto. Una y otra vez. Porque en parte creo que es inútil, que ciertas cosas no desaparecen por hablar de ellas, ni por escribirlas. Y lo que he escrito hasta el momento es tan tonto que ni siquiera vale la pena enseñártelo. Pero el mismo miedo sigue ahí. La misma inseguridad. Es como el fatum, el destino terrible que sé que va a caer sobre mí, sobre los dos. Y no sé cómo evitarlo.

El problema del miedo es que, si no te das cuenta pronto de su poder, te paraliza. Por eso voy a empezar a moverme, a hacer cosas, a buscar. Al fin y al cabo ese es mi trabajo, así que por primera vez me dedicaré a algo realmente útil. Y lo iré apuntando en este diario, por si alguna vez sirve de algo y para recordarme a mí mismo que lo que hago tiene sentido.

En estas semanas he avanzado mucho. Mucho más de lo que pensaba, en realidad. La biblioteca de la universidad fue de bastante menos ayuda de lo que esperaba, pero las librerías han sido un verdadero filón. Nunca me había dado cuenta de la cantidad de librerías esotéricas que hay en esta ciudad. Y de gente interesante en ellas. Es como si todo el mundo estuviese buscando algo, o a la espera de algo. O quizás ambas cosas. Pero estoy divagando. Trataré de ser lo más conciso posible.

Lo primero y más importante es que realmente existe algo que domina los sueños. No es algo que puedas tocar si alargas la mano, ni golpear con un palo, pero indudablemente está. En eso todos están de acuerdo. Es algo así como la luna, que provoca las mareas y que a veces es más visible y otras menos. Pero nunca lograrías establecer la relación por ti mismo. El problema es que hay demasiados nombres, demasiadas teorías. Es como moverse en un espeso laberinto. Por lo menos ya estoy aprendiendo a ser más selectivo. Porque todo es muy, muy complejo. Por ejemplo, parece ser que no son lo mismo los sueños que las pesadillas, y que son gobernados por cosas diferentes, o tienen reinos o planos diferentes. Y dentro de las pesadillas, que es lo que en realidad me interesa, de nuevo todo se ramifica. Pero es un comienzo. Indudablemente es un comienzo. Lástima que el buscar su origen no haga que las pesadillas desaparezcan.

Cada vez avanzo más deprisa. Es como si toda mi vida me hubiese estado preparando para esto. En realidad vuelvo a esta libreta un poco como lugar de descanso, más que de trabajo. Ahora tengo hojas y hojas de apuntes y esquemas, pulcramente clasificadas y ocultas en mi despacho. Espero que cuando leas esto me perdones que haya tenido que mentirte un poco, pero sé que lo entenderás. Sé que cuando llegue el momento lo comprenderás, pero que ahora no podrías entenderlo. Porque incluso yo sólo empiezo a comprender realmente en estos días. De nuevo trataré de ser breve: hay una jerarquía. Están los durmientes, y luego están las pesadillas, que según algunos se alimentan de nuestros miedos, y según otros los gobiernan. Y dentro de las pesadillas también hay jerarquías. Y cuando digo pesadillas no me refiero a lo que podemos soñar, sino a seres, personificaciones de los miedos que habitan nuestros sueños. Creo que no es que haya una para cada sueño, sino que hay una especie de pesadillas genéricas, que controlan o gobiernan a las inferiores y a los sueños de los hombres. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que hay una gran pesadilla. Hay alguien que dirige todo. Eso o ese es mi enemigo.

La frustración. Eso es lo único que me mantiene ahora firme. O mejor dicho, la ira que provoca la frustración. Porque sé que está aquí, lo noto a mi alrededor, justo al borde de la inteligencia, de la mente consciente, pero no consigo atraparlo. He revisado la Oniromancia decenas de veces, interpretándola según todas las claves posibles, pero no aclara nada. He vuelto a traducir los Cánticos del Orfeo Durmiente del griego, por si había algún mensaje que el traductor pasó por alto en mi edición, pero sin resultado. Y así con todos y cada uno de los libros, pergaminos, emblemas y cuadros. Nada. Es como si se protegiese. Pero si existe, puede ser encontrado. Y destruido.

Como era de esperar, una vez descubierto me parece terriblemente fácil. ¡Estaba tan a la vista! Lo difícil era realizar la conexión, pero una vez hecha, todo encaja. Mab. Por supuesto. La reina Mab. Ella es la reina de las pesadillas. «Y con tal pompa recorre en la noche cerebros de amantes, y les hace soñar el amor; rodillas de cortesanos, y les hace soñar reverencias.» Ella es la maldita criatura que me hace ver los crímenes más horribles cometidos por mis manos, y disfrutar con ellos. Porque parece como si fuesen cada vez peores, como si ella temiese lo que estoy haciendo y recrudeciese sus ataques sobre mí. Pero no lo logrará. Tiene miedo. Porque sabe que hay un modo en el que puedo acabar con ella. Y lo haré. Lo haré por mí, pero sobre todo lo haré por ti.

El final se aproxima. Lo sé porque anoche mi pesadilla fue peor que nunca. Soñé que te mataba mientras dormías. Y eso es porque ella está atemorizada. La zorra Mab. No he tenido tiempo de escribir estas últimas semanas (dos meses y una semana, creo), pero es que estaba demasiado ocupado atando cabos, trazando mapas de su reino, planeando el asalto. Y he encontrado el modo. Terriblemente sencillo, terriblemente difícil. El secreto está en la vigilia. Seguro que alguna vez has estado casi dormida o casi despierta, y has hecho que tus sueños cambiasen a voluntad. Ese es el momento. Sólo tengo unos segundos, porque tanto si me despierto demasiado como si me duermo del todo no podré hacerlo; pero

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