Martes de carnaval

Ramón del Valle-Inclán

Fragmento

Escena primera

ESCENA PRIMERA

La casa del pecado, en un enreda de callejones, cerca del muelle viejo. Prima noche. Luces de la marina. Cantos remotos en un cafetín. Guiños de las estrellas. Pisadas de zuecos. Brilla la lima en las losas mojadas de la acera: Tapadillo de la Carmelitana: Sala baja con papel floreado: Dos puertas azules, entornadas sobre dos alcobas: En el fondo, las camas tendidas con majas colchas portuguesas: En el reflejo del quinqué, LA DAIFA pelinegra, con un lazo detonante en el moño, cierra el sobre de una carta: Luce en la mejilla el rizo de un lunar. A LA BRUJA que se recose el zancajo en el fondo mal alumbrado de una escalerilla, hizo seña mostrando la carta. La coima muerde la hebra, y se prende la aguja en el pecho.

LA BRUJA:

¡Vamos a ese fin del mundo! ¡Si siquiera de tantas idas se sacase algún provecho!...

LA DAIFA:

La carta va puesto como para conmover una peña.

LA BRUJA:

¡Ay, qué viejo renegado! ¡Cuándo se lo llevará Satanás!...

LA DAIFA:

Es muy contraria mi suerte.

LA BRUJA:

¡Sí que lo es! ¡El padre acaudalado y la bija arrastrada!

LA DAIFA:

¡Y tener que desearle la muerte para mejorar de conducta!

LA BRUJA:

¡Si te vieras con capitales, era el ponerte de ama y dorarte de monedas, que el negocio lo puede! ¡Y no ser ingrata con una vida que te dio refugio en tu desgracia!

LA DAIFA:

¡No habrá una peste negra que se lo lleve!

LA BRUJA:

Tú llámale por la muerte, que mucho puede el deseo y más si lo acompañas encendiéndole una vela a Patillas.

LA DAIFA:

¡Renegado pensamiento! ¡Dejémosle vivir, que al fin es mi padre!

LA BRUJA:

Para ti ha sido un verdugo.

LA DAIFA:

¡Se le puso una venda de sangre considerando la deshonra de sus canas!

LA BRUJA:

Pudo cubrirla, si tanto no le representase aflojar la mosca, pero la avaricia se lo come, ¿Espero respuesta de la carta?

LA DAIFA:

Si te la da la tomas. Tienes que correr para no hallar la puerta cerrada.

LA BRUJA:

Volaré.

LA BRUJA encaperuzó el manto sobre las sienes y voló convertida en corneja. LA DAIFA de la bata celeste y el lazo escarlata sale a la puerta haciendo la jarra, y permanece en el umbral mirando a la calle. Por la otra acera un sorche repatriado al que dicen JUANITO VENTOLERA.

LA DAIFA:

¡Chis!... ¡Chis!..

JUANITO VENTOLERA:

¿Es para mí ese reclamo, paloma?

LA DAIFA:

¿No te gusto?

JUANITO VENTOLERA:

¡Un pasmo! ¿No me ve usted, niña, con las patas colgando?

LA DAIFA:

Pues atorníllate, pelmazo.

JUANITO VENTOLERA:

¿Quiere usted sacarme para fuera la llave de tuercas?

LA DAIFA:

Ese timo es habanero.

JUANITO VENTOLERA:

¿Conoce usted aquel país?

LA DAIFA:

No lo conozco, pero tiene usted todo el hablar de los repatriados. ¡La propia pinta! ¿No lo es usted!

JUANITO VENTOLERA:

No más hace que tres horas. A las seis tocamos puerto.

LA DAIFA:

¿En qué Regimiento estaba usted?

JUANITO VENTOLERA:

Segunda Compañía de Lucena.

LA DAIFA:

¡Segunda de Lucena! ¿Y usted, por un casual, habrá conocido a un punto practicante que llamaban Aureliano Iglesias?

JUANITO VENTOLERA:

Buen punto estaba ése.

LA DAIFA:

¿Le ha conocido usted, por un acaso? ¿No es una trola? ¿Le ha conocido?

JUANITO VENTOLERA:

Bastante. Simpatizamos.

LA DAIFA:

Era mi novio. Estábamos para casar.

JUANITO VENTOLERA:

Pues aquí tiene usted su consuelo.

LA DAIFA:

¿De verdad has conocido tú a Aureliano Iglesias?

JUANITO VENTOLERA:

Y tanta verdad.

LA DAIFA:

¿Sabes cómo murió?

JUANITO VENTOLERA:

Como un valiente.

LA DAIFA:

¡A los redaños que tenía, algunos mambises habrá tumbado!

JUANITO VENTOLERA:

Muchos no habrán sido... Siempre se tira de lejos.

LA DAIFA:

Pero alguno doblaría.

JUANITO VENTOLERA:

Pudiera...

LA DAIFA:

¡Tú no crees!...

JUANITO VENTOLERA:

Allí solamente se busca el gasto de municiones. Es una cochina vergüenza aquella guerra. El soldado, si supiese su obligación y no fuese un paria, debería tirar sobre sus jefes.

LA DAIFA:

Todos volvéis con la misma polka, pero ello es que os llevan y os traen como a borregos. Y si fueseis solos a pasar las penalidades, os estaría muy bien puesto. Pero las consecuencias alcanzan a los más inocentes, y un hijo que hoy estaría criándose a mi lado, lo tengo en la Maternidad. Esta vida en que me ves, se la debo a esa maldita guerra que no sabéis acabar.

JUANITO VENTOLERA:

Porque no se quiere. La guerra es un negocio de los galones. El soldado sólo sabe morir.

LA DAIFA:

¡Como el mío! ¿Oye, tú, le envolverían en la bandera?

JUANITO VENTOLERA:

No era para tanto. ¡La bandera! Pues no dice nada la gachí. La bandera es la oreja. ¡Esos honores se quedan para los jefes!

LA DAIFA:

¿Y por eso tenéis todos tan mala voluntad a los galones?

JUANITO VENTOLERA<:

De esas camamas, al soldado poco se le da. ¡No robaran ellos como roban en el rancho y en el haber!...

LA DAIFA:

Pues a tumbar galones. Pero todos lo dicen y ninguno lo hace.

JUANITO VENTOLERA:

Alguno hay que lo hizo.

LA DAIFA:

¿Tú, por ventura?

JUANITO VENTOLERA:

Otro de mi cara.

LA DAIFA:

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