El océano de la memoria

Paloma San Basilio

Fragmento

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Índice de personajes

CÁDIZ:

SANTIAGO BELACUA

SAGRARIO

/padres de

La Inglesa, 1897

CUSTO MONASTERIO

ROCÍO MEDINA

/padres de

Custo Monasterio Medina, 1910

Paula Monasterio Medina

Marina Monasterio Medina

MARIO LIVINGSTON, 1890

LA INGLESA

/padres de

Alba Livingston Belacua, 1915

CUSTO MONASTERIO

ALBA LIVINGSTON

/padres de

Alba Monasterio Livingston, 1936

Custo Monasterio Livingston, 1938

Rocío Monasterio Livingston, 1940

Lluvia y Mario Monasterio Livingston, 1943

Santiago Monasterio Livingston, 1946

Luna Monasterio Livingston, 1949

Carlos Monasterio Livingston, 1951

VIRTUDES Y NEMESIO

/padres de

Esteban, 1933

PERSONAJES SECUNDARIOS EN CÁDIZ:

JUANA: cocinera

GREGORIO: padre de Juana

AMADOR: hermano de Juana

ENEDINA: niñera

VIRTUDES: lavandera, madre de Esteban

PATRO: costurera

PACA: empleada de las tías Paula y Marina

RAMIRO: encargado de la tienda de Santiago Belacua

CARMEN: ama de cría

ROSA: ayuda en la casa

MARÍA: enfermera de la tía Paula

JULIÁN: capataz de las bodegas

ALFONSO: novio de Enedina

ÁLVARO IBARRA: pretendiente y amigo de Alba

ELENA: amiga de Rocío y mujer de Custo, su hermano

ELENA LUNA: hija de Custo y Elena, 1964

MARIO: hijo de Custo y Elena, 1968

DOÑA EMILIA: maestra de costura de Gloria en Cádiz

COLOMBIA:

MIGUEL ARANGO: amigo de Mario

DOÑA AMARANTA: madre de Miguel

DON DIOMEDES: padre de Miguel

AMARA: hermana de Miguel

DIO: hermano mayor de Miguel

JAVIER: hombre de confianza de los Arango

ZORRO: guerrillero

PITÓN: guerrillero

MANUELA: guerrillera, novia de Pitón

LOLA: guerrillera

CABALLO (FABIO): comandante de la guerrilla

JAIRO: capataz de la finca de Miguel

INGLATERRA:

GEORGE: primo lejano de Alba

TÍA MARGARET: tía lejana de Alba

ELSA: hermana de George

MÉXICO:

GLORIA: madre de Gabriel y abuela de Gabo

ALEJANDRO LAGUNA: padre adoptivo de Gabriel

AMALIA: esposa de Gabriel

GABO: hijo de Gabriel y Amalia Laguna

ALEJANDRO: hijo de Gabo y Rocío, 1966

GLORIA MARÍA: hija de Gabo y Rocío, 1972

DOLORES: cocinera

LUCHA: hija de Dolores

PASCUAL: capataz

LUPITA: mujer de Pascual

ROSALÍA: hermana de Lupita

MANUEL: encargado de los caballos

PEDRITO: hijo de Pascual y Lupita

VICENTA: maestra

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Prólogo

Me llamo Alba Monasterio Livingston y nací en 1936, en plena guerra. Mi madre me amamantó hasta los tres años y a mi padre le hicieron prisionero por el simple motivo de bautizarme. Lo liberó un anarquista que pensó que tenía derecho a actuar bajo su conciencia. Si el tribunal hubiese estado presidido por otra persona, ninguno de mis hermanos habría nacido y, por lo tanto, esta historia no existiría. Cuando volvió a casa, la barba roja que lucía mi padre dejó claro por qué mi melena era del color del fuego en invierno, pero yo no soy el centro de este relato. Solo quiero contar la verdad de lo que aconteció desde entonces hasta nuestros días. Por qué se callaron tantas cosas y se disfrazaron otras. Quiero dejar limpia la memoria de una familia que con sus luces y sus sombras fue simplemente el reflejo de una época y una sociedad hipócritas, donde nada podía ser como era y había que aparentar lo que dicha sociedad consideraba correcto aunque muchos sentimientos y muchas vidas se perdiesen por el camino.

Tengo esa edad en la que lo cotidiano se olvida y lo lejano emerge como esculpido en la piedra de la memoria. Mi vida ha sido como un río remansado, pero con remolinos inapreciables en la superficie capaces de arrastrarte hasta el fondo si no tenías un asidero al que agarrarte. Tampoco ha importado mucho, el foco de la casa siempre estaba en otra parte. Éramos muchos y los demás hablaban más alto y más rápido que yo, que me veía obligada a dejar mis frases a medias, suspendidas en el aire sin interlocutor alguno.

De aquellos días solo quedamos en el mismo sitio la casa de Cádiz, que ya ni siquiera nos pertenece, las bodegas, Juana y yo, testigos eternos y mudos de las vidas de otros. Nadie permanece junto a nosotras; la mayoría ya no están. Las habitaciones se fueron quedando sordas poco a poco. Algunas antes de tiempo. Otros se fueron lejos, huyendo del pasado y la falta de oxígeno para respirar. Es una casa preciosa pero tiene algo de cárcel. Algo que desde el amor y la seguridad te oprime los pulmones y te adocena las ideas. Espero que sus futuros habitantes consigan liberarla.

En otro tiempo la casa estaba llena de vida, de ruido, de gritos y de música. Mi padre amaba a los clásicos y tenía pasión por la zarzuela que sonaba obscenamente por todas partes para arremolinarse en el patio, el auténtico corazón de nuestras vidas y nuestros sueños. En ese patio celebrábamos los bautizos y las comuniones, rodeados de pilistras, las macetas típicas de los patios del sur, con el sonido del agua como fondo de las conversaciones al caer la tarde. En ese patio recibía mi madre a sus amigas en verano para tomar el té con pastas, reminiscencias inglesas, y examinaba de pies a cabeza a los posibles pretendientes que tenían que pasar el test de aprobación, sin el cual, implacable, se encargaba de alejarlos de sus hijas. Éramos guapas, educadas y sabíamos todo lo que una buena esposa necesita saber. Lo malo es que no todas estábamos dispuestas a serlo.

Hoy aún se conservan las verdes pilistras, con sus hojas largas y brillantes como cuchillos. La fuente sigue sonriendo agua; a veces tengo la sensación de que se burla de todos y que sabía de antemano lo que pasaría, como una Casandra líquida y constante.

Solo he querido explicar a grandes rasgos el porqué de estas páginas y el hecho insólito de que me haya tocado a mí, en calidad de único testigo vital y contra todo pronóstico, dibujar de la manera más veraz y con la mayor riqueza de matices la historia de la familia Monasterio Livingston, mi familia, una familia más de la España atribulada, asustada y herida de la posguerra.

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