Las tejedoras de destinos

Gennifer Albin

Fragmento

Índice Dedicatoria

Para Robin,
que me pidió que escribiera un libro,
y para Josh,
que lo convirtió en realidad

Prólogo Uno

UNO

Podría contar los días que faltan para que acabe el verano y el otoño se filtre en las hojas, pintándolas de amarillo y rojo. Sin embargo, en este instante, la luz moteada de media tarde ofrece un espléndido color esmeralda y siento el calor en la cara. Mientras el sol me empape, todo es posible. Cuando inevitablemente haya desaparecido —las estaciones están programadas para empezar y terminar con una calmada precisión— la vida seguirá su camino predeterminado. Como una máquina. Como yo.

Junto a la escuela de mi hermana, todo está tranquilo. Soy la única que aguarda la salida de las niñas. Cuando inicié mi ciclo de pruebas, Amie alzó su dedo meñique y me obligó a prometer que la esperaría cada día al terminar. Era una promesa complicada, teniendo en cuenta que podrían convocarme en cualquier momento y arrastrarme a las torres del coventri. Pero la mantengo, incluso hoy. Una niña necesita tener certezas, necesita saber lo que va a suceder. El último trozo de chocolate de la ración mensual; el metódico final en un programa de la Continua. Deseo que mi hermana pequeña pueda confiar en una vida agradable, aunque el calor del verano tenga ahora un sabor amargo.

Suena una campana y las niñas salen en una oleada de cuadros escoceses, con sus risas y gritos rompiendo la perfecta tranquilidad de la escena. Amie, que siempre ha tenido más amigas que yo, aparece dando brincos, rodeada por un grupo de chicas en las complicadas etapas de la preadolescencia. La saludo con la mano y ella corre hacia mí, me agarra y me arrastra en dirección a casa. Algo en su entusiasta saludo de cada tarde resta importancia al hecho de no tener mucha compañía de mi edad.

—¿Lo conseguiste? —pregunta con voz entrecor

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