Amor loco nunca muere (Bad Boy's Girl 3)

Blair Holden

Fragmento

cap-1

1

La Operación Laxante

Una luz suave se cuela a través de la ventana y noto que Cole empieza a despertarse a mi lado. Yo llevo un buen rato sin pegar ojo; después de la bomba que soltó anoche, no conseguí relajarme lo suficiente como para volver a dormirme. Hay una razón por la que insiste tanto en protegerme, en proteger mi privacidad. Recuerdo la sensación de sorpresa y, de pronto, bum, la certeza de que todo está a punto de cambiar.

Han pasado muchas cosas en la concentración del equipo, cosas muy importantes para la carrera de Cole. Está estudiando un grado de ingeniería; jugar como profesional nunca había entrado en sus planes. Pero, al igual que el resto de los universitarios que juegan al fútbol americano, no puede evitar soñar con convertirse en profesional, en cuyo caso su vida tal y como la conocemos daría un giro de ciento ochenta grados.

Trago saliva. Siempre he sabido que es un tío increíble, que hará grandes cosas en la vida, pero esto es demasiado y, cada vez que pienso en ello, siento que me quedo sin aliento.

Una lluvia de besos desciende por mi cuello, unas manos se cuelan por debajo de mi camiseta (bueno, técnicamente es suya) y van subiendo lentamente. Tengo tantas ganas de estar con él, y ha pasado tanto tiempo desde la última vez, que no puedo evitar temblar. Siento la misma urgencia en sus caricias, en la forma en que sus manos se deslizan por mi cuerpo, lo tocan y lo acarician, en cómo me besa el cuello y dibuja la línea de mi mandíbula...

De pronto me pongo tensa.

Acabo de recordar que aún tengo compañera de habitación, la misma que puede que en el futuro necesite algún tipo de terapia psicológica después de habernos sorprendido varias veces en posturas cuando menos comprometidas. A mi lado, Cole murmura:

—No vendrá, bizcochito. Me ha dicho que su novio ha venido a verla y que se queda con él.

Vuelvo la cabeza tan rápido que es raro que no me dé un calambre. Está aquí, a mi lado, y aún tenemos un rato antes de que me diga que hasta esto, estar en mi habitación de la residencia, es demasiado.

Me fijo en cada detalle, en su pelo revuelto por las horas de sueño, en sus ojos azul claro, en la curva pronunciada de sus pómulos... Deslizo el dorso de la mano por su mejilla sin afeitar y él exhala con fuerza antes de abalanzarse sobre mí y besarme intensamente.

El aliento matutino es aceptable siempre que sea cosa de dos.

Me hace rodar sobre la espalda y se coloca encima de mí sin dejar de besarme. Lo he echado de menos, estoy asustada y un poco cabreada, pero después del tiempo que hemos pasado separados, del tiempo que he estado dudando de todo, ahora que lo tengo tan cerca, piel con piel, soy incapaz de mostrar otra emoción que no sea el amor intenso y embriagador que siento por él.

—Me matas cuando me miras así.

Su voz suena ronca por la mezcla de sueño y algo más, seguramente deseo. Le paso los brazos alrededor de los hombros y atraigo su boca hacia la mía.

—Anoche me quedé dormida. Ni siquiera llegamos a... —Me besa en la comisura de los labios—. ¿Hablar? —Noto su sonrisa sobre la piel—. Entre otras cosas. Menuda bomba soltaste.

Parece un poco incómodo, pero, sobre todo, distraído mientras me cubre la cara de besos.

—Tiempo muerto, ¿vale? Ya lo hablaremos más tarde. Ahora quiero recordarle a mi novia por qué vale la pena estar conmigo.

Arqueo una ceja.

—Veo que estás bastante seguro de tus habilidades, ¿eh, Stone?

—Nunca he escuchado una queja al respecto.

Me guiña un ojo mientras me incorpora para que deslice los brazos por debajo de su camiseta. La maniobra de distracción está funcionando, pero hay algo que me resulta molesto, esa palabra.

«Novia.»

—¿Sigo siendo tu novia?

Mi voz suena hueca, sin el tono juguetón que tenía apenas un segundo antes. A Cole le cambia la cara al instante y su mirada se vuelve seria. Me pasa una mano por la nuca y tira de mí hasta que nuestras frentes se tocan. Con la otra me sujeta de la muñeca, acerca mi mano a su pecho desnudo y la coloca justo encima de su corazón, que late desbocado bajo mis dedos.

—Esa palabra no basta para explicar lo que significas para mí. —Me mira fijamente a los ojos mientras lo dice y en los suyos veo seguridad, convicción, posibilidades—. Si de lo que se trata es de repartir títulos, a mí me gustaría llamarte de otra manera, pero sé que, si te lo dijera ahora mismo, te pondrías histérica. Algún día, pronto, te preguntaré algo muy importante, Tessie, y todo el mundo sabrá cuánto significas para mí.

No puedo hablar, no puedo respirar. Solo puedo mirarlo y saber en lo más profundo de mi ser que me quiere más de lo que jamás creí que me querrían.

—Pero, contestando a tu pregunta, sí, eres mi novia, eres el puto amor de mi vida. Todo esto no es más que una pantomima temporal hasta que esté seguro de que puedo cuidar de ti en condiciones. Entre nosotros, sigues siendo mía y yo tuyo. En cuanto a los demás..., me importan una mierda, pero me aseguraré de que no te pongan ni el ojo encima.

—¿Los chicos?

Cole aprieta los dientes.

—Sí, cualquiera que crea que puede aprovechar para lanzarse sobre lo que me pertenece.

Le doy un beso en el hombro.

—Va a ser un infierno. Las cosas no tienen por qué ser tan complicadas.

—¡Joder, ya lo sé, bizcochito! —protesta contra mi cuello—. Pero bajaría al infierno diez veces con tal de que nadie pudiera hacerte daño.

No se puede luchar contra semejante nivel de convicción, así que ni lo intento. Atraigo su boca hacia la mía y ahogo sus preocupaciones con besos. Estaré a su lado en cada etapa del camino; lo único que me inquieta es que se meta en un agujero tan profundo del que luego no pueda salir.

Aprendo por las malas que enseñarle una lección a alguien no es tan divertido como parece. Pero lo hice con la mejor de las intenciones, yo solo quería que Cole supiera que, pase lo que pase en el futuro, estoy dispuesta a enfrentarme a ello con una sonrisa en los labios siempre que sea a su lado. Eso sí, si insiste en tratarme como si fuera de porcelana y en mantener lo nuestro «en suspenso» hasta que a él le parezca oportuno, presiento que vamos a pasar una buena temporada en el dique seco.

Estoy en el gimnasio, haciendo ejercicio bajo la estricta supervisión de Bentley. Intento hablar de Amanda o incluso del tiempo, cualquier cosa con tal de apartar su mirada de mí, pero él no me quita el ojo de encima. No me mira en plan «No es cosa mía si te aplastas el cráneo con las pesas», más bien es algo así como «Parece que tu novio te ha dejado; ¿no deberías estar un poco catatónica?». Así que hago lo mismo que con el resto de mis compañeros del campus, que por lo visto creen saber cuál es mi situación actual: lo ignoro. Sin embargo, sé que Bentley lo hace con buena intención, que se preocupa por mí, así que será mejor que en algún momento le recuerde que no me ha pasado nada que justifique este protocolo antisuicidio al que me está sometiendo.

—Oye —me dice en cuanto acabo mis ejercicios—, si no tienes planes para este fin de semana, he pensado que quizá querrías conocer por fin a Amanda. Quiere que le presente al resto de mis amigos, pero son, no sé... —Se encoge d

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