Marina Lisenberg: “Al entrenar la capacidad de prestar atención, empezamos a entender más nuestras emociones”
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Marina Lisenberg: “Al entrenar la capacidad de prestar atención, empezamos a entender más nuestras emociones”

A propósito del relanzamiento de El Secreto de Emilia, que contiene en esta edición una serie de audios para realizar prácticas guiadas de atención plena con chicos y chicas, conversamos con su autora, Marina Lisenberg. 

EQUIPO PENGUIN KIDS

El secreto de Emilia es un libro que tiene dos partes. La primera, un cuento sumamente poético que narra distintas situaciones que vive Emilia y que le provocan diversas emociones. La segunda, una guía en la que se repasan los fundamentos del mindfulness y los beneficios que puede traer esta práctica en niños y niñas. Propone ejercicios muy concretos para realizar con ellos y permitirles así registrar sus emociones, pensamientos y sensaciones corporales. La nueva edición trae una interesante novedad: incluye un código QR que permite el acceso a un menú muy amplio de audios para zambullirse de lleno en la práctica de la atención plena con chicos y chicas.

"Vamos aprendiendo a observar cómo funciona nuestra mente, cómo nos relacionamos con lo que sea que está sucediendo"

Tenés muchos años de experiencia como terapeuta y entrenadora en mindfulness ¿Por qué decidiste escribir un libro infantil? 

Yo estaba trabajando con adultos, daba grupos abiertos a la comunidad y venía gente que era derivada del ámbito corporativo, o profesionales de la salud, o educadores y en su mayoría tenían hijos. Y cuando aprendían acerca de los beneficios de la práctica y se daban cuenta de que podían elegir cómo relacionarse con lo que les estaba pasando -ya sea un enojo, miedo o elegir cómo cultivar un vínculo más atento y más cuidadoso con los demás- fueron empezando a preguntar de manera sistemática cómo lo llevamos a casa, cómo se los enseñamos a nuestros hijos, qué bueno sería que la práctica se aprenda desde más chiquitos y entonces en vez de tratar de revertir ciertos hábitos reactivos, impulsivos, automáticos, directamente aprendiésemos de pequeños a reconocer nuestras emociones, aceptarlas y a manejarnos de una manera que nos permita cultivar mayor bienestar. 

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Fue así que yo empecé a contar, inventar ejemplos basados en la vida familiar, idear formas… y pensaba que a los chicos les encanta jugar, así que tenía que ser algo lúdico y divertido. Entonces un día empecé a delinear una payada, una manera de que los chicos recuerden -al repetirlo, al cantarlo, al ponerle mímica- formas de cultivar presencia. Y poquito a poco se fue gestando un libro en el que conservamos justamente esta idea: la idea de trabajar desde un puente, desde que grandes y chicos, los padres, las madres, los cuidadores y todos los chicos puedan practicar juntos. Y puedan, mediante experiencias creativas y lúdicas, conectarse consigo mismos, con los demás, con todo el mundo alrededor y disfruten mientras la experiencia se despliega: así fue que empezó esta historia de El secreto de Emilia. 

¿En qué consiste la práctica de atención plena (mindfulness)?

Mindfulness es aprender a estar presentes acá y ahora mientras la experiencia se despliega. Es combinar nuestra capacidad de prestar atención con la intención de prestar atención y con una actitud amable, curiosa, dispuesta a descubrir la experiencia. Y así vamos aprendiendo a observar cómo funciona nuestra mente, cómo nos relacionamos con lo que sea que está sucediendo. Es una conexión conciente apoyada en el cuerpo y en los sentidos. Todos tenemos la capacidad de prestar atención: los grandes y los chicos. Y en algún sentido la práctica nos ayuda a elegir cómo queremos relacionarnos con el enojo, el miedo, la vergüenza, la tristeza, lo que sea que nos esté sucediendo. Al poder estar más conscientes del presente tal y como es, podemos elegir cómo responder y ganamos mucha capacidad de maniobra en relación a nuestras emociones, a nuestros pensamientos, a las sensaciones que tenemos. Podemos cuidarnos mejor y disfrutar más.

¿Cuáles son los beneficios de la práctica de mindfulness en niños y niñas?

Cuando empezamos a practicar, lo que pasa es que nos vamos entrenando en focalizar nuestra atención. Podemos elegir a qué le prestamos atención y -si bien vivimos en un mundo que todo el tiempo nos está seduciendo con distracciones- al aprender a practicar lo que podemos es focalizar nuestra atención, concentrarnos mejor. Y eso tiene múltiples beneficios en el cole, por supuesto en el rendimiento académico, en la capacidad de aprendizaje, en la memoria. Y además de esto, empezamos a entender más nuestras emociones, porque empezamos a registrar lo que sentimos, a prestarle más atención al cuerpo y a los sentidos. Ayuda a los chicos especialmente a regular su ansiedad, a poder gestionar de una manera más efectiva su estrés y quizás incluso ciertos conflictos que tengan en situaciones de la vida cotidiana, con otros amigos, en casa, en el cole o en el club. Podemos estar más conscientes de nuestros pensamientos, de nuestros deseos, de nuestras sensaciones físicas. Entonces aprendemos a ser más amables tanto con nosotros mismos como con los demás, tenemos una mayor capacidad de aceptación respecto de lo que nos gusta o lo que no nos gusta. Porque vamos descubriendo que una cosa es lo que imaginamos y otra cosa es la realidad. A partir de eso entonces vamos teniendo más paciencia y más consideración hacia las posibilidades propias y ajenas. Vamos descubriendo cuál es nuestra propia medida, qué es lo que podemos hoy, más allá de lo que queramos. A los chicos los ayuda un montón a regular los ritmos acelerados, a ver cómo relacionarse con el ajetreo en casa o en el cole o con alguna situación de ellos que les resulte muy desafiante, ya sea en relación a algún vínculo afectivo o en relación a su cuerpo, su salud, a lo que les importa.

¿En qué momentos y lugares se puede practicar?

La práctica va con nosotros donde sea que vayamos. Ahí adonde estemos podemos practicar, porque en realidad se trata de aprender a estar presentes: en el ascensor, en el auto, en la bañadera, en la mesa, en la playa, en el cole, en cualquier lugar de casa. Si practicamos atención plena en casa muchas de las rutinas cotidianas de nuestra vida se van a ver enriquecidas porque vamos a estar menos tensos, vamos a poder acompañar el ritmo de los chicos con el de los padres, y hacer pausas conscientes: saber si ya comí lo suficiente, si ya jugué con la play lo suficiente, si necesito descansar, si tengo ganas de tomar agua. Y en cualquier hora del día: las prácticas se pueden dar desde la mañana a la noche, en cualquier tarea cotidiana. Por eso justamente Emilia nos invita a una práctica que tiene que ver con lo que le pasa cuando ella registra que no sabe atarse los cordones… Las prácticas tienen la característica de que cuando se despliegan con los chicos son divertidas, son creativas y los chicos disfrutan enormemente de la posibilidad de descubrir, aceptar y aprender a relacionarse con sus pensamientos, sus emociones y con todas las experiencias que tienen en su propio cuerpo.

¿Qué le podrías recomendar a quienes tienen interés en adoptar esta práctica con sus hijos e hijas?

Lo primero que quiero recomendar es que no se trata de quedarnos quietos, inmóviles o aislados. No dejemos de tomar en cuenta que la infancia es inquieta, es curiosa, es dinámica, le gusta divertirse y en ese sentido las prácticas van a ser completamente diferentes para los chicos que para los grandes. Con la práctica de mindfulness lo que aprendemos es a sintonizar con toda la experiencia mente-cuerpo integrada. Y yo sugiero que los adultos -los papás, las mamás, docentes, profesionales de salud- primero, censarse a uno mismo o una misma; primero sintonizar con el propio estado, anímico y mental. Porque es a partir de nuestra propia capacidad de relacionarnos con lo que sea que esté sucediendo que vamos a ampliar esa posibilidad invitando a los más chicos. Y si invitamos a los más chicos a trabajar prestando atención -mejor dicho, no a trabajar sino a jugar-, que sea vivido con libertad, sin ningún tipo de exigencia. No hay ningún ranking a partir del cual los chicos tienen que rendir o hacerlo de una manera correcta. Cualquier forma en la que un chico empiece a descubrir cómo es prestarse atención, vale… No juzgarlos, darles el permiso de que puedan ir encontrando cuáles son las maneras que a ellos más le sirvan. No atosigarlos a preguntas, no forzarlos a que tengan palabras para dar cuenta de cómo les fue con la práctica. Quizás quisiera sugerir que nos cuidemos nosotros, que nosotros reduzcamos -con los recursos que podamos- nuestra propia tensión. Porque los adultos que regulan mejor su propio malestar van a tener la posibilidad de inocular un mejor manejo emocional en los chicos. Y en ese sentido somos los grandes los que hacemos una diferencia. Cada familia es un mundo ¿Cómo restaura cada familia su equilibrio cuando hay una pelea, una tensión, un problema? ¿Cómo nos prestamos atención entre nosotros? ¿Cómo nos saludamos? No hay talles únicos. No hay una forma indicada de hacerlo. Con los chicos especialmente, entonces, demos el ejemplo. Seamos simples, seamos breves. Combinemos nuestra atención con una actitud abierta, receptiva, sin ninguna intención de obtener ningún tipo de resultado: ni que se calle, ni que se calme. Sino darles la libertad en función de cada situación de cultivar el estar presentes y empezar a registrar lo que les pasa, que muchas veces tampoco tiene palabras cuando son chicos.

Contanos sobre la incorporación de un conjunto de audios para la práctica guiada de atención plena en este relanzamiento de El Secreto de Emilia

Esta reedición de El secreto de Emilia tiene para mí un plus fabuloso que anhelaba hace muchísimo tiempo poder concretarlo, estoy realmente muy contenta, y es la posibilidad de que los propios chicos inviten a otros a realizar prácticas, a cultivar presencia, a descubrir el mundo interno y el mundo alrededor. Este libro tiene un código QR y los chicos –y los grandes también por supuesto- pueden elegir dentro de un menú de prácticas muy muy amplio en donde tomamos en cuenta las cuestiones fundamentales acerca de practicar para entrenar nuestra concentración, para profundizar el registro de los sentidos y de las sensaciones y el propio cuerpo. Tenemos prácticas en donde usamos la respiración como recurso. Hacemos otras prácticas en donde el foco está puesto en todas las travesuras que realiza nuestra mente y también prácticas para cultivar la amabilidad. La experiencia de practicar acompañados y escoltados por voces infantiles, por la voz de un papá, de una mamá, de una abuela, yo creo que puede ser una invitación fabulosa para enriquecer la posibilidad de cultivar bienestar en casa y en todos los ámbitos a donde podamos compartir este secreto, El secreto de Emilia.

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