Dime tú cómo lo ves

Lucía González Orozco

Fragmento

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Me encanta

El sonido que hacen las olas del mar mientras estoy tumbada en la arena con los ojos cerrados.

La leche fresquita por las mañanas.

Y la luz que atraviesa los árboles de la Alameda cuando amanece temprano.

Me encanta cruzarme con los mismos desconocidos todos los días.

Y que se conviertan en mi rutina.

Me encanta el olor de mi ropa cuando la lava mi madre.

Y sus grandes ojos azules.

El sabor de su gazpacho.

Las conversaciones con mis amigas cuando volvemos de fiesta.

Tener amigas que son hermanas.

La gente nueva.

Lo desconocido, lo que todavía no ha pasado.

Me encanta que las personas confíen en mí.

Despertarme temprano sin el ruido martirizador de mi despertador.

Soñar, me encanta imaginar futuros que no siempre tienen que salir bien.

Me encanta viajar.

Me encanta.

 

Somos jóvenes

Para hacer lo que queramos. Para experimentar y equivocarnos.

Somos jóvenes para elegir con quién queremos estar.

Con quién queremos vivir.

Con quién queremos sentir.

Somos jóvenes para reír, para disfrutar, para gritar que SÍ se puede.

Somos jóvenes para dejarnos llevar, para impulsarnos por la vida, por el amor, por el recuerdo, por las historias, por las personas.

Somos jóvenes para salir ahí fuera y que el mundo entero lo vea.

La juventud pasa únicamente una vez en la vida, y ahora es completamente tuya.

Es tu oportunidad.

No la sueltes.

 

Parar el tiempo

Hoy le pediría al tiempo que parara. Que se tomara unas vacaciones.

Arrancaría todas las hojas que le quedan al calendario, como esa tirita que te quitas deprisa para que duela menos.

Rompería todos los relojes que me encontrase.

Porque hoy me encuentro tan a gusto que quiero sentirme así para siempre.

Y eso solo pasa cuando has querido de verdad.

Especialmente cuando has vivido de verdad.

 

Domingos

Hay que eliminar el domingo de la semana.

Qué pereza de día.

La cabeza hace meditación semanal. Se acuerda de tus meteduras de pata, y te recuerda todo lo que no quieres que vuelva a pasar. Y te repite lo que quieres que pase mil veces más.

También te da por plantearte tu futuro. Abrir la puerta del armario donde escondes la incertidumbre. Y hacerte las típicas preguntas de ¿dónde estaré el año que viene?, ¿hacia dónde quiero llevar mi vida?, ¿me estoy haciendo mayor y no me estoy dando ni cuenta?

Y ahí es cuando la cabeza igual se calla, pero responde el cuerpo: empiezan los agobios, los sudores fríos y los dolores de cabeza.

Pero los domingos también son días de tarde de sofá, peli y manta. De paseítos al solecito y de helado. Son días de hablarle o ignorar a la persona que conociste anoche.

Son días de sensaciones extrañas que no se apagan hasta que no empieza tu rutina del lunes, cuando suena el despertador y por unos momentos deseas que vuelva a ser domingo por la mañana.

 

Vales más

Tú vales más que diez bailes de reguetón y tres copas vacías. Vales más que un OK. Tú vales más que un «en línea» sin respuesta.

Vales más que cualquiera que te diga que no puedes hacerlo.

Tú vales más que el qué dirán. Vales más que una mañana de resaca triste con botella de agua e ibuprofeno. Vales más que un «si lo sé no salgo».

Tú vales más que avergonzarte de tus errores y que esconderte de tus miedos.

Tú vales más que no cumplir tus sueños, que no tener expectativas. Tú vales más que un cigarro sin fumar y que una cama sin edredón.

Tú vales más que un gin sin su tónica y que un tequila sin limón.

 

Con el paso de los años

Pasan los años, creces y te das cuenta de las cosas.

Empiezas a darle importancia a eso que antes no tenía ninguna.

Entiendes todo aquello que un día te explicaron, pero que aún no comprendías.

Aprendes a disfrutar de la vida y entiendes que antes no lo hacías.

Cada vez te importa menos lo que otros opinen de ti, y más lo que opines tú de ti mismo.

Los días pasan y el tiempo vuela muy deprisa.

Se van cosas muy buenas, pero aparecen otras mejores.

Que no te dé miedo el cambio, porque siempre puede sorprenderte.

 

Me gustaría…

Me gustaría ser el estribillo de tu canción favorita, el timón de un barco sin rumbo buscando cualquier puerto cercano o ese no sé qué, que qué sé yo.

Me gustaría ser lo que a veces buscan y no encuentran, la excepción que rompe las reglas.

Me gustaría ser esa mirada que se mantiene, que se queda, que te cambia.

Me gustaría ser quien quiero ser, y entonces yo misma ya sería suficiente.

 

¿Felicidad?

Cómo se puede disfrutar tanto en tan poco tiempo.

Cómo se puede vivir tan rápido, tan deprisa hasta desear que el tiempo se pare e inmortalizarlo para siempre.

Quiero que esta sensación nunca se vaya, que no desaparezca.

Me gustaría sentirme así para el resto de mis días.

No sé si esto es lo que muchos llaman felicidad, pero tenga el nombre que tenga, no la quiero dejar escapar jamás.

 

Pensamientos nocturnos

En estas noches que no puedo dormir me da por pensar. Me cambio mil veces de posición, saco la pierna y la pongo por encima del edredón y luego la vuelvo a meter. Entonces mi mente empieza a desvariar. A lo mejor es por el cansancio de todo el día o por la tibia luz de la noche, pero a estas horas me da por inventar. Pienso en el tiempo, en lo rápido que pasa, e inevitablemente una sensación de angustia se apodera de mí.

No somos eternos, por eso debemos vivir y amar con gran intensidad. Para que, aunque el tiempo pase, los momentos que vivamos se conviertan en inolvidables y seamos, aunque sea por un instante, inmortales.

 

Buen camino

Llevábamos un tiempo queriéndolo hacer. Todo el mundo nos decía que era un viaje que merecía la pena, pero por pereza o por excusas nunca nos decidimos a organizarlo, hasta que por fin lo hicimos y entendimos el porqué.

No te puedo decir qué es lo que se siente. Hay personas que lo hacen por fe, otras porque les gusta el senderismo y el deporte, y otras simplemente por pasárselo bien.

Es cierto que vives momentos duros, que el cansancio forma parte de ti durante todo el camino y que la mochila cada día es más pesada. Pero aún pesa más cada sonrisa que hace que merezca la pena.

La gente viene de todas partes del mundo dispuesta a peregrinar hasta Santiago. Durante el trayecto conoces historias y razones de por qué hacen el camino. Oírlas te pone los pelos de punta y te hace ver lo importante que es para muchas personas y lo que puede llegar a significar para ti.

Las palabras «buen camino» te acompañarán siempre. Tampoco olvidarás a esas pandillas que te ven cansado y te ofrecen su ayuda de manera totalmente altruista, d

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