El caso del tesoro olvidado (Serie Los BuscaPistas 9)

José Ángel Labari
Teresa Blanch

Fragmento

cap-1

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Pepa Pistas y Maxi Casos fueron los primeros en llegar a la clase. Detrás de ellos entró el resto de compañeros en pelotón. Era viernes y, además de alborotados, estaban completamente empapados. En el exterior llovía a raudales.

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—No podremos salir al recreo...… —suspiró Pepa observando la tormenta a través de la ventana.

Maxi tiró del brazo de su amiga para que se sentara.

—Tengo que mostrarte algo...… —dijo, y rebuscó en su mochila hasta sacar un espantoso cuaderno con las tapas repletas de corazones de color rojo chillón.

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—¿Qué es eso?

—Mi diario —aclaró Maxi.

Pepa levantó una ceja.

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¿Desde cuándo tenía uno...?

—Venía con el suplemento dominical del periódico de Basketville —explicó—. Mamá me dijo que sería bueno que empezara a escribir uno.

—¿Para qué? —Su amiga no daba crédito. Jamás le había mencionado el diario, y se suponía que entre ellos no había secretos. ¿O sí?

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—Para mis secretos.

¡Pues sí, los había!

Pepa arrugó la nariz enfurruñada, ¡no esperaba semejante respuesta! Y cuando se disponía a quejarse, Luci Crespas y Cristina Lio asomaron sus cabezas desde la mesa de atrás.

—¿Zecretos? —se interesó Luci.

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—Sí, pero lo que quiero que veáis es lo que guardo dentro —respondió Maxi, logrando captar la atención de las tres niñas. Lo abrió lentamente y...— ¡Tachán! ¡El último cromo para completar mi colección de Detectives y sabuesos!

Lo levantó por encima de sus cabezas para que pudieran verlo bien. ¡Era el cromo número 100! ¡Del que solo se habían impreso cinco únicas copias y en el que aparecía el famoso detective Lupita con una pista para completar su caso!

—¿Cómo lo has conseguido? —Pepa estaba boquiabierta.

—Verás, ayer en el supermercado de mi madre...

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Un portazo interrumpió la conversación.

El golpe sobresaltó a Maxi de tal manera que se le escapó el cromo de las manos y fue a parar junto a los pies sucios de barro de la señorita Ling, que acababa de cruzar la puerta.

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Y entonces, sucedió la catástrofe...

¡La señorita Ling pisó el cromo número 100!

—¡Noooooo! —gritó Maxi.

La profesora se detuvo y lo observó con semblante serio.

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—¡Menudo recibimiento! —exclamó mientras se rascaba la espalda nerviosamente—. Vengo del despacho de la señora Rodeo, me ha contado...

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La señorita Ling anduvo unos pasos hasta su mesa, sin dejar de rascarse. Pepa, Maxi, Luci y Cristina eran incapaces de levantar la vista del suelo, ¡el cromo había quedado hecho un asco! La clase permanecía en el más absoluto de los silencios.

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—… que durante la semana que me he ausentado, habéis vuelto majareta al profesor Crispín, mi sustituto, y se marchó antes de tiempo. ¿Tenéis algo que decir?

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Un chillido rompió el silencio.

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Todas las miradas se volvieron hacia Maxi. De su capucha acababa de asomar la cabeza del pequeño Mouse.

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—¡Sabes de sobra que no se pueden traer mascotas a la escuela! —La señorita Ling tomó aire, se dirigió a la puerta y la abrió invitándolo a salir—. ¡Recoge tus cosas y ve enseguida al despacho de la señora Rodeo!

—No aprenderás nunca... —susurró Pepa.

—Encárgate de recuperar mi cromo. —Dicho esto, Maxi guardó su diario en la cartera y se dispuso a ir al despacho de la directora.

Al llegar, encontró la puerta entreabierta. La señora Rodeo paseaba de un lado a otro. Hablaba con un tipo vestido con gabardina y sombrero. Estaba de espaldas a la puerta y Maxi no podía distinguir su cara, pero escuchó parte de la conversación.

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—Le agradeceré muchísimo que se encargue usted de todo, inspector... —La señora Rodeo soltó una risa nerviosa.

—Llámeme Romeo —corrigió el

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