Un viaje del revés (La diversión de Martina 8)

Martina D' Antiochia

Fragmento

cap-1

¿Hay alguien a quien no le guste viajar?

Es decir, ¿existe alguien en el MUNDO ENTERO a quien no le guste visitar lugares exóticos, vivir aventuras y conocer gente nueva e interesante?

A mí, por ejemplo, me ENCANTA VIAJAR. Aun así..., aun así..., quizá esta vez habría preferido no acabar EN LA OTRA PUNTA DEL PLANETA sin dinero y sin modo de regresar a casa, poniéndonos en peligro, teniendo que colarnos en uno de los edificios más famosos del mundo POR CULPA DE QUIÉN SABE QUÉ MAGIA EXTRAÑA.

Es que a mis amigos y a mí nos ha vuelto a ocurrir una cosa muy rara. Más que rara, extraordinaria.

¿Que por qué siempre nos ocurren estas cosas a nosotros? No lo sé. Quizá seamos gafes. Quizá es porque a mis amigos y a mí nos gusta vivir aventuras. Si no nos gustara y no nos tiráramos DE CABEZA a cualquier cosa un poco interesante que ocurre en nuestra vida, entonces viviríamos más tranquilos, seguro.

Aunque qué aburrido sería, ¿verdad?

Todo ha empezado con una obra de teatro. En clase de lengua estos días hemos estudiado la literatura popular. Es decir, los cuentos, las leyendas y todas esas cosas..., pero para que las clases fueran un poco más divertidas, nuestro profe de lengua nos hizo una propuesta: ESCRIBIR UNA OBRA DE TEATRO PARA TRABAJAR VARIAS LEYENDAS A LA VEZ.

Como era de esperar, todos los de la clase dijimos: «¡SÍ, SÍ, POR FAVOR!» (cualquier cosa antes de pasar horas en clase muertos de aburrimiento...). Ha sido un proyecto muy guay porque hemos tenido que buscar cuentos y leyendas de alrededor del mundo y luego elaborar un guion, preparar los decorados...

También ha sido genial porque, después de hacer un casting, ¡me eligieron a mí para hacer el papel de la exploradora protagonista! (cualquier papel me habría gustado porque la obra está MUY BIEN, pero, bueno, puestos a elegir...). De hecho, TODOS estábamos supercontentos porque a Hugo le tocó ser el mago que ayuda a la exploradora (es decir, a mí) a preparar su viaje por el mundo; a Lucía la eligieron para ser Caperucita Roja, y a Sofía, para ser el lobo del cuento de la Caperucita. Incluso Nico se sentía feliz al no tener que hacer ningún papel (dijo que actuar le da una vergüenza TERRIBLE, y eso que él siempre es muy payaso...), así que ha sido el encargado de preparar y pintar los decorados.

Total, que todo este lío ha empezado hoy, cuando estábamos ensayando en el auditorio. Es que en mi escuela hay un auditorio gigantesco que se usa para hacer obras de teatro, para los festivales... Es tan grande (cabemos de sobra todos los alumnos de todos los cursos) que a veces hasta lo ceden para hacer actuaciones del barrio.

Yo: BUENO, BUENO HA SIDO MUY INTERESANTE CONOCER LA HISTORIA DE CAPERUCITA Y DE ESTE TERRIBLE LOBO...

He dicho paseándome a grandes zancadas por el escenario. Eso es lo que hay que hacer en un teatro: hacer gestos superexagerados, gritar mucho para que todos te oigan.

Yo: PERO AHORA TENGO QUE MARCHARME A OTRO LUGAR...

En el escenario también estaban Sofía, con unas orejas de lobo de pega en la cabeza; Lucía haciendo de Caperucita; Hugo, en su papel de mago, e incluso Nico, que hacía de apuntador (el apuntador es muy importante durante los ensayos. Es el que tiene el guion y te chiva las frases si se te olvidan).

Hugo: No te olvides, exploradora, de tu brújula encantada. ¡Sin ella, te quedarás aquí atrapada!

Ya sé que el guion de la obra es un poco raro, pero decidimos que nuestras frases debían rimar, porque es una cosa muy de cuento que el texto rime.

Sofía (supermotivada haciendo de lobo): ¡¡¡GROOOOOOAAAAAAAAAR!!! ¿Ahora te vas, después de fastidiarme la merienda? Ahora...

Sofía se ha quedado muda, muy quieta.

Sofía: Ahora... ¿Ahora qué, Nico?

Yo: Pero ¿todavía no te lo sabes? ¡Hace semanas que ensayamos y todavía no te sabes el texto!

Le he dicho un poco molesta.

Sofía: ¡Mañana me lo habré aprendido seguro!

Me ha contestado con cara de indignada. (¡QUÉ MORRO TIENE! ¡ELLA, INDIGNADA!).

Lucía: Pues más te vale, porque, si no, nos harás quedar fatal.

Sofía: Sí, sí, me lo aprenderé seguro...

Nico le ha susurrado las palabras a Sofía y ella ha dicho:

Sofía: ¿Ahora te vas, después de fastidiarme la merienda? Entonces, ¿qué comerá el menda?

¡Por fin ha conseguido decirlo bien! Yo he dado un paso hacia Sofía. En la obra, mi personaje, la exploradora, llega justo en el momento en que el lobo se va a comer a Caperucita y la salva...

Lucía: ¡Pues tendrás que comerte una ensalada, porque si intentas comerme a mí, te daré una patada!

Sofía: ¡¡¡GROAORRROAORRR!!! ¡Habrase visto! ¡Un lobo vegetariano! ¡Esto no puede ser! ¡Ahora veréis!

En ese momento, he agarrado la brújula (una brújula imaginaria, porque no teníamos ninguna de verdad) y Sofía, haciendo de lobo, ha comenzado a perseguirnos, y al final hemos acabado todos corriendo en círculos en medio del escenario.

Yo: ¡Brújula, brújula maravillosa! ¡Ayúdame a poner pies en polvorosa!

No hemos parado hasta oír un montón de aplausos y silbidos que venían del patio de butacas. Allí estaban el resto de nuestros compañeros de clase y nuestra profesora de lengua, la señorita Thomson, que se ha puesto de pie enseguida:

Profesora Thomson: ¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Excelente! Ahora, Sofía, Lucía, podéis descansar, y que suban al escenario los actores de la siguiente escena, que es la de...

Nico, claro, que tenía el guion en las manos, le ha dicho:

Nico: La fábula del cuervo y la raposa, profesora Thomson.

Profesora Thomson: ¡Exacto! ¡Venga, venga! ¡Todos al escenario!

Ha dicho dando palmadas para que nos diéramos prisa. Los únicos que nos hemos quedado en el escenario hemos sido Hugo y yo...

Sí, lo sé.

Sí.

Sí, Hugo y yo.

Sí. Me acuerdo perfectamente de qué ocurrió entre Hugo y yo estas Navidades pasadas... Eso del regalo (es decir, que yo le compré un regalo y no me atrevía a dárselo, y resultó que al final él también me había comprado un regalo y ENTONCES, ENTONCES... FUE SUPERBONITO PORQUE EMPEZÓ A NEVAR Y HUGO Y YO...

HUGO Y YO NOS...

nos besamos.

Todavía siento mariposas en el estómago y, A LA VEZ, un poco... No, un poco no, sino mucha, montañas, trillones de toneladas de VERGÜENZA.

Con esto quiero decir que no nos hemos vuelto a besar. Ni siquiera hemos HABLADO DE ELLO.

No nos hemos peleado ni nada. En realidad, cuando nos hemos quedado solos en el escenario, Hugo y yo nos hemos mirado y hemos sonre

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