Educar para una sociedad más justa

Daniel Filmus
Carina V. Kaplan

Fragmento

Animarse a imaginar

Imaginemos una Argentina donde absolutamente todos los chicos y chicas egresan de la escuela secundaria. Una Argentina donde egresar no solo significa obtener un certificado sino haberse apropiado de los saberes y valores necesarios para continuar los estudios superiores o ingresar dignamente al mercado de trabajo de acuerdo con su vocación e intereses.

Una Argentina donde estos aprendizajes les permiten participar más activamente, más críticamente de la construcción de una sociedad y un sistema político profundamente democrático, y desarrollar una ciudadanía integral.

Una Argentina donde no importa de qué hogar provienen estos jóvenes, porque hasta los más humildes, los que viven en las regiones más lejanas, pueden obtener una calidad de educación similar a quienes provienen de hogares con mayores recursos.

Una Argentina donde los más pequeños, especialmente los más humildes, pueden ingresar tempranamente al sistema educativo y desarrollar en el nivel inicial las capacidades y competencias que les permitan acceder a la escuela primaria en una verdadera igualdad de oportunidades.

En esta construcción imaginaria estos chicos concurren a una escuela primaria que tiene jornada extendida o jornada completa y por ello disponen del tiempo necesario para aprender las disciplinas básicas, pero también un segundo idioma y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación imprescindibles para su futuro. En esta escuela también tienen derecho a una formación que les permite desarrollar toda su potencialidad artística y la educación física.

En este país que imaginamos los padres eligen la escuela de gestión pública porque así lo prefieren, no porque no tienen recursos para ir a una de gestión privada, y están orgullosos de su decisión. Los padres que eligen la escuela de gestión privada lo hacen porque están de acuerdo con su ideario pedagógico social, con sus valores o convicciones religiosas y no porque huyen de la pública desconfiando de su calidad, y también están orgullosos de su decisión.

Imaginemos un país sin analfabetos, sin ninguna persona que no sepa leer y escribir, y donde todos los jóvenes y adultos tienen la posibilidad de educarse a lo largo de toda la vida porque necesitan adaptarse a un mundo del trabajo cada vez más cambiante, o simplemente porque quieren superarse o les gusta.

Imaginemos que para educar con calidad hizo falta haber contado con maestros y profesores jerarquizados, que tuvieron condiciones de trabajo y salarios dignos. Docentes con sólida formación de base y con posibilidades de capacitarse gratuitamente a lo largo de toda su carrera profesional. Docentes apasionados por el conocimiento, la lectura y las ciencias, y dispuestos a transmitir esa pasión a sus alumnos.

También podemos animarnos a imaginar escuelas fuertemente participativas, rodeadas y abrazadas por los padres y por la comunidad que las rodea. Ellos participan de la elaboración del proyecto institucional y apoyan a sus maestros en la tarea de enseñar.

Escuelas que no son comedores porque las familias tienen trabajo y hay comida en casa, y porque hay políticas integrales que contemplan la salud y la atención social.

Y ya que estamos imaginando, por qué no pensar que en esta Argentina del futuro los medios de comunicación trabajan codo a codo con la escuela para transmitir valores que promueven una cultura del respeto, la paz, la no discriminación y la solidaridad.

Podríamos seguir alimentando estos sueños, pero hacemos un alto aquí porque por momentos parece que una Argentina con estas características es imposible, que estamos hablando de otro país.

¿Es que por alguna extraña razón nosotros no podemos incorporarnos a las naciones que han logrado estos objetivos? ¿Es que nuestros niños y jóvenes no se merecen vivir en una sociedad donde la democratización del acceso al saber se convierta en la base de una sociedad más desarrollada y más justa?

¿Nuestros sueños como país están condenados a quedar en eso, en sueños?

No siempre fue así. La historia nos muestra que sobre mediados y fines del siglo XIX, en esta alejada región del mundo algunos argentinos imaginaron que era posible construir otro país a partir de la educación. No había escuelas, tampoco había maestros, ni siquiera había población suficiente para llevar adelante la empresa. Pero miraron con esperanza al futuro. Por eso sancionaron en 1884 la ley 1420, la primera ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica. Sobre esta base, a partir de mediados del siglo XX se comenzó a desarrollar un proyecto de Nación inclusivo que nos convirtió en el país más igualitario de la región.

Esos argentinos que soñaron con la educación como pilar del crecimiento tuvieron éxito. Y a pesar de los esfuerzos de los gobiernos dictatoriales y de las políticas neoliberales que desestimaron a la educación y a la ciencia y la tecnología para el crecimiento, la Argentina a partir de 2003 vuelve a plantear que la educación es su principal estrategia de desarrollo.

Ojalá que los legisladores acompañen nuestros sueños. Para cumplirlos es necesario que todas las fuerzas políticas confíen en la educación como motor de un modelo de desarrollo con crecimiento y justicia social. Estoy seguro de que si somos capaces de elaborar y sostener políticas educativas inclusivas y de calidad a largo plazo, sea cual fuere el color de los gobiernos de turno, nuestros sueños serán cumplidos.

Discurso pronunciado por Daniel F. Filmus

el 16 de noviembre de 2006 durante la presentación de la

Ley de Educación Nacional en Casa de Gobierno.

PRÓLOGO

Educación para todos

Por Bernardo Kliksberg*

¿Cuál es el mejor predictor de las posibilidades de desarrollo sostenido de un país en el siglo XXI? Según Thomas Friedman, premio Pulitzer de The New York Times, es, sin duda, la calidad del sistema educativo.

Afirma Friedman: “Si usted quiere saber cómo se desempeñará un país en el siglo XXI, no se base en sus reservas petrolíferas o en sus minas de oro, tenga en cuenta sus maestros altamente efectivos, sus padres involucrados y sus estudiantes comprometidos” (The New York Times, 11 de marzo de 2012).

En un siglo totalmente basado en el conocimiento, “conocimiento intensivo”, el futuro de las personas, de las familias y de las naciones está cada vez más vinculado a lo que logren en materia educativa.

Países con limitadas o casi inexistentes materias primas estratégicas pero un potente sistema educativo como Finlandia, Cor

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