Niña morena sueña

Jacqueline Woodson

Fragmento

12 de febrero de 1963

Nací un martes, en el Hospital Universitario

de Columbus, Ohio,

Estados Unidos

un país atrapado

entre el Blanco y el Negro.

Nací no mucho tiempo después de la época

ni muy lejos del lugar

en que

mis tatarabuelos trabajaban

la tierra de honda riqueza

sin libertad

de sol a sol

sin pago

bebían agua fría en calabazas vaciadas

miraban hacia arriba y seguían

en las constelaciones celestes el resplandor

de la libertad.

Nací cuando el Sur estallaba,

demasiada gente durante demasiados años

esclavizada, luego emancipada

pero sin libertad. La gente

como yo

no dejaba de luchar,

ni de marchar

ni de morir

para que hoy,

12 de febrero de 1963

y cada día a partir de ese día,

los niños morenos como yo pudieran crecer

libres. Pudiéramos crecer

aprendiendo, votando, caminando y paseando

como y donde nos diera la gana.

Nací en Ohio, pero

las historias de Carolina del Sur corrían ya

como ríos

por mis venas.

el segundo día en la tierra de la segunda hija

Mi acta de nacimiento dice: hembra negra

Madre: Mary Anne Irby, 22 años, negra

Padre: Jack Austin Woodson, 25 años, negro

En Birmingham, Alabama, Martin Luther King Jr. está organizando una marcha a Washington, donde

John F. Kennedy es presidente.

En Harlem, Malcolm X está parado en una tribuna improvisada hablando de revolución.

Fuera de la ventana del Hospital Universitario

la nieve cae lentamente.

Mucha cubre ya el vasto suelo de Ohio.

En Montgomery, solo han transcurrido siete años desde que Rosa Parks se negó

a ceder su asiento

en un autobús urbano.

Nací morena, de pelo negro

y ojos muy abiertos.

Nací negra aquí y de color allá

y en otro lugar

Los Freedom Singers

se han tomado de los brazos,

su protesta se eleva en un canto:

En el fondo de mi corazón creo

que un día venceremos.

y en otro lugar, James Baldwin

escribe sobre la injusticia, y cada novela suya,

cada ensayo cambia el mundo.

Todavía no sé quién seré

qué diré

cómo lo diré…

Ni siquiera han pasado tres años desde que una niña morena

llamada Ruby Bridges

entró a una escuela solo para blancos.

Unos guardias armados la rodearon mientras cientos

de personas blancas la escupían y la insultaban.

Ella tenía seis años.

No sé si seré tan fuerte como Ruby.

No sé cómo será el mundo

cuando finalmente pueda caminar, hablar, escribir

¡Otra buckeye!

¡Otra castaña de Ohio!

le dice la enfermera a mi madre.

Ya me dan un nombre de oriunda de este lugar:

Ohio, el Estado del Castaño.

Cierro mis puños automáticamente.

Así lo hacen, dice mi madre,

todos los bebés.

No sé si esas manos se convertirán

en las de Malcolm, alzadas con el puño cerrado

o en las de Martin, abiertas y solícitas

o en las de James, empuñando una pluma.

No sé si esas manos serán

las de Rosa,

o las de Ruby

finamente enguantadas

cruzadas sobre el regazo

decididas y en calma

en un escritorio,

sosteniendo un libro

dispuestas

a cambiar el mundo…

una niña llamada jack

Ha sido un buen nombre para mí, dijo mi padre

el día en que nací.

No veo por qué

ella no puede llamarse así también.

Pero las mujeres dijeron que no.

Mi madre primero.

Luego cada tía, halando mi cobija rosada,

acariciando la cosecha de mis rizos copiosos

tirando de mis dedos nuevecitos,

acariciándome las mejillas.

Ninguna niña nuestra se va a llamar Jack, dijo mi madre.

Y las hermanas de mi padre murmuraron:

Con este Jack ya tenemos suficiente.

Pero de modo que solo mi madre oyera.

Llamen Jack a una niña, dijo mi padre,

y aunque no quiera

tendrá que crecer fuerte.

Si uno la educa bien, dijo mi padre,

hará suyo ese nombre.

Nombra a una niña Jack

y la gente la mirará dos veces,

dijo mi padre.

Por la sencilla razón de que se estarán preguntando

si sus padres estaban locos, dijo mi madre.

Y así siguió el tira y encoge hasta que quedé Jackie

y mi padre se fue furibundo del hospital.

Mi madre les dijo a mis tías:

Pásenme ese bolígrafo, y escribió

Jacqueline en donde pedían el nombre.

Jacqueline, no vaya a ser

que a alguien que conozco se le ocurra omitir la i y la e.

Jacqueline, solo en caso

de que yo creciera y deseara algo un poco más largo

y diferente de

Jack.


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