Historias imposibles

Fragmento

cap-1

Tienes en tus manos 50 historias imposibles que sucedieron de verdad y tú eres el encargado de descubrir qué pasó en cada una de ellas. ¿Que cómo lo vas a hacer? ¡Muy fácil! Déjate llevar por tu imaginación, ponte la gabardina de detective y sigue estas sencillas instrucciones:

LAS HISTORIAS Cada historia se encuentra dividida en dos partes: el enunciado y la resolución. Presta atención al enunciado y empieza a resolver el enigma. ¡No leas la resolución si pretendes resolver el misterio por ti mismo! En esa segunda parte se detalla qué sucedió en la historia y por lo tanto se da la respuesta.

LAS PISTAS Si no estás muy inspirado ese día o la historia es más imposible de lo que pensabas, lee la pista que encontrarás en la página siguiente. Sé muy observador y fíjate bien en todas las palabras, tanto del enunciado principal como de la pista. Los dibujos que los acompañan también te pueden ayudar. ¿Cómo? ¿Que no encuentras la solución ni con la pista? Ay, madre mía...

LAS NOTICIAS ¿Pensabas que nos las habíamos sacado de la manga? Son historias imposibles, no inventadas. Al final del libro vas a encontrar los titulares de todas las noticias pero, ¡OJO!, la mayoría revelan el misterio, así que ¡no mires si no quieres echar a perder el enigma!

LO MÁS IMPORTANTE Diviértete. Juega como te apetezca pero diviértete, que de eso es de lo que se trata.

¡A JUGAR!

cap-2

PISTA: Como el ramo estaba muy visto el fotógrafo propuso un atrezo más original

Un fotógrafo italiano quiso ir un paso más allá en el noble arte de las fotos de boda. Cansado de las típicas instantáneas de recién casados, decidió sustituir el ramo de flores y los anillos de los novios por un par de pistolas y unas escopetas de caza. En el momento de inmortalizar la imagen la cámara del fotógrafo no fue la única que se disparó, y una de las armas de la pareja encuadró a la perfección la cabeza del retratista con una bala.

cap-3

PISTA: El perro era demasiado pequeño y se escurrió
entre los barrotes del balcón

La familia Montoya se marchó de vacaciones dejando encerrado en su piso de Buenos Aires al pobre Sparky, un perrito pequinés. Aburrido de estar en casa, el chucho decidió salir al balcón, con tan mala pata que resbaló y acabó precipitándose al vacío desde el decimotercer piso, precisamente cuando una anciana paseaba justo por debajo del balcón de la familia Montoya. El impacto perruno sobre la cabeza de la pobre mujer la dejó inconsciente. Mientras Sparky se iba de la escena vivito y coleando, la gente de la calle corrió a socorrer a la anciana, pero no pudieron hacer nada por ella. Tampoco tuvo la suerte de cara una de las auxiliadoras. Más bien lo que tuvo de frente fue el coche que la atropelló en el momento en que cruzó la calle para ir a ayudar a la ancianita. Finalmente, por si el espectáculo no fuera ya bastante grotesco, un anciano que había presenciado desde el principio la cadena de infortunios se desmayó por la impresión, y el caos inundó la calle.

cap-4

Pista: Los pasajeros que llegaron al manicomio no eran los mismos que empezaron el trayecto

En su ruta habitual como chófer del manicomio del condado, Randy Hubbs notó la garganta más seca de lo normal, así que decidió hacer un breve alto en el camino para remojar el gaznate. Mientras el conductor saciaba su sed en un bar, los pacientes aprovecharon para colmar sus ansias de libertad saliendo del autobús y desperdigándose por todo el pueblo. Cuando el conductor regresó al vehículo, lo encontró totalmente vacío. El tiempo apremiaba y Randy, hombre práctico sin lugar a dudas, encontró la solución a su problema: si el manicomio del condado quería pacientes, tendría pacientes. Condujo el autobús hasta la primera parada que encontró, abrió las puertas y dejó que la gente del pueblo se subiera. Con el vehículo lleno de nuevo, puso el motor en marcha rumbo al manicomio. Al llegar al centro, Randy tuvo la prudencia de alertar al personal sanitario de que los pacientes del día estaban un pelín alterados.

cap-5

PISTA: Después de recuperar su sombrero, William olía muy mal

La mañana en que William Middleton salió a dar un paseo el viento azotaba las calles de Aberdeen. Para protegerse de la ventisca, el buen hombre se lanzó a la intemperie vistiendo un cálido sombrero que le suplía la falta de pelo. A medio camino el sombrero sucumbió al viento, despegó de la calva de William y, volando unos metros atrás, acabó aterrizando con excelente maestría por la única ranura que ofrecía la tapa de un cubo de basura. El hombre no se amedrentó y reclinó medio cuerpo dentro de la misma boca del contenedor para recuperar su sombrero volador. La operación parecía completarse con éxito pero, cuando William quiso retirar la cabeza del pestilente espacio, no pudo hacerlo. Se quedó atascada. Media hora más tarde los bomberos de Aberdeen tuvieron que serrar aquel contenedor para salvar la cabeza del señor Middleton, así como su sombrero.

cap-6

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