Arquitectura de una boda

Bárbara Diez

Fragmento

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Qué difícil es escribir. Hace más de veinte años, sin darme cuenta, empecé este viaje hacia el mundo de las bodas y eventos. Todo comenzó con la organización de mi propio casamiento. Me aburren los típicos casamientos. El cocktail de recepción de una hora y media, todos de pie e incómodos; las mesas redondas, formales y asignadas para diez invitados; el lomo argentino con guarnición de papa; el vals. Y ahí entra la torta de bodas y van las solteras en fila india a tirar de su cintita para ver cuál será la próxima cenicienta en encontrar a su príncipe. Todavía falta el brindis, que la novia tire el ramo y el carnaval carioca con cotillón de frutas tropicales para las cabezas.

No pensaba someterme a este rally. Trabajaba  todo  el  día  en una punto

com y ya era madre de Manuela, quien por ese entonces tenía tres años y medio. La decisión de casarnos trajo aparejado un nuevo trabajo: había que organizar el casamiento. Un té por la tarde en una estancia era el marco ideal para invitar solo afectos y el mínimo de compromisos. No significaba un gasto desmedido y nos brindaba el entorno familiar que buscábamos. No por eso menos impecable. Todo estuvo pensado, organizado, coordinado y aceitado. Me gustan las cosas simples y creo a ultranza en la frase “menos es más”. Me gusta organizar con mucha conciencia, deteniéndome en cada paso, pensando alternativas, adelantándome a imprevistos. Me gusta construir desde cero y pensar un casamiento como la construcción de una casa. Y así nosotros construimos nuestro propio té de casamiento.

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Una tarde soñada del 4 de noviembre de 2000, a las 15:30, caminaba hacia el altar tomada de la mano de mi hija, Manuela. Te extrañé ahí, papá. Y todo salió como lo planeamos. Juegos de té antiguos, el arpa y el violín que acompañaban esa tarde de magia mientras el sol se iba poniendo. Las risas se multiplicaron sin necesidad de videos y pantallas, homenajes, shows de bandas en vivo ni torta de bodas. Nuestra ceremonia y fiesta hablaron de nosotros. Y ese es el secreto.

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