Familias sin plástico

Marion de La Porte

Fragmento

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Me llamo Marion, soy francesa y vivo en Bilbao desde 2009. Hace siete años mi marido Diego y yo empezamos una transición cuya meta era reducir al máximo nuestro consumo de plástico.

Esta idea no surgió de la nada. Unos meses antes había conocido a Javier Barrios, militante ecologista como yo y con quien en 2014 fundé la página web www.sinplastico.com.

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Con este proyecto queríamos ayudar a la gente a reducir su consumo de plástico. Entonces era un objetivo bastante fuera de lo habitual. El tema de la contaminación por plástico no era tan mediático como hoy, y en España no existía ninguna tienda ni ningún blog específicamente dedicados a productos con los que sustituir este material y consejos para vivir sin plástico.

Javier llevaba años, desde el nacimiento de su primer hijo, intentando reducir el uso del plástico. Tenía muchas dificultades para encontrar materiales alternativos, así como para relacionarse con personas que estuvieran en el mismo proceso con las que pudiera compartir ideas y trucos.

Cuando conocí a Javier, yo ya era muy consciente de que donde se generaba y concretaba mi impacto social y medioambiental era en el acto de consumo, y de que era también en ese acto donde residía la mejor herramienta para poder influir de manera positiva en el proceso de «cambiar el mundo» y participar en él.

Llevo muchos años convencida de que nuestras compras cotidianas validan el comportamiento de las empresas que producen y comercializan lo que consumimos. Dejar de consumir algo porque no estamos de acuerdo con su origen, con las condiciones sociales o medioambientales de su fabricación o con su envasado es una manera muy eficiente de expresar que queremos productos más respetuosos con la naturaleza y las personas.

Pusimos en marcha nuestro proyecto en 2012, y después de año y medio de investigación y trabajo de catálogo abrimos nuestra web. Los primeros años fueron largos e intensos a la vez. Sabíamos que existía una necesidad y que el tema de la contaminación plástica acabaría llamando la atención de la opinión pública, pero nos hizo falta mucha paciencia y fe, porque al principio nos costó encontrar nuestra comunidad. Poco a poco, el proyecto encontró su público y empezó a crecer.

Hoy en día contamos con miles de seguidores y clientes. Tenemos una comunidad cada día más numerosa: somos ya muchas las personas que estamos en el camino de reducir el uso del plástico.

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EL PLÁSTICO ES FANTÁSTICO

No, la correctora del libro no se ha dejado ninguna errata. Repito: el plástico es fantástico.

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El plástico es un material muy maleable al que se le puede dar el color, el grosor, la textura y el olor que se desee. Es muy duradero y además extraordinariamente barato. Es un material excelente para muchos usos y aplicaciones, como, entre otros, la electrónica, la electricidad o el transporte. El plástico nos permite, por ejemplo, tener casas o vehículos más seguros, cómodos y eficientes.

El problema del plástico no es el plástico en sí, sino el uso que hacemos de él. Lo estamos usando como si fuera un material inofensivo, como si no tuviera impacto en el medio ambiente y como si fuéramos capaces de gestionarlo cuando se convierte en residuo. Pero la realidad es que casi la mitad del plástico que fabricamos se utiliza una sola vez y, en la mayoría de los casos,[1] durante un tiempo extremadamente corto en comparación con el que permanecerá en la Tierra contaminándola.

La intención de este libro no es demonizar el plástico, sino ayudarte a entender cuál es su problemática y acompañarte en el proceso de empezar a usarlo únicamente cuando realmente sea necesario.

NI POSTUREO NI VIDA PERFECTA: NORMAL COMO TÚ

Me parece importante dejar una cosa clara: soy una persona normal. Y esto es fundamental porque lo que quiero transmitir en este libro es que la vida que llevo con mi familia no es una vida de revista.

La nuestra es una vida corriente. Mi familia es como la de los demás: tenemos trabajos y sueldos dentro de la normalidad, y nuestro día a día seguramente se parece bastante al de muchas otras familias españolas. Llevamos a la niña al cole, paseamos al perro, vamos a trabajar, hacemos la compra, ponemos lavadoras y nos pasamos la mitad del día corriendo. Nuestra casa no es un templo minimalista perfectamente ordenado según los principios de Marie Kondo, y de vez en cuando comemos patatas fritas de bolsa.

En el momento en el que escribo este parágrafo me siguen unas cuatrocientas personas en mi cuenta personal de Instagram. El referente para los lectores del libro es mi proyecto empresarial, que cuenta con 43.000 seguidores y es una de las plataformas sobre zero waste con más presencia en España. Digo esto porque si has venido a buscar el libro de la nueva Loren Singer o Bea Johnson,[2] pues esa no soy yo. ¡Ojo! Me encantan estas dos mujeres y sus proyectos. Bea Johnson ha sido una de mis fuentes de inspiración y un modelo para mí desde el principio.

De hecho, cuando me propusieron escribir este libro, lo primero que pensé fue: «¿Qué voy a escribir yo que Bea (Johnson) no haya escrito o dicho antes?». Se lo comenté a mi editora y ella me contestó: «Lo que tú puedes contar es cómo una persona “normal” consigue vivir con naturalidad una vida casi sin plástico desde hace más de siete años». Y eso me gustó. Porque es posible que mucha gente no se atreva a dar el paso y empezar su camino hacia una vida con menos plástico porque le parece que para las personas normales es imposible hacerlo.

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Yo soy una persona corriente, como tú, y con mi familia hemos conseguido reducir la cantidad de plástico que tiramos a la basura un 90 %. Digo 90 %, aunque en realidad nunca hemos pesado, fotografiado ni registrado la basura. Para evaluar los avances que hemos ido haciendo nos hemos fijado sobre todo en el número de veces que bajamos el cubo de «reciclaje» del plástico. Si al principio de nuestro proceso lo sacábamos entre una y dos veces a la semana, ahora el mismo cubo tarda unos tres meses en llenarse, incluso a veces un poco más. Es decir, el plástico de usar y tirar hemos logrado eliminarlo casi del todo, y en cuanto al resto de los objetos, también hemos conseguido «desplastificar» mucho nuestro hogar.

MÁS QUE UN MÉTODO, UN MANUAL

Este libro no pretende ser el «método» para vivir sin plá

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