
Goa y Klaus tenían muuuchas ganas de verse y se frustraron muchísimo cuando sus madres, Julia y Zu (tras consultar sus agendas respectivas), vieron que para hacer algo juntos tendrían que esperar hasta las vacaciones de Semana Santa.
—¿Que qué? —dijo Goa cuando Julia se lo comentó.
—Es que no coincidimos. Cuando ellos pueden, tú estás con papá, y, cuando a nosotros nos va bien, ellos tienen cosas que no pueden anular.
—¡¡¡Pero si falta una eternidad para Semana Santa!!! ¡¡¡Ya os vale!!!
—Goa, entiendo que a ti te gustaría quedar enseguida, pero no puede ser, lo siento. Ya intentaremos compensaros y hacer alguna cosa bien chula cuando lleguen esos días.
—Yo no quiero hacer cosas «chulas», mamá, ¡yo quiero ver a Klaus YA!
—Uy, vaya urgencia… ¿Acaso ha pasado algo?
—Mmm…, da igual… Tampoco cambiaréis vuestros planes…
—Goa, ¿ha pasado algo que tengamos que saber?
—¡Ha pasado que queremos vernos y ya está!
La madre de Goa se dio cuenta, en aquel momento, de que su hija estaba más enamorada de Klaus de lo que ella pensaba, y esto le generó una sensación de ternura e ilusión, pero también de temor al pensar que tal vez pronto llegaría el primer desengaño amoroso.
—Pues lo siento mucho…
Aquel día, Goa subió las escaleras hasta su habitación haciendo más ruido del habitual, marcando cada paso con la fuerza de un elefante. Quería que su madre notara claramente que estaba muy enfadada. Klaus también se enfadó cuando Zu le dijo las semanas que le tocaría esperar antes de ver a Goa, pero, tal como estaban las cosas en casa, no fue tan explícito con su desacuerdo y se limitó a decir:
—¡Falta un montón para las vacaciones! ¡Vaya mierda!
«¿Era posible que el segundo trimestre fuera el más largo y pesado de todos?», se preguntaba Goa, porque, entre no ver a Klaus, el frío que hacía y que no paraba de tener exámenes y trabajos por entregar, el trimestre se le estaba haciendo eterno. Ella no era la única que ya estaba harta de todo; Ana se subía por las paredes. Mientras recogían las cosas después del primer entrenamiento de vóley de aquella semana, ella le dijo:
—¿Cuánto va a durar este invierno? ¡Levantarme temprano cuando todavía es de noche y venir al insti con este frío es lo más parecido a una película de terror! Yo quiero que haga calor y, en plan…, ponerme ya los tops. ¡Y comer helado e ir a la playa! Pero, sobre todo, ¡lo que más quiero es que lleguen las vacaciones, bro!

—Yo sí que quiero que lleguen —dijo Goa.
—Pero tú, por otro motivo… El calor te da igual, ¡tú solo quieres a Klaus! —saltó Ana, burlona.
—¿Tanto se me nota?

—Te conozco como si te hubiera parido, y tu cara, ahora mismo, dice «Klaus, Klaus, Klaus…», tipo…, ¡seguro que marcas cruces en el calendario para contar los días que faltan para que os veáis!
—¿Cómo lo sabes?
—¡Ya te lo he dicho, es como si te hubiera parido! ¡No tienes secretos para tu superamiga, nena!
—Yo también te conozco, ¿eh, Ana? Que no eres la única, y he notado que últimamente no quedas mucho con Laura por las tardes. ¿Qué pasa?
Hacía días que Goa quería hacerle esta pregunta, y ahora había encontrado el momento.
—Ah, nada… Que nos cuesta coincidir, con todas las actividades que hacemos…
—Pero… ¿estáis bien?
—Sííí…, claro que estamos bien —respondió Ana, taxativa, pero en el fondo pensó que, si Goa se había dado cuenta de que ahora ya no era como cuando empezaron, tal vez sí que le pasaba algo con Laura… Entonces, notó una desazón en la barriga.
Terminaron de recoger, se cargaron las mochilas a la espalda y, bien sudadas, volvieron cada una a su casa.

En vista de la insistencia y urgencia de Goa por ver a Klaus, Julia llamó por teléfono a Zu. Tal vez sí que pasaba algo y necesitaban verse de verdad, y ellas no se habían dado cuenta.
—Goa me ha montado un pollo cuando le he dicho que no nos veríamos hasta las vacaciones de Semana Santa. ¡Tela marinera!
—Klaus también se ha enfadado conmigo. Pero como se enfada cada dos por tres, no es novedad…
—Tal vez podríamos intentar que se vean, aunque sea un sábado, sin hacer todo el fin de semana, antes de que lleguen las vacaciones… ¿Cómo lo ves?
—Tampoco falta tanto, ¿no? Quiero decir que tendrán que esperar un mes y basta, no es mucho…
—En realidad, son cinco semanas, y a esta edad, si tienes la urgencia, cinco semanas son una eternidad. ¡La adolescencia y la paciencia no van de la mano!
—Ya, es verdad. Pero ¿ha pasado algo? —Zu pensó que tal vez se había perdido alguna cosa.
—No me ha dicho qué, pero creo que sí. Realmente he tenido la sensación de que NECESITABAN verse…
Julia se sentó en el sofá para estar más cómoda mientras hablaba con su amiga.
—Pues entonces va, intentémoslo… Yo, por ejemplo, este sábado podría llevarlo a tu casa. Marcus tiene partido de fútbol no muy lejos de donde vivís. ¿Te dejo a Klaus por la mañana y lo voy a recoger después de comer?
—Este sábado Goa está conmigo, sería genial. Si queréis, os quedáis por la tarde, cenamos temprano y os vais después.
—Sí, porque el domingo tenemos celebración familiar en casa de mis padres, que el abuelo cumple setenta y tres y estará toda la familia.
—Pues hagamos eso. ¡Estarán muy contentos!
—Ay, mierda, no… Me comprometí a llevar en el coche a otro niño y a su padre. Es otro separado. A veces compartimos coche para ir a los partidos de fútbol porque así es más divertido.
—Uy, ¿¿¿te mola o qué??? —Julia pensaba que tal vez había llegado el momento de que la vida de Zu se animara un poco.
—¡No, qué va! Es más de tu estilo… ¡Ya sabes que a mí me gustan serios y misteriosos, y Pablo Urriaga es más bien divertido y transparente!
—Perdona, ¿has dicho Pablo Urriaga? —Julia no se lo podía creer.
—Sí, ¿por qué? ¿Lo conoces?
—Ostras, no lo sé… De pequeña conocía a uno que iba a mi clase y éramos muy amigos… ¿Qué sabes de él? Tenía una cicatriz en la ceja, de una vez que casi se rompe la crisma al caer por las escaleras del colegio…
—Ahora que lo dices, puede ser que tenga una cicatriz en la ceja, pero no lo sé, tal vez no, ahora no estoy totalmente segura…
—¡Qué fuerte! Como sea él… Me gustaba, bueno, tanto como te puede gustar alguien en primaria… ¡Pero recuerdo que nos enviábamos papelitos con corazones! Ja, ja, ja… ¡¡¡Qué fuerte!!! Me acuerdo de que tenía una hermana un año menor y que él siempre la cuidaba mucho…
—¿Y fuisteis siempre a la misma clase? ¿Hasta cuándo?

—Fue conmigo al cole hasta sexto, pero después se fue de la ciudad y le perdí la pista. Pregúntale si me conoce y, si es él, ¡ostras, venid todos, que será superdivertido! ¡Me encantaría volverlo a ver!
—Qué coincidencia si es él, ¿verdad? Ahora le envío un mensaje. Pues, va, ¡en principio nos vemos el sábado! A ver si cuando se lo diga a Klaus le mejora un poco el humor, porque, chica…, ¡no hay quien lo aguante!
Julia colgó el teléfono, alucinada… ¿Cómo era posible que el mundo fuera tan pequeño y que el niño que había ido con ella a clase ahora compartiera coche con Zu para ir a los partidos de fútbol de su hijo? ¿En serio? ¿Era posible? Tal vez había otros Pablos Urriaga y se estaba haciendo ilusiones. De golpe, le vinieron un montón de recuerdos a la memoria… El Pablo que ella recordaba era un niño del que había sido muy amiga: era divertido, con un gran sentido de la justicia, y lo pasaban muy bien juntos. No le había gustado nada que se fuera de la escuela y le había costado encontrar a otro amigo como él. Todavía seguía pensando en él cuando oyó que se abría la puerta de casa. En cuanto vio entrar a Goa, le dijo…

—¿¿¿Me lo estás diciendo de verdad??? ¿¿¿Este sábado???
—Sí, pero Klaus solo vendrá a pasar el día. No se pueden quedar a dormir porque tienen una celebración familiar el domingo.
—¡Da igual! ¡Pero vendrá! ¿Aquí? ¿El sábado? ¡Qué bien, mamá! ¡¡¡Gracias!!! ¡De verdad! ¡Te quiero hasta el infinito ida y vuelta mil veces! ¡¡¡Eres la mejor!!!
Goa saltaba junto a su madre, gritando y dándole besos fuertes y efusivos en la mejilla.
—¡Caramba, Goa, tendré que decirle a Zu que traiga a Klaus más a menudo a casa, si me dices estas cosas tan bonitas!
—No, mamá, ahora no te imagines cosas… Es solo que Klaus estuvo mal porque tuvo un pollo con su padre y su madre y me lo quiere contar bien. Además, me dijo que necesita que le deje un libro que tengo, y así no lo tendrá que comprar…

