Chicago Boys

Carola Fuentes

Fragmento

PRÓLOGO

PRÓLOGO

«¿Por qué quiso dar esta entrevista?», le pregunté a Sergio de Castro en octubre de 2012, cuando junto a Rafael Valdeavellano estábamos investigando para la realización de nuestro documental Chicago Boys (2015). La misma pregunta le hice a Álvaro Donoso, Alberto Valdés, Sebastián Edwards y Ernesto Fontaine. «Porque mucho se ha escrito sobre nosotros, pero pocos nos han venido a preguntar», me respondió Fontaine. Coincidieron con él los otros personajes, a los que conocimos y grabamos en los cuatro años que nos tomó producir la película.

«¿Por qué quisieron hacer este documental?», nos preguntaron muchas veces desde que lo estrenamos. «Porque mucho se habla de la crisis del modelo económico, pero poco se sabe de la historia de sus creadores», hemos respondido desde ese entonces. La idea surgió en 2011, en medio de una inusual protesta en plaza Ñuñoa. Era una tarde de agosto, de un día de semana cualquiera. De manera espontánea cientos de personas se habían reunido, cacerola en mano, a manifestar su descontento. No eran estudiantes ni activistas medioambientales. No tenían una causa explícita. Simplemente estaban molestos, insatisfechos. «¡Pero si Chile es el mejor país de América Latina! ¡El de mayor crecimiento, el de menor pobreza!», exclamaban algunos, atribuyendo el incipiente movimiento a la influencia de los indignados españoles o al —entonces extraño— efecto de las redes sociales. «¿Qué pensarán los padres del modelo de lo que está pasando?», nos preguntamos esa tarde. ¿Sentirán que algo se les escapó de las manos o dirán que este es un resultado esperado en su plan trazado del camino al desarrollo? «Vamos a preguntarles». Esa fue nuestra primera reacción. Milton Friedman había muerto, pero Arnold Harberger me recibió en su casa en Los Ángeles, California, para una primera y larga entrevista. Fue él quien me presentó a Ernesto Fontaine; luego conocí a Rolf Lüders y a Sergio de Castro. Por mi cuenta llegué a Ricardo Ffrench-Davis y a Carlos Massad.

Horas de entrevistas, con y sin cámara, cientos de documentos, libros, papers y archivos. Un viaje al Hoover Institution, en la Universidad de Stanford, para —con guante blanco— desempolvar cajas y cajas con diarios viejos, cartas, memorabilia de la época y una única y especial copia de El ladrillo, en su versión mecanografiada. También indagamos en metros de películas en Super 8 y una decena de viejos VHS, celosamente guardados en los estantes del CIDOC, un verdadero tesoro histórico de la Universidad Finis Terrae. La investigación fue exhaustiva y el resultado, fascinante. El primer corte de Chicago Boys duraba más de cuatro horas. El proceso de reducirlo a los 85 minutos finales exigió un importante esfuerzo de desapego.

«Este no es un documental sobre economía sino sobre los economistas que decidieron el rumbo de nuestra historia», hemos explicado varias veces. Nos interesaban más sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones que la explicación técnica de sus medidas. Una historia sobre personas y no sobre ecuaciones.

«¿Qué dijeron los Chicago Boys después de ver la película?», nos siguen preguntando hasta hoy. No mucho. Todos fueron invitados al estreno, pero la mayoría prefirió verla por su cuenta. Rolf Lüders asistió a una proyección especial que hicimos en la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Católica, junto al decano y un centenar de alumnos y profesores. En un cordial mensaje posterior nos compartió los comentarios recibidos: «Ha predominado la opinión de que se trata de un trabajo valioso, interesante y ponderado».

Pero no todas las reacciones fueron iguales. En general, los economistas tanto de derecha como de la ex Concertación opinaron que la película se «quedaba corta en hablar de los beneficios que el modelo» había traído para Chile. Enarbolando promedios y comparaciones con otros países de la región, encontraban que el documental era injusto al poner mayor acento en el descontento y la desigualdad que en los éxitos del libre mercado.

Recuerdo con claridad una presentación que hicimos en el CEP. Moderada por Ernesto Ayala, él y algunos de los asistentes nos reclamaron por las imágenes de las protestas: «Son archivos viejos, de cosas que ya no están pasando», nos dijeron. Era diciembre de 2015.

«¿Qué estarán pensando los del CEP?», nos preguntamos con Rafael Valdeavellano el 19 de octubre de 2019.

Doce días antes, el ministro de Economía Juan Andrés Fontaine (egresado de la Universidad Católica y Máster en la Universidad de Chicago) había sido entrevistado en vivo por Matilde Burgos sobre la reforma tributaria propuesta por el gobierno de Sebastián Piñera. Repitiendo al aire la doctrina aprendida en la escuela de Milton Friedman, aseguraba que reducir los impuestos era la mejor herramienta para estimular el crecimiento, el emprendimiento y la calidad de vida de los chilenos.

De pronto, la periodista cambió de tema y le recordó «las caras largas» de los usuarios ante el alza en las tarifas del transporte público, diez pesos en el caso de los buses y treinta en el Metro. Fontaine respondió mediante una breve y pedagógica explicación del mecanismo legal para traspasar alzas de costo al precio final de servicios públicos regulados, materia de la competencia de su ministerio. Para terminar, y con una sonrisa irónica, se permitió una metáfora que quedaría grabada en la memoria de todos los chilenos. Una frase que ha pasado a la historia:

«Alguien que sale más temprano y toma el Metro a las siete de la mañana tiene la posibilidad de una tarifa más baja que la de hoy. Ahí se ha abierto un espacio para que quien madrugue puede ser ayudado».

A millones de usuarios del transporte público el chiste no les hizo la menor gracia.

La frase se tornó viral y se convirtió en trending topic de Twitter. Más aún, se transformó en un aliciente y grito de guerra para los estudiantes secundarios, que esa misma semana comenzaron a movilizarse copando las estaciones del metro y evadiendo los torniquetes.

Al día siguiente, casi como si se hubieran puesto de acuerdo, el ministro de Hacienda Felipe Larraín (también egresado de la Universidad Católica y doctor en Economía de Harvard) dio un punto de prensa en La Moneda para referirse a las alzas registradas en la última cifra del IPC, ofreciendo como compensación «para los románticos, que han caído las flores, así es que los que quieran regalar flores en este mes, las flores han caído un 3,7 por ciento».

En menos de veinticuatro horas las dos figuras más importantes del equipo económico de Sebastián Piñera habían logrado lo que todo gobierno de cualquier tendencia quiere evitar: atizar un levantamiento social en su contra.

Diez días más tarde, el país era otro.

El transporte paralizado, miles de santiaguinos regresando a pie a sus hogares, batallas campales entre jóvenes y fuerzas especiales, saqueos, estaciones de metro en llamas. La imagen internacional de Chile, cuidadosamen

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