El árbol muy muy lejano 3 - Los habitantes del Árbol

Enid Blyton

Fragmento

1. Connie la Curiosa viene a pasar una temporada

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Connie la Curiosa viene a pasar una temporada

Un día, la madre de Joe, Beth y Frannie se acercó a ellos mientras trabajaban fuera, en el huerto, y les dijo:

—¡Joe, Beth, Frannie! Escuchadme un minuto. Acabo de recibir una carta de una vieja amiga mía y no sé muy bien qué hacer. Os la leeré.

La mujer les leyó la carta en voz alta:

Querida amiga:

Por favor, ¿podrías hacer algo por mí? Hace tiempo que no me encuentro bien y el médico dice que debo marcharme de vacaciones durante una buena temporada. Pero, como bien sabes, tengo una niña, Connie, y no puedo dejarla sola. Así las cosas, ¿serías tan amable de permitir que se quede contigo hasta que yo regrese?

Tus tres hijos son buenos y se portan bien, y tengo la sensación de que su amistad le será de ayuda a mi pequeña Connie, que está, me temo, bastante mimada. Contéstame pronto, por favor.

Tu vieja amiga,

LIZZIE HAYNES

Sus tres hijos la escucharon en silencio. Beth fue la primera en hablar:

—Vaya, mamá, solo hemos visto a Connie una vez, y era muy egoísta y caprichosa... y también muy curiosa, ¡metía las narices en todo! ¿Tenemos que aceptar que venga a quedarse con nosotros?

—No, claro que no —contestó su madre—. Pero Lizzie es amiga mía, ya sabéis... Y creo que Connie no tardaría en tranquilizarse y dejar de ser tan malcriada si viviese con nosotros. ¡Sería bueno para ella!

—Y supongo que deberíamos ayudar a la gente siempre que podamos hacerlo —añadió Joe—. Muy bien, mamá, aceptaremos que venga Connie, ¿de acuerdo?

—Así podremos llevarla al Bosque Encantado y a El árbol muy muy lejano —dijo Frannie.

—Sí, antes estaba nuestro primo Rick, pero ahora que ha vuelto a su casa… —señaló Beth—. ¡Ahora viviremos con Connie! Si pones una cama pequeña en la esquina de la habitación que comparto con Frannie, mamá, podrá instalarse allí.

La mujer les dedicó una sonrisa y volvió al interior de la casa para escribir a su vieja amiga y decirle que sí, que acogería a Connie en su casa. Los niños se miraron unos a otros.

—Tendremos que regañar a Connie si empieza a comportarse con demasiada arrogancia —comentó Beth con firmeza.

—¡Y también intentaremos que no meta las narices en todo! —exclamó Frannie—. Bueno, ¿qué os parece si la llevamos a El árbol muy muy lejano y dejamos que se asome a la ventana del Elfo Enfadado? ¡Él sí que la reñirá de inmediato!

Sus hermanos soltaron una risita. Se dieron cuenta de que, a fin de cuentas, se lo pasarían bien con Connie. Aquella niña siempre era muy curiosa y entrometida con todo y con todos. Pues bien, ¡en el Bosque Encantado iba a llevarse unos cuantos sustos!

—Será divertido mostrarle a alguien más El árbol muy muy lejano y presentarle a toda la gente que vive allí —aseguró Joe—. Me pregunto qué pensará Connie la Curiosa del señor Cazuelas, de Seditas y de Cara de Luna.

—¡Y yo me pregunto qué pensarán ellos de ella! —rio Beth—. Qué apodo tan apropiado le has buscado, Joe, ¡Connie la Curiosa! A partir de ahora, siempre pensaré en ella como si ese fuera su nombre.

Connie la Curiosa llegaría la semana siguiente. Beth ayudó a su madre a poner una cama pequeña en un rincón del dormitorio de las niñas. Su invitada no ocupaba mucho. Tenía la misma edad que Frannie, pero era muy quisquillosa con la comida y no había crecido mucho. Connie era una niña hermosa y delicada a la que le gustaba llevar ropa bonita.

—Cepíllate ese pelo tan alborotado antes de que llegue Connie, Frannie —le pidió su madre.

A la niña le había crecido bastante el pelo y necesitaba un buen corte.

Los niños fueron a esperar el autobús.

—¡Ahí está! —gritó Joe—. Está doblando la esquina. Y ahí dentro va Connie la Curiosa; mirad, ¡va tan arreglada que parece que vaya a una fiesta!

Connie bajó del autobús cargada con una maleta. Joe, muy educadamente, se hizo cargo de su equipaje y le dio un beso de bienvenida. Las niñas también la saludaron. Connie los miró de arriba abajo.

—Vaya, sí que parecéis niños de campo —señaló.

—Bueno, es que es lo que somos —dijo Beth—. Tú no tardarás en tener el mismo aspecto. Espero que te sientas a gusto aquí, Connie.

—El otro día vi a Rick —comentó la niña mientras avanzaba con elegancia junto a los demás—. ¡Me contó unas historias de lo más ridículas!

—¿Eso hizo? ¡Será cuentista! —exclamó Joe sorprendido—. ¿Qué tipo de historias te contó?

—Bueno, me habló de un estúpido Bosque Encantado y un absurdo árbol lejano, creo que dijo, y de unos personajes llamados Cara de Luna, doña Lavamucho y señor Comosellame, y de un tipo chiflado, conocido como señor Cazuelas, que estaba bastante sordo —respondió Connie.

—¡Caramba! ¿Crees que todas esas historias eran absurdas y estúpidas? —preguntó Joe al fin.

—No me creí ninguna de ellas —replicó Connie—. No creo en esa clase de cosas... ni en las hadas ni en los duendes ni en la magia ni en nada así. Están pasadas de moda.

—Bueno, pues entonces nosotros debemos de estar muy pasados de moda —dijo Beth—, porque no solo creemos en el Bosque Encantado y en El árbol muy muy lejano y queremos a los extraños amigos que hemos hecho allí, sino que además vamos a verlos y visitamos los países que llegan a lo alto del árbol. Pensábamos llevarte a ti también.

—No tendría mucho sentido —aseguró Connie—. No creeré en ellos de ninguna de las maneras.

—¿Cómo? ¿Ni siquiera si los ves? —gritó Frannie.

—Ni con esas —insistió Connie—. Es que todo eso me parece totalmente imposible. De verdad.

—Bueno, ya veremos —terció Joe—. Tengo la sensación de que todos vamos a divertirnos bastante contigo en lo alto de El árbol muy muy lejano, Connie. ¡Me gustaría verle la cara al Elfo Enfadado si le dijeras que no crees en él!

—Llevémosla mañana —propuso Beth con una risita.

—¡De acuerdo! —aceptó Joe—. Pero será mejor que no la dejemos subir a ninguno de los países que se instalen encima del árbol. ¡No volvería a bajar jamás!

—¿Qué país? ¿Encima del árbol? ¡Un país encima de un árbol! —repitió Connie desconcertada.

—Sí —dijo Beth—. Verás, el Bosque Encantado está muy cerca de aquí, Connie. Y en medio de ese bosque está el árbol más grande y más alto del mundo, que es mágico. S

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