Esquirla del amanecer

Brandon Sanderson

Fragmento

Agradecmientos

AGRADECIMIENTOS

Este libro hace que me sienta especialmente agradecido, ya que recibió el apoyo directo de la comunidad. Para quienes no lo sepan, esta novela surgió como resultado de una campaña de Kickstarter que se completó con éxito para una edición de El camino de los reyes encuadernada en cuero. Por tanto, ¡mi primer agradecimiento es para todos vosotros! Gracias por el entusiasmo activo que mostráis por esta saga, que siempre creí que sería demasiado extraña y demasiado descomunal para hacerse popular.

Terminar Esquirla del Amanecer a la velocidad a la que lo hicimos requirió mucho trabajo y tiempo por parte de mucha gente. A la vanguardia de todos ellos está el infatigable Peter Ahlstrom, director editorial de mi empresa y editor principal de este volumen. Junto a él, Karen Ahlstrom, editora de continuidad, hizo un gran y estupendo trabajo ayudando con las complejidades de la línea temporal de este libro. Kristina Kugler ha sido nuestra revisora para esta novela, y lo ha hecho de maravilla, como siempre.

La ilustración de portada y el diseño son obra de Ben McSweeney e Isaa¢ Stewart, el segundo como director y Ben ocupándose de las ilustraciones, entre ellas los iconos que encabezan los capítulos.

El grupo de escritura para este libro estuvo compuesto por Kaylynn ZoBell, Ben Oldsen, Alan Layton, Ethan Skarstedt, Kathleen Dorsey Sanderson, Eric James Stone, Darci Stone, Peter Ahlstrom y Karen Ahlstrom.

Quiero resaltar que, para esta novela, contamos con un grupo especial de expertos en accesibilidad y paraplejia que me proporcionaron muchísimos y magníficos comentarios, que llevaron no solo a que el libro mejorara en su campo de especialidad, sino también a que fuese más atractivo e interesante en general. Entre ellos están Eliza Stauffer, Chana Oshira Block, Whitney Sivill, Sam Lytal y Toby Cole.

Nuestro equipo de lectores beta estaba formado, entre otros, por Alice Arneson, Richard Fife, Darci Cole, Christina Goodman, Deana Whitney, Ravi Persaud, Paige Vest, Trae Cooper, Drew McCaffrey, Bao Pham, Lyndsey «Lyn» Luther, Eric Lake, Brian T. Hill, Nikki Ramsay, Paige Phillips, Leah Zine, Sam Lytal, Jessica Ashcraft, Ian McNatt, Mark Lindberg, Jessie Bell, David Behrens, Whitney Sivill, Chana Oshira Block, Nathan Goodrich, Marnie Peterson, Eliza Stauffer y Toby Cole.

Entre los lectores gamma había muchos de los beta, además de: Bao Pham, Aaron Ford, Frankie Jerome, Shannon Nelson, Linnea Lindstrom, Sam Baskin, Ross Newberry, Evgeni «Argent» Kirilov, Jennifer Neal, Tim Challener, Ted Herman, Chris McGrath, Glen Vogelaar, Poonam Desai, Todd H. Singer, Suzanne Musin, Gary Singer, Christopher Cottingham, Joshua Harkey y Lingting «Botanica» Xu.

Cabe mencionar que muchos de ellos se pusieron con esta novela justo después de haber terminado la lectura beta o gamma de El Ritmo de la Guerra, para que pudiera publicarse a tiempo. Agradezco de verdad su sabiduría, sus meditados comentarios y su esfuerzo.

Prólogo

PRÓLOGO

NO había nada que pudiera competir con la experiencia de estar colgando de las jarcias a varios metros del suelo, con el aire fresco del mar en la cara, contemplando una superficie infinita de resplandeciente agua azul. El inmenso océano era un paso franco. Una invitación individual a explorar.

La gente tenía miedo al mar, pero Yalb nunca había comprendido esa actitud. ¡Con lo abierto y acogedor que era! Si le tenías un poco de respeto, te llevaba allá donde quisieras ir. Hasta te daba de comer por el camino y te arrullaba con sus canciones para que durmieras por la noche.

Yalb dio una bocanada plena y profunda, saboreó la sal, observó a los vientospren que pasaban danzando y sonrió de oreja a oreja. En efecto, no había nada que pudiera compararse a esos momentos. Pero la posibilidad de sacarle unas pocas esferas al chico nuevo… bueno, la verdad era que se le acercaba.

Dok se aferraba a los cabos con la tensión de quien no quería caer, en vez de con el relajado control de quien sabía que no lo haría. El chico era competente, para ser un alezi. La mayoría de ellos no ponía jamás el pie en una embarcación excepto para cruzar estanques demasiado anchos para bordearlos. Él, en cambio, no solo distinguía babor de estribor, sino que también sabía tirar de la bolina y arrizar una vela sin ahorcarse a sí mismo.

Pero se agarraba demasiado fuerte. Y echaba mano a la regala cada vez que el barco se escoraba. Y le habían dado náuseas el tercer día. Así que, aunque Dok estaba cerca de ser un marinero de verdad, todavía no lo era del todo. Y como Yalb procuraba tener un ojo echado a los grumetes nuevos en los últimos tiempos, le correspondía a él ayudar a Dok mediante una buena broma. Si la reina alezi quería tener a más de los suyos entrenados en las tradiciones marinas thayleñas, esa parte deberían aprenderla también. Era educativa.

—¡Ahí está! —exclamó Yalb, asomándose hacia fuera y señalando con una mano mientras se mecía al viento—. ¿Lo ves?

—¿Dónde? —Dok trepó más arriba y escrutó el horizonte.

—¡Ahí mismo! —Yalb señaló de nuevo—. Un spren bien grande, saliendo del agua cerca de donde se refleja el sol.

—No —respondió Dok.

—Vaya. Pues está ahí mismo, Dok. Un marinerospren enorme. Supongo que aún no eres…

—¡Espera! —lo interrumpió Dok, haciéndose visera con la mano—. ¡Ya lo veo!

—¿Ah, sí? —dijo Yalb—. ¿Y cómo es?

—¿Un spren amarillo gigantesco? —respondió Dok—. ¿Saliendo del agua? Tiene unos tentáculos grandotes que se menean en el aire. Y… y una franja roja brillante en el lomo.

—¡Que me arrojen por la borda y me llamen pescado! —exclamó Yalb—. Si puedes verlo, ¡supongo que sí que eres un marinero de verdad! Ganas tú la apuesta, pues.

Por supuesto, se habían asegurado de que Dok los oyera susurrar hablando del supuesto «marinerospren», así que el joven sabía cómo debía describirlo. Yalb sacó unos chips del bolsillo y se los entregó a Dok. Unas ganancias iniciales fáciles para provocar que Dok les siguiera la corriente cada vez más. Vería más apariciones de esos «marinerospren» por todas partes hasta que, después de aceptar una apuesta enorme a que era capaz de vislumbrar alguno, le revelaran que los marinerospren no existían y todo el mundo se echara unas buenas risas.

En opinión de Yalb, si alguien era

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