El imperio británico

Niall Ferguson

Fragmento

Agradecimientos

Agradecimientos

Este libro es ante todo fruto de un esfuerzo colectivo.

Aunque muchas de las personas a las que quisiera expresar mi agradecimiento pensaron que estaban trabajando para una compañía de producción o un canal con el objetivo de hacer una serie de televisión, contribuyeron a la elaboración de estas páginas impresas.

En primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento a Janice Hadlow, la directora de History en Channel 4, sin cuya iniciativa este libro y la serie no se habrían hecho realidad. También estuvo presente en la creación su representante, Hamish Mykura, que al principio fue el productor de la serie. En Blakeway Productions, tengo una deuda inmensa con Denys Blakeway, el productor ejecutivo; Charles Miller, el sucesor de Hamish Mykura como productor de la serie; Melanie Fall, la productora asociada de la serie; Helen Britton y Rosie Schellenberg, productoras asistentes; Grace Chapman, investigadora de la serie; los investigadores Alex Watson, Joanna Potts y Rosalind Bentley; Emma Macfarlane, coordinadora de producción; Clare Odgers, gerente de producción, y Kate Macky, gerente de oficina.

Aprendí mucho acerca de cómo relatar una historia de los tres directores que trabajaron en Empire: Russell Barnes, Adrian Pennink y David Wilson. También estoy en deuda con Dewald Aukema, Tim Cragg, Vaughan Matthews y Chris Openshaw, los cámaras; Dhruv Singh, el asistente de cámara, así como Adam Prescod, Martin Geissmann, Tony Bensusan y Paul Kennedy, los encargados de sonido.

«Fixers» son figuras esenciales en cualquier serie de televisión: por tanto debo dar especialmente las gracias a Maxine Walters y Ele Rickham (Jamaica), Matt Bainbridge (Estados Unidos), Sam Jennings (Australia), Lansana Fofana (Sierra Leona), Goran Musíc (Sudáfrica), Alan Harkness (Zambia), Nicky Sayer (Zanzíbar), Funda Odemis (Turquía), Toby Sinclair y Reinee Ghosh (India).

Por su amabilidad y ayuda, deseo expresar mi más profundo agradecimiento a las siguientes personas:Alric, Nasir, director de Lamartiniere College, Joan Abrahams, Richard y Jane Aitken, Gourab K. Banerji, Rod Beattie, profesor A. Chaterjee, Dayn Cooper, Tom Cunningham, Steve Dodd, Eric Doucot, Tessa Fleischer, Rob Fransisco, Penny Fustle, Alan Harkness, Peter Jacques, el pastor Hendric James, Jean François Lesage, Swapna Liddle, Neil McKendrick, Ravi Manet, John Manson, Bill Markham, Said Suleiman Mohammed, George Mudavanhu, el jefe Mukuni, Gremlin Napier, Tracy O’Brian, Adolph Oppong, Mabvuto Phiri, Victoria Phiri, G. S. Rawat, Ludi Schulze, Su Excelencia Viren Shah, Mark Shaw, Ratanjit Singh, Jane Skinner, Mary Slattery, Iona Smith, Simon Smith, Angus Stevens, Colin Steyn, Philip Tetley, el obispo Douglas Toto, el teniente Chris Watt y Elria Wessels.

Cualquier escritor necesita un buen agente; he tenido la suerte de contar con Clare Alexander, Sally Riley y otros en Gillon Aitken, así como a Sue Ayton en Knight Ayton. En Penguin, debo dar las gracias en especial a Anthony Forbes-Watson, Helen Fraser, Cecilia Mackay, Richard Marston y Andrew Rosenheim.

Sobre todo, deseo expresar mi agradecimiento a mi editor, Simon Winder, cuyo entusiasmo y ánimo han estado por encima de su obligación.

Sin el apoyo de mis colegas en Jesus College, Oxford, y la Facultad de Historia en Oxford, no habría podido encontrar tiempo para escribir este libro ni para hacer la serie. En especial, me gustaría dar las gracias a Bernhard Fulda, Felicity Heal y Turlough Stone.

Finalmente, muchos miembros de mi familia me han ayudado a averiguar más sobre mi propio pasado imperial. Les doy las gracias especialmente a mis padres, Molly y Campbell Ferguson, a mi abuela, May Hamilton, a mis suegros Ken y Vivienne Douglas, y a mi prima Sylvia Peters en Canadá. Sobre todo, debo agradecerles a Susan, Felix, Freya y Lachlan que hayan seguido al pie del cañón en casa —como tantas familias antes que ellos— mientras su padre contribuía con su granito de arena al imperio.

En una empresa tan cooperativa, el margen de error necesariamente es mayor. Atentos lectores me escribieron amablemente para señalarme los fallos en la edición en cartoné. En especial, me gustaría expresar mi agradecimiento al perspicaz señor L.W. Haigh. No obstante, cualquier responsabilidad de los errores que pueda haber es solo mía.

JESUS COLLEGE, Oxford
Julio de 2003

Introducción

Introducción

Gran Bretaña controla hoy los destinos de unos trescientos cincuenta millones de súbditos extranjeros, incapaces aún de gobernarse, y víctimas fáciles de la rapiña y la injusticia, a menos que un fuerte brazo los proteja. Ella les proporciona un régimen que, sin duda, tiene sus defectos, pero de una calidad que (me atrevo a afirmarlo) ninguna nación conquistadora nunca antes proporcionó a un pueblo subordinado.

Profesor GEORGE M.WRONG, 1909

El colonialismo ha generado el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y formas conexas de intolerancia, y […] los africanos y las personas de origen africano, y las de origen asiático y los pueblos indígenas fueron víctimas del colonialismo y continúan siendo víctimas de sus consecuencias.

Declaración de la Conferencia contra el Racismo, la
Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de
Intolerancia, en Durban, 2001

Hubo en otro tiempo un imperio que controlaba aproximadamente a un cuarto de la población mundial, abarcaba casi la misma proporción de la superficie terrestre y dominaba prácticamente todos sus océanos. Se trataba del imperio más grande de todos cuantos han existido en el mundo: el imperio británico. Este libro intenta dar respuesta a uno de los interrogantes fundamentales no solo de la historia británica sino universal: ¿cómo llegó a dominar el mundo un archipiélago de islas lluviosas en la costa noroccidental de Europa? La siguiente pregunta, que es quizá la más compleja, es saber simplemente si el imperio fue algo positivo o negativo.

Actualmente la opinión generalizada es que se trató de algo malo. Es probable que la principal razón de que el imperio cayera en el desprestigio haya sido su participación en la trata de esclavos en el Atlántico, así como en la misma esclavitud. Ya no se trata en exclusiva de una cuestión de juicio histórico, sino que se ha convertido en una cuestión política y legal. En agosto de 1999, la African World Reparations and Repatriation Truth Commission, reunida en Acra, propuso la posibilidad de una demanda de indemnizaciones a «to

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