Isadora Moon celebra su cumpleaños 3

Harriet Muncaster

Fragmento

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Isadora Moon: ¡esa soy yo! Y este es Pinky. Era mi peluche favorito hasta que mamá le dio vida con su varita mágica. Viene conmigo a todas partes, ¡incluso a las fiestas de cumpleaños!

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Desde que empecé a ir al colegio he ido a un montón de fiestas de cumpleaños. ¡Fiestas de seres humanos! Son muy interesantes, y también muy diferentes a las que hacemos en casa. Antes de conocer a mis amigos humanos solo había ido a fiestas de vampiros o de hadas, porque mi mamá es un hada y mi papá un vampiro. ¡Sí, en serio!

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¿Sabes en qué me convierte a mí eso?

¡En un hada vampiro!

Tengo un poco de las dos cosas. Antes no sabía bien dónde encajaba, pero entonces fui al colegio para humanos y descubrí que todo el mundo tiene algo que lo diferencia de los demás y que es mejor ser así: diferente.

Siempre me ha encantado ir a las fiestas de cumpleaños de mis amigos humanos. ¡Todas son diferentes! Tenía muchas ganas de que llegara mi cumple para poder hacer la mía.

—Cuando sea tu cumpleaños, espero que hagas una buena fiesta tradicional de vampiros —dijo papá.

—Hum… —murmuré.

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No tenía claro que quisiera hacer una fiesta de vampiros. Podría asustar un poco a mis amigos. Una fiesta vampírica es siempre a media noche y tienes que ir elegantísimo y repeinado. Los vampiros son muy tiquismiquis con su aspecto físico. Les gusta hacer juegos de vuelo y salir disparados por el cielo a la velocidad del rayo. Mis alas no pueden ir tan rápido porque son más de aletear, como las alas de las hadas. A los vampiros también les gusta tener comida roja en sus fiestas y beber zumo rojo. Yo odio toda la comida roja.

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—¿Y qué te parece una fiesta de hadas tradicional? —sugirió mamá—. ¡Sería maravilloso!

Recordé la fiesta de hadas que montó mamá cuando cumplí cuatro años. Era una fiesta de agua. A las hadas les encanta la naturaleza, así que fuimos a bañarnos a un arroyo en un bosque. Pasé mucho frío, y había un montón de peces y algas en el agua.

—¡Esto te llena de energía! —exclamó mamá mientras saltaba al agua con todas las hadas invitadas.

Yo me quedé allí de pie, temblando en el agua. Pinky se quedó en una piedra. No le gusta nada mojarse.

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—Preferiría hacer una fiesta de humanos, como las de mis amigos del cole —les dije a mis padres con sinceridad—. Son mucho más divertidas.

—Imposible —repuso papá—. No hay nada más divertido que una fiesta de vampiros. ¡Piensa en esa riquísima comida roja!

—Yo creo que sería encantador hacer otra fiesta de agua —dijo mamá, soñadora—. Después podríamos encender una hoguera y hacer coronas de flores.

—Es que lo que de verdad quiero es una fiesta de humanos —insistí—. Por favor. ¡En sus fiestas hay un montón de cosas divertidas!

—¿Qué tipo de cosas divertidas? —preguntó mamá, con desconfianza.

—Pues… en la fiesta de Zoe, la semana pasada, teníamos que llevar ropa rara. Lo llamaban «disfraz».

—Ya me extrañaba a mí que llevaras aquellas orejas rosas de conejo —dijo papá.

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—¡Iba disfrazada de Pinky! —le expliqué—. Y Pinky iba disfrazado de mí. Fue muy divertido. Había tarta y helados, y nos regalaron bolsas de cumpleaños y jugamos al paquete viajero.

—¿Al paquete qué? —preguntó mamá.

—¡Viajero! —respondí—. Va dando vueltas y vueltas por un corro y al final… ¡hay una sorpresa!

—¡Qué cosa más rara! —dijo mamá—. ¿Y qué es una bolsa de cumpleaños?

—Es una pequeña bolsa que le dan a los invitados al final de la fiesta —le expliqué—. Está llena de regalitos y también lleva un trozo de tarta envuelto en una servilleta de papel.

—No sabía que los humanos comían servilletas de papel —comentó papá.

—La semana anterior fue el cumpleaños de Oliver —continué—. En su fiesta había un castillo hinchable, y también un mago.

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—Lo del mago suena bien —dijo mamá, animándose.

—Uno de mentira —añadí rápidamente—. No hace magia de verdad como la que haces tú con tu varita.

Mamá parecía bastante desconcertada.

—¿Por qué no? —preguntó.

Me encogí de hombros.

—Es lo que hacen en las fiestas de los humanos.

—Todo esto me parece muy peculiar —dijo papá.

—De verdad, me encantaría tener una fiesta como las de los humanos —dije, poniendo la más angelical de mis sonrisas.

Mamá y papá suspiraron.

—Bueno… pues entonces de acuerdo —dijo mamá.

—Supongo que podríamos intentar hacer una fiesta de cumpleaños humana este año —accedió papá.

Pinky y yo nos pusimos a dar saltos de alegría.

—¡Gracias! ¡Gracias! —grité. Pinky no puede gritar, pero sacudió contento las patas en el aire.

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