El arte Zentangle

Fragmento

Prólogo

Prólogo

A veces se cierra una puerta... ¡y se abren unos ventanales maravillosos que ni habías visto!

Zentangle® llegó a nuestra vida sin buscarlo. Nos gustaría contarte nuestra historia personal, por si de alguna manera te pudiera inspirar o brindar un pequeño soplo de esperanza cuando atravieses circunstancias difíciles, que a priori pueden parecer el fin, pero que, vistas con la perspectiva que solo da el tiempo, son el mejor regalo que la vida te puede hacer. Tiempo al tiempo, y confianza en que la vida te pondrá delante lo que necesites aprender para crecer.

Me llamo María Tovar y así es como Zentangle llegó a mi vida:

Allá por 2013 tuve que afrontar la quiebra de la empresa familiar tras unos años durísimos de intentar evitarla a toda costa. A la pena y la frustración por la pérdida económica, material y anímica, hay que sumarle la incertidumbre de encontrar un nuevo empleo para alguien que supera la cincuentena en un momento de crisis económica mundial, lo que se podría llamar una «misión casi imposible».

Siempre tuve una gran pasión por la pintura, el dibujo y el arte en general. Eso me hizo retomar lápices, rotuladores y papeles como distracción y como pasatiempo agradable y también barato.

Un buen día, alguien vio mis dibujos y dijo: «Eso que estás haciendo es Zentangle. Hay vídeos en YouTube, y tienen una escuela en Estados Unidos para hacerte profesor y poder enseñarlo a los demás». Nada más llegar a casa me metí en internet a buscar más información. No podía parar de saltar de unas páginas a otras. Estuve horas anotando nombres de profesores y sus páginas, pero sobre todo me enganché a la página web zentangle.com. Entendía lo que explicaban en cada post como si me lo estuvieran contando a mí personalmente. Todo lo que describían era lo mismo que yo sentía cuando hacía Zentangle y empecé a tanglear por mi cuenta, copiando lo que veía en las páginas que había empezado a seguir. Cada día pasaba varias horas tangleando y buscando más información. En esos momentos, me sentía en mi mundo, en mi espacio, en mi sitio.

De repente, en medio de una práctica Zentangle, la idea apareció en mi mente: si aquello me estaba haciendo tanto bien a mí, y me encontraba tan a gusto practicándolo, tenía que servirles también a otros. Y sin pensarlo más, dejé el rotulador en la mesa, me levanté, fui al salón donde estaba mi familia y solté: «Me voy a Estados Unidos a hacerme profesora de Zentangle». Volví a mi mesa y me inscribí en el seminario para convertirme en CZT, es decir, profesora titulada de Zentangle. Como hoy en día casi nadie escucha lo que decimos, mi familia tardó un rato en reaccionar y venir a verme con cara de susto para preguntarme de qué hablaba. Unas semanas más tarde, lo organicé todo, pedí un préstamo y me inscribí en el seminario para titularme como profesora de Zentangle.

Viajé a Providence para hacerme profesora de algo que ni yo misma sabía muy bien en qué consistía, pero que conseguía que me evadiera de la pena y la frustración y traía paz a mi espíritu alterado, lo que se reflejaba en mi cuerpo y estado general.

Este seminario es un curso intensivo de verdad, que enseña qué es Zentangle, qué no lo es, cómo surge, para qué sirve, cómo transmitirlo, y resuelve todas las dudas con las que los participantes aterrizamos allí con nuestra cara de despiste. Un montón de ideas y conceptos que te revolotean en la cabeza sin parar ni un segundo y que solo se posan cuando vuelves a casa, recuerdas lo vivido y aprendido, y todo ello se asienta en tu memoria como un poso que servirá de lecho fértil a tu experiencia como profesora del método Zentangle.

Es una experiencia magnífica no solo por lo que aprendes, sino también por lo que compartes, y por las relaciones que creas con tus compañeros de seminario. La familia Zentangle está hecha de una pasta especial. Una pasta que lleva una mezcla de sensibilidad, creatividad, pasión, buenas vibraciones, aceptación de lo diferente, diversión y sentido del humor. El equipo docente transmite todo ello desde el minuto uno y es muy, muy contagioso.

Cuando volví a España, empecé a asimilarlo todo y a organizar cómo iba a enseñarlo. Me puse a recorrer escuelas de dibujo, yoga y manualidades, colegios y cualquier sitio donde yo creía que esta técnica podía encajar, y la conversación era siempre la misma:

—Hola, soy María, profesora titulada en el método Zentangle

—¿Método zen...qué?

—Zentangle es una técnica de relajación basada en el dibujo de patrones que se forman repitiendo trazos básicos muy sencillos.

—Ah... sí, sí... Déjanos tu teléfono y ya te llamaremos.

Introducir una disciplina nueva siempre es complicado, pero lo es más cuando es completamente desconocida y la gente está un poco harta de que intenten «venderle motos». He dicho complicado, pero no imposible. Es cuestión de tener constancia y paciencia, creo yo, y una pizca de suerte si se está en el lugar indicado en el momento justo.

Finalmente, dos de las puertas a las que llamé se abrieron, una tienda de manualidades (¡gracias, Belén!) y una escuela de repostería creativa (¡gracias, Silvia, Maya y Aurora!), y empecé a dar clases con solo dos o tres alumnas en cada una de ellas. Una estaba en Torrejón de Ardoz, la otra en Villalba. Cómo puedes imaginar, se me iba el vino en catas. Rentabilidad cero, pero ilusión y fe en que aquello era algo más que dibujar y que tenía extraordinarios beneficios.

Despacito, como ocurre con las pequeñas cosas, la voz se fue corriendo y las clases se fueron llenando poco a poco. Empecé a compartir en las redes sociales lo que hacíamos en clase y a explicar a grandes rasgos en qué se basaba el método Zentangle. La difusión multiplicó por diez nuestra actividad comercial y cada vez hubo más gente interesada por saber en qué consistían aquellos «dibujos» y para qué servían.

Me empezaron a llamar para dar talleres por toda España los fines de semana. Imagina dar clases durante la semana en Madrid y el viernes, carretera y manta (con la manta llena de rotuladores y teselas, por supuesto), para dar clases todo el sábado e incluso el domingo por la mañana. Era agotador y mi marido, que me hacía de chófer, pedía descanso dominical de vez en cuando.

Así fue como engatusé a mi hermana Mercedes para que me acompañara a los talleres de muchos alumnos y especialmente a los de fuera de Madrid. Ella me ayudaba con el material y los alumnos, y solucionaba los imprevistos que siempre surgen a última hora. El tándem funcionaba estupendamente porque, aunque somos muy distintas, nos complementamos bien, y así es como pasamos a formar el equipo de El último tangle, nuestra escuela. Ella fue quien me animó a abrir un centro exclusivo de arte Zentangle y artes creativas complementarias, ya que cada vez teníamos más alumnos fijos en cursos mensuales y nos encantaba lo que hacíamos. Éramos la primera

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