Alexia Superfutbolista 1 - Alexia Superfutbolista

Alexia Putellas

Fragmento

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«Una capitana no puede llegar tarde al partido…».

«Una capitana no puede llegar tarde al partido…».

«Una capitana no puede llegar tarde al partido…».

Mi cabeza reproduce una y otra vez esta frase, como si fuera un GIF en bucle, mientras pedaleo a toda velocidad para llegar a tiempo al campo y salir a darlo todo. A darlo todo y MÁS. Y es que el partido de hoy no es un partido cualquiera. Es el más importante que he jugado en toda mi vida. Es el partido que decidirá el futuro de nuestro equipo. Sí. Tal y como suena. El futuro del Amistad… Glup.

¡Uy! Con tanta prisa se me ha olvidado presentarme, perdón. La que va pedaleando a topísimo y jadeando por la calle peatonal que lleva al colegio, con la melena medio mojada de la ducha y las piernas llenas de heridas de guerra, soy yo: Alexia, extremo izquierdo y capitana del Amistad. Supongo que lo habrás adivinado por el número 11 de mi camiseta, que es además mi edad (pero eso es casualidad, ¿eh? No es que cambie de dorsal cada año).

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¡Encantada!

A mi lado van mis dos mejores amigos, mis best friends forever, como nos enseñó a decir nuestra profe de Inglés. Ellos son Gael y Miriam.

El de mi izquierda es Gael, delantero centro del equipo y uno de los mejores jugadores. Va en monopatín porque, según él, es mucho más rápido que ir en bici, aunque Miriam y yo sabemos perfectamente que lo hace porque cree que es más arriesgado y peligroso. Y es que no conoce el significado de la palabra «miedo». Igual que tampoco conoce el de las palabras «aprobado en Matemáticas»…

Lo que más me gusta de él es que siempre se le ocurren aventuras e ideas muy locas. A veces demasiado, como cuando tuneó la tabla de planchar de sus padres para hacerse una especie de tabla de snowboard y tirarse por la montaña de arena de unas obras de nuestra calle. Lo grabó para su Instagram y tuvo casi 100 000 visitas. ¡Fue uno de sus hits!

La verdad es que es increíble que siga vivo después de todas las flipadas que ha hecho. Seguramente tendrá alguna especie de superpoder desconocido de invulnerabilidad.

Miriam va un poco más atrás, en una bici que le viene enorme porque es de su hermano mayor. Ella es la portera del Amistad porque tiene unos reflejos simplemente A-LU-CI-NAN-TES. Podría coger una mosca con unos palillos chinos en plan monje shaolin, en serio. Tiene el pelo de un color naranja que me da un poco de envidia (de la sana) y lleva gafas, aunque Gael dice que no debería si no quiere arruinar a su familia. La verdad es que tiene razón: en casi todos los partidos se las acaba rompiendo por parar algún gol. Al contrario que Gael, es muy buena en Matemáticas, y en Ciencias de la Naturaleza, y en Lengua Castellana, y en Inglés y en…, bueno, en todo.

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Y, atención, porque de mayor quiere ser desarrolladora de videojuegos. ¿Se os ocurre un trabajo más molón? Bueno, el de jugadora de fútbol profesional, por supuesto, aunque eso es muuuuuuy difícil de conseguir.

Los tres vivimos en la misma calle y nos gusta el fútbol más que nada en el mundo. Es genial que tus amigos vivan tan cerca de ti porque nunca vas sola a ninguna parte, pero también tiene sus pegas. Si uno de ellos es un tardón, como Gael, te pasa lo que me está pasando a mí hoy: ¡que vamos justísimos!

—¡Corred, lentorros! ¡Que son y veinticinco y el partido empieza a las doce y media en punto! —les digo sin entender muy bien lo que acabo de soltar. ¿Y media y en punto no son cosas contrarias? Da igual, solo puedo pensar en pedalear a tope.

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—¡Si te voy ganando! ¡Lentorra lo serás tú, Alexi-lentorra! ¡Alexitorra! —me suelta Gael, que siempre aprovecha cualquier ocasión para cambiarme el nombre, adelantándome con su monopatín a toda velocidad.

—¡Yo voy lo más rápido que puedo, Alexia, pero es que esta bici es gigantesca y me da miedo caerme! —dice Miriam, que parece una equilibrista de circo montada en esa bici enorme—. ¡Si Gael no fuera un tardón…! —se queja, con razón.

¡Buf! No sé por qué siempre ponen los campos en las afueras de las ciudades, con lo bien que estarían en pleno centro, en lugar de tantas tiendas de ropa y bares aburridos.

Pero, después de pedalear como si quisiera ganar el tour de Francia, ya está. Por fin. Ya veo el campo de fútbol a lo lejos. Miro el reloj: son y veintisiete. Meto el último sprint. ¡Ya casi estamos! Llegamos a las puertas del campo y vuelvo a mirarlo: y veintiocho. Justo a tiempo. ¡¡¡Genial!!!

Dejamos las bicis y el patín tirados en la puerta y corremos directamente hacia el campo sin pasar por el vestuario. Como ya nos conocemos a Gael y su peculiar gestión del tiempo, habíamos venido todos cambiados. Menos mal.

Entramos en el campo y miramos hacia las gradas. ¡Madre mía! Hoy están llenísimas, mucho más de lo normal. Han venido padres, profes, amigos del colegio e incluso algunos periodistas con cámaras de fotos y de vídeo. Qué nervios.

Y es que, como os he dicho, hoy es un partido muy importante. El más importante de mi vida. ¿Por qué? Pues porque, si ganamos, iremos directamente a la Copa Inter. Sí, ¡la Copa Inter!

Si no sabéis de qué hablo, os lo puedo resumir en tres palabras: ES MI SUEÑO. O lo que es lo mismo: es el campeonato más importante en la categoría de fútbol base infantil. Vamos, que si entramos allí tendremos la oportunidad de jugar con los mejores equipos de todo el país y demostrar nuestro talento. Además, suelen ir ojeadores de los grandes equipos para buscar a jóvenes promesas del fútbol, lo que significa que es una oportunidad increíble para saber si de verdad podría llegar a ser una jugadora de fútbol profesional. Quizá todos los años de entrenamiento sirvan para poder dedicarme a lo que más me gusta en el mundo… O quizá sea una tontería de sueño y tenga que dedicarme a otra profesión, a mi plan B: ser criadora de osos panda. Si es que eso existe…

Pero ahora no es momento de dudas. Voy a reunirme con el equipo y darles toda mi fuerza y energía, porque la necesitaremos. Es verdad que hasta ahora hemos ganado todos los partidos, pero nunca nos hemos enfrentado al San Fernando, y este equipo es el favorito de la liga. Son buenísimos. Si tengo que ser totalmente sincera, son mejores que nosotros, pero eso no significa nada.

Cuando llegamos al terreno de juego, exactamente a y veintinueve, todos mis compas están acabando de escuchar a Martina, nuestra entrenadora. Es una de las personas más fuertes e inteligentes que conozco, y sin ninguna duda la que más sabe de fútbol. Si me hicieran elegir a una mujer para salvar el mundo, no sería Superwoman, sería Supermartina. Lo tengo clarísimo.<

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