Diario de una nueva yo

Andrea Palazón

Fragmento

cap-1

1

(principios de marzo)

 

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¿Qué es esto de estar estudiando a todas horas? Con lo a gusto que estaba yo el año pasado, llorando todo el tiempo... A ver, es broma. Desde luego es mejor estudiar que estar triste. No mucho, pero un poco mejor sí.

El caso es que llevo unas semanas que no he escrito nada porque no he hecho nada más que estudiar, estudiar y estudiar. Menudo trimestre, que yo sé que este curso es importante, pero tampoco hace falta que se flipen tanto con lo de meternos caña.

Pero, oye, tampoco va tan mal la cosa. Incluso estoy aprobando y sacando alguna buena nota y todo. Alguna recompensa tendrá que haber, ¿no? Necesito unas vacaciones. ¡Yo y todo el mundo! Así que lo mejor que se nos ha ocurrido es liar al instituto para que nos lleven a Andorra a esquiar. Nada, una semana, para desconectar un poco y no pensar ni en exámenes, ni en deberes, ni en clases, ni NADA.

Y mira, no soportaré a la mitad de mis compañeros, pero hay que reconocer que saben organizar viajes en condiciones.

En un primer momento me daba un poco de miedo lo de esquiar, la verdad. Soy muuuy torpe, eso no es un secreto para nadie... La cosa es que siempre que he ido a esquiar con mis padres me he acabado dando una buena castaña, y no me apetecía que la gente de mi clase me viera en esas. Ya se han reído bastante de mí como para que yo les dé más motivos aún.

Lo bueno es que Martina estará conmigo, porque vamos todos los del curso. Si tengo que enfrentarme a alguien que se meta conmigo, sé que ella va a estar ahí, y eso me tranquiliza. A ver, no es que no me sepa defender sola, pero por lo menos tendré imagen

Sí, lo cierto es que me apetece bastante ir. Tengo la sensación de que echaremos unas buenas risas. Te cuento a la vuelta, ¿vale?

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cap-2

2

(una semana más tarde)

 

Y ya he vuelto.

Madre mía, estoy para el arrastre y huelo peor que Siri después de rebozarse en los charcos del parque. Pero no quería dejar pasar más tiempo sin escribir, ahora que he vuelto a encontrar las ganas. Necesito dejar el viaje por escrito, que quede constancia de que todo ha sido real. A veces siento que solo dejo huella de las cosas que pasan en las redes sociales, y todo tiene un aire a falso que no me... No sé, yo me entiendo. Pero cuando escribo todo es real, sin filtros, sin música, y sé que no habrá otra persona mirándome, leyéndome o juzgándome. Soy yo conmigo, y nada ni nadie más.

imagenQué intenso ha quedado, ¡si yo solo venía a decir que me lo he pasado genial!

Cuando llegamos a Andorra, todo el mundo tenía montado el grupo con el que compartiría la habitación del hotel... Todo el mundo menos yo, obviamente. Yo quería ir con Martina, el único problema era que las habitaciones eran de cuatro camas y todos los grupos eran de tres o de cuatro personas... ¿Cómo íbamos a ir juntas Martina y yo? Pues se ve que ella ya había pensado en eso y lo había organizado todo para que yo pudiera quedarme en su habitación. Estaríamos un poco como sardinas, pero mejor eso que ir con gente que ni fu ni fa.

Martina había convencido a sus compis de cuarto para que me dejaran dormir ahí, y ellas solo nos pusieron una condición: tendríamos que ser superlimpias y superordenadas. Ajá...

Al día siguiente nos levantamos muy pronto para ir a esquiar. Yo, que soy una torpe, y distraída como iba, en la primera bajada estuve a punto de estrellarme con un chaval. Para esquivarlo, me desvié con tan mala pata que se me desplazó la rótula. Así fue: ni un día duré esquiando. Me pasé el resto de los días en la habitación del hotel con Martina, que se quedó para hacerme compañía. La verdad es que ni tan mal.

Precisamente porque no salíamos de la habitación, nuestra zona empezaba a dar un poco de asco y nuestras compis nos dijeron que querían que pasara el servicio de limpieza a arreglar ese desastre. Pero si alguien entraba y descubría que éramos cinco se podría haber liado una buena... Así que montamos otro plan: como nosotras nos pasábamos el día encerradas, nos encargaríamos personalmente de hacer la limpieza y haríamos ver que alguien del hotel había venido a hacerlo.

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imagenObviamente, no era una idea que me hiciera mucha ilusión, pero Martina venía cargada con las mejores playlist de reguetón y lo mismo nos poníamos a ordenar que a ensayar coreografías de TikTok (bueno, como podíamos, porque tal y como tenía la rodilla no era capaz de hacer mucho más que saltar a una pata).

El plan era hacer las camas y poner toallas limpias. Pero ¿de dónde las íbamos a sacar? Salí al pasillo, a pata coja y esforzándome porque no se me escapara la risa tonta. Desde la puerta me espiaba Martina, que no paraba de taparse la boca con la mano para no reírse en voz alta. Mientras, yo intentaba abrir cada puerta, yo qué sé, por si alguna estaba sin llave y tenía toallas limpias. En mi cabeza sonaba mejor...

De esto que giré una esquina y me encontré un carrito de la limpieza que tenía un par de toallas que parecían limpias. Las cogí rápidamente y salí corriendo por los pasillos a carcajada limpia. Martina me esperaba en la puerta y cerró a toda prisa cuando llegué. Al ver que solo habíamos conseguido dos toallas limpias, no lo dudamos: nos las quedaríamos nosotras. A nuestras compis les bastaría con ver sus toallas (sí, sus toallas sucias) bien dobladas, como si fueran nuevas. No tenían por qué enterarse, ¿no? Por un lado, nos daba pánico que nos pillaran. Pero por otro... ¡Cómo nos reímos!

imagenMe alegro muchísimo de tener a Martina en mi vida. Todas las cosas malas valen la pena mientras siga teniendo momentos como estos.

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