El unicornio encantado

Llorenç Ramis

Fragmento

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¡Hola, zarolitas! ¡Soy Laura, de Zarola Kids!

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¿Cómo estáis? ¡Espero que superbién! ¿Qué? ¿Que cómo estoy yo? Pues para ser sincera... un poquitito nerviosa. Bueno, en realidad estoy bastante nerviosa. Vale, vale, de verdad de la buena: ¡estoy que me subo por las paredes de los nervios!

¿Os gustaría saber por qué?

Supongo que sí, porque si no, ¡no estaríais leyendo este libro! Veréis, resulta que Unicornito, mi unicornio de peluche parlante, se ha ido a pasar el día al País de los Unicornios para ver a sus amigos. Y como ya está a punto de volver, le he preparado una merendola sorpresa con un montón de chucherías. Unicornito es supergoloso, así que en cuanto la vea seguro que se pone a dar saltos de alegría.

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¿Cómo? ¿Que estoy yendo muy rápido y no os enteráis de nada? ¡Sin problema! Os lo explico con más calma. Una merendola sorpresa es algo así como una merienda normal, solo que la persona (o unicornio) a la que se la preparas no puede saberlo. Si no, no sería una sorpresa, claro.

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¡Uf! ¡Eso ya es un poco más complicado! ¿No os habréis leído mi libro anterior por casualidad? Se titula El diario mágico y es superguay. Os voy a hacer un pequeño resumen, por si acaso. No os preocupéis, ¡será cien por cien libre de spoilers!

De entrada, tenéis que saber que yo soy una niña de lo más normal: voy al cole y tengo un par de perros geniales. También tengo un canal de YouTube con David (mi padre) en el que colgamos vídeos y nos lo pasamos en grande (¡os recomiendo que lo visitéis! ¡Seguro que os divertiréis tanto como nosotros!).

Hasta aquí todo bien, ¿no? Pero resulta que un día me pasó una cosa muy muy muy poco normal.

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Estaba buscando una libreta en el armario de mi cuarto cuando, de pronto, me encontré con... ¡un viejo diario!

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Bueno, vale, eso es bastante normal. Y más si hablamos de mi armario, en el que hay de todo. Lo que ya no es tan normal es que ese diario... ¡era un diario mágico! ¡Sí, sí, como lo lees! ¿Que cómo lo supe? Pues porque escribí un deseo en él y... ¡el deseo se cumplió!

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No sé a vosotros, pero a mí eso no me pasa cada día. Entonces se me ocurrió pedir otro deseo: que Unicornito, mi pequeño unicornio de peluche, pudiese hablar y pudiese moverse.

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Él y yo nos hemos convertido en los mejores amigos del mundo y siempre que estamos juntos vivimos unas aventuras de lo más locas.

Eso sí, todo esto que os cuento tengo que mantenerlo en secreto, porque bastante tiene ya mi padre con dos perros en casa como para que, encima, le diga que comparto habitación con un unicornio parlanchín.

Os contaría más cosas, pero acaba de aparecer un pequeño punto de luz en el centro de mi habitación. ¡Eso significa que el portal entre el mundo de los humanos y el País de los Unicornios ya se está abriendo! ¡Unicornito debe de estar a punto de llegar! ¡Voy a esconderme! ¡Qué nervios!

¿Cómo? ¿Que queréis saber cómo continúa esta historia? Pues solo tenéis que hacer una cosa...

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