Hegemonía o supervivencia

Chomsky Noam & Pappe Ilan

Fragmento

Hegemonia_o_supervivencia-1.html

Créditos

Título original: Hegemony or survival

Traducción: Miquel Izquierdo

1.ª edición: octubre, 2016

© Aviva Chomsky, Diane Chomsky y Harry Chomsky, 2003

© Del Epílogo: Aviva Chomsky, Diane Chomsky y Harry Chomsky, 2004

© Ediciones B, S. A., 2016

para el sello B de Bolsillo

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-536-4

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1. Prioridades y expectativas

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Prioridades y expectativas

Hace unos años, una de las grandes figuras de la biología contemporánea, Ernst Mayr, publicó sus reflexiones acerca de las probabilidades de éxito en la búsqueda de inteligencia extraterrestre.1 Las expectativas le parecían muy reducidas. Su razonamiento se fundaba en el valor de adaptación de lo que denominamos «inteligencia superior», esto es, la forma específicamente humana de organización intelectual. Mayr calculó en unos cincuenta mil millones el número de especies que han existido desde el origen de la vida, de entre las cuales sólo una «alcanzó el tipo de inteligencia necesario para establecer una civilización». Y ello ocurrió muy recientemente, quizás hace cien mil años. Está generalmente aceptado que sólo sobrevivió un grupo reproductor, y que todos nosotros descendemos de él.

Mayr especuló que la modalidad humana de organización intelectual podría no haber sido favorecida por la selección. La historia de la vida en la Tierra, escribió, refuta la idea de que «es mejor ser listo que estúpido», al menos a juzgar por el éxito biológico: escarabajos y bacterias, por ejemplo, son infinitamente más capaces que los humanos en términos de supervivencia. Apuntó también de manera algo ominosa que «la esperanza media de vida de una especie ronda los cien mil años».

Estamos entrando en un periodo de la historia humana que podría dar respuesta a la cuestión de si es mejor ser listo que estúpido. La perspectiva más esperanzadora es que dicha pregunta quede sin respuesta. En caso de recibir una respuesta definitiva, ésta sólo podría ser que los humanos fueron una suerte de «error biológico», que se sirvieron de los cien mil años que tenían asignados para destruirse a sí mismos y, de paso, destruir muchas otras cosas.

Sin duda, la especie ha desarrollado la capacidad para obrar de ese modo. Un hipotético observador extraterrestre bien podría concluir que los humanos lo han demostrado a lo largo de su historia, y con efectos devastadores en los últimos siglos, atacando el entorno que sostiene la vida, la diversidad de organismos más complejos, así como a sus semejantes con fría y calculada crueldad.

DOS SUPERPOTENCIAS

El año 2003 se abrió con numerosos indicios de que la preocupación acerca de la supervivencia humana es plenamente realista. Por mencionar unos pocos ejemplos, a principios de otoño de 2002 se supo que cuarenta años atrás se había evitado por los pelos una guerra nuclear posiblemente definitiva. Inmediatamente después de ese descubrimiento asombroso, la administración Bush bloqueó el intento de las Naciones Unidas de prohibir la militarización del espacio, una grave amenaza para la supervivencia. Washington rompió también las negociaciones internacionales para prevenir la guerra biológica y procedió a asegurarse la inevitabilidad de un ataque sobre Irak, a pesar de una oposición popular sin precedentes.

Organizaciones humanitarias con prolongada experiencia en Irak y estudios de respetadas organizaciones médicas advirtieron que la invasión podría precipitar una catástrofe humanitaria. Las advertencias fueron desoídas por Washington y no despertaron el interés de los medios de comunicación. Un equipo de trabajo estadounidense de alto nivel concluyó que era «probable» un ataque contra Estados Unidos con armas de destrucción masiva (ADM), y que lo sería aún m

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