Meditación de la presencia

Clara Badino

Fragmento


1. MEDITACIÓN Y LÍMITES

Por momentos experimento los límites y por momentos experimento un estado de introspección profundo en el que los límites desaparecen.

Percibamos el límite no como una línea imaginaria de separación, sino como una línea de conexión que abre un espacio de discernimiento sabio, un refinado poder de diferenciación. Nos asomaremos de ese modo a una novedad: el des-cubrimiento de los límites como líneas sutiles, pequeñas, evidentes y, por momentos, cambiantes.

El límite entre salud y enfermedad es precisamente sutil y cambiante porque interactúa con los otros cambios que ocurren en el interior y en el exterior.

Podemos volvernos adictos a infinidad de cosas por el simple hecho de desconocer los límites. La adolescencia, por ejemplo, es una etapa que se caracteriza por la confusión respecto de los límites.

Esta tendencia, que es típica en una etapa de la vida, puede instalarse de forma más o menos permanente cuando somos adultos. Un ejemplo simple es el no conocimiento de los límites que el cuerpo nos está indicando momento a momento y que son des-oídos, negados y silenciados por la mente, para la que el cuerpo es simple-mente un medio para un fin utilitario.

También los ancianos pueden comportarse como adolescentes, con una gran confusión acerca del conocimiento de los límites que el cuerpo indica con evidencias claras.

Comencemos por nosotros mismos, cavando hacia el interior, para des-cubrir los límites que se están manifestando en este preciso momento.

Por ejemplo, en un día de intenso calor en verano, observemos si el cuerpo indica la necesidad de adoptar un ritmo diferente para hacer las tareas y responder a las demandas cotidianas. ¿Tiene el cuerpo la posibilidad de mantener el ritmo habitual cuando está bajo la presión de temperaturas extremadamente altas en verano o muy bajas en invierno?

EJERCICIO SEMANAL PARA EDUCADORES

Al explorar las respuestas del cuerpo a las diferentes estaciones del año, des-cubriremos que conservamos intacta la posibilidad de adaptarnos a las necesidades reales del momento si estamos presentes, conscientes. Más o menos ropa; alimentos calientes o fríos: según la estación del año y el clima, el cuerpo incluso nos indica si es conveniente caminar por la vereda donde hay sol o si es más saludable hacerlo por la sombra.

La práctica de la presencia va enraizando la posibilidad de ver con claridad el juego incesante de los límites y las diferentes gamas de opciones que se presentan para elegir momento a momento. A medida que nos entrenamos en la práctica, pasamos gradual-mente del reconocimiento (asociado al recuerdo) al conocimiento directo y experiencial de los límites.

Intenten durante una semana des-cubrir cómo el estado de presencia nos da información precisa, real, preciosa sobre los límites a través de un cuerpo que vive en el momento presente.

¡Renueve la intención y el coraje para recibir durante toda esa semana la información confiable del cuerpo!

LOS EDUCADORES COMO AGENTES MULTIPLICADORES.

EJERCICIO EN EL AULA

Encienda una vela y aliente a que cada niña, niño y adolescente des-cubra cómo acercar la mano al fuego para sentir el calor sin quemarse.

Esta propuesta abre la posibilidad de observar los límites mediante la experiencia. Por eso, es clave que una vez concluida la experiencia se abra un espacio de indagación conceptual.

¿Los límites son siempre algo estable y fijo?

¿Qué información recibimos para des-cubrir cuál es la distancia exacta en que sentimos el calor sin quemarnos?

¿Podemos y queremos des-cubrir, respetar y habitar la distancia que nos protege del peligro?

Si la altura o la dirección de la llama de la vela varía, ¿necesitamos modificar la distancia que mantenemos respecto de ella?


2. EL SILENCIO Y SU PODER TRANSFORMADOR

Hacer. Estar. Sentir. En este momento simple-mente presencio con atención pura dónde estoy y qué estoy haciendo.

Así surge un conocimiento profundo de ser persona.

Siento alegría y agradezco esta gran experiencia.

Abrirnos a nuevos puntos de vista requiere abrir la mente y el corazón.

El silencio es una capacidad a recuperar para la mayoría de las personas cuando hablamos de introspección y profundización. Es un silencio de intimidad. Un silencio habitado.

Cuando hacemos pausas de introspección podemos experimentar más profundidad en relación con lo que somos, lo que sentimos, lo que elegimos, lo que decidimos cultivar en interna-mente y cómo queremos vivir.

El silencio va surgiendo a medida que la palabra se apaga gradual-mente en homenaje y reverencia a ese silencio único. Este primer espacio de pausa puede revelar que aun cuando silenciemos la palabra, el ruido mental suele continuar impulsado por la inercia del hábito.

Hacer silencio des-cubre el parloteo incesante de la mente que se ha entrenado en narrativas sin fin. Esta experiencia puede despertar confusión y resistencias a transitarla si no se abona la tierra con paciencia, afecto y la firme determinación de dejar surgir el silencio sin expectativas ni juicios.

Conocer los movimientos de la mente al hacer silencio revela que por debajo del ruidoso mar de las palabras hay un estado de quietud siempre disponible que tiene el poder de restaurarnos.

Este estado de presencia abre un espacio donde podemos diferenciar entre el estado de silencio y el bullicio de la palabra. En esa instancia aún están encendidas las zonas cerebrales ligadas al lenguaje, pero se irán “apagando” gradual-mente para permitir que se enciendan otras áreas en las que el silencio surgirá como un estado pleno. Con horas de entrenamiento podremos transitar este proceso como si se tratara de un amanecer o un atardecer.

El estado de silencio reorganiza el psiquismo y por momentos puede manifestarse con un

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