Cómo avanza Colombia

Mauricio Cárdenas Santamaría

Fragmento

Agradecimientos

Este libro es, en gran parte, fruto del esfuerzo colectivo. El punto de partida es una serie de investigaciones que he hecho a lo largo de los años sobre algunos de los temas que aquí se abordan. En prácticamente todas ellas —realizadas en Fedesarrollo, Brookings y, en una etapa más reciente, en el Centro de Estudios sobre Política Energética Global de la Universidad de Columbia— he trabajado con una gran cantidad de colegas con quienes tengo una enorme deuda. Sin la interacción con ellos no habría podido desarrollar las ideas que permean este libro desde la primera página hasta la última.

Pero este no es un trabajo académico. Es, más bien, una exploración sobre lo que ocurre en ese complejo mundo de la política, en el que, además de las ideas —buenas y malas—, intervienen muchos factores que determinan el éxito o el fracaso de los países.

Mis experiencias en el mundo de las políticas públicas son, también, por naturaleza colectivas. Las relaciones con las personas con las que he trabajado en los gobiernos —muchas de ellas, pero no todas, mencionadas en estas páginas— han sido fundamentales para mi desarrollo personal y profesional. Espero que la intensidad y compromiso que he sentido al hacer parte de dichos equipos se destile en estas páginas.

Luis Guillermo Forero, ‘el Mono’, me ayudó a decantar ideas, realizar investigaciones complementarias y corregir múltiples manuscritos. El tono del texto —más periodístico que académico— es en buena parte resultado de nuestras interacciones.

Lina Quiroga fue una aguda crítica —legal y literaria— de los borradores, que mejoraron mucho con sus comentarios y sugerencias.

Para revivir episodios y anécdotas, acudí a algunos de los protagonistas: Gustavo Canal me ayudó a reconstruir la historia del túnel de La Línea en sus etapas iniciales, la cual complementé con un excelente archivo histórico en manos de Juan Francisco Arboleda, en el Ministerio de Hacienda; Catalina Crane, protagonista del acceso a la OCDE, fue —como siempre— muy generosa con sus ideas y documentos; Juan Sebastián Robledo me ayudó a preparar la información relacionada con el importante papel del Ministerio de Hacienda en dicho proceso. Los pormenores del trámite de la Ley para regular el mercado de licores en el país —uno de los principales hitos para asegurar el ingreso— fue el tema de múltiples conversaciones y revisiones de borradores con Ximena Cadena y Mariana Sarasti, quienes, como viceministras, cumplieron un papel central en su trámite.

Los capítulos relacionados con impuestos se beneficiaron de documentos, sugerencias y reflexiones de las personas que participaron activamente en el trámite de una gran cantidad de leyes. En particular, Natalia Aristizábal, Natasha Avendaño, Margarita Escobar, Juan Ricardo Ortega y Santiago Rojas fueron muy generosos con su tiempo y me ayudaron a reconstruir esta intrincada historia. Con Fernando Jiménez rescatamos documentos y reconstruimos el capítulo relacionado con el fallido intento por reducir los sueldos de los congresistas y también el más ameno asunto del avance del deporte en nuestro país.

Buena parte del capítulo final, que analiza los retos pendientes, es producto del trabajo que he hecho desde el 2019 en la Universidad de Columbia y, especialmente, en el último año como miembro de dos comisiones internacionales. Una de ellas, convocada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), analiza a fondo las circunstancias que dieron origen a la pandemia del COVID-19 y propone una serie de recomendaciones para evitar que una debacle de esta magnitud vuelva a presentarse. La segunda, convocada por la Carbon Pricing Leadership Coalition, está preparando un reporte para la reunión de la COP26 en Glasgow, en noviembre del 2021. En ella, analizamos el papel de los gobiernos, del sector privado y de la sociedad civil para desactivar la crisis climática, buscando reducir a cero las emisiones netas de gases de efecto invernadero antes de que sea demasiado tarde. Estas comisiones han sido una fuente de aprendizaje personal acelerado en dos de los temas más relevantes para la humanidad hoy en día.

También quiero agradecerles a Juan David Torres y Alejandra Hernández, quienes fueron estupendos asistentes de investigación en algunos aspectos puntuales del proyecto. Juan José Oyuela me ayudó a conseguir el archivo de los puentes sobre el Río Magdalena.

No pude contar con un mejor editor que Juan Sebastián Sabogal, de Penguin Random House, no solo por haber creído en el proyecto desde el primer día, sino también por su trabajo, profesional y dedicado, que ayudó a conceptualizar el libro y a mejorar su contenido.

Por último, quiero agradecerles a Cristina, a nuestras hijas —Isabela, Andrea y Amalia— y a mi padre, Jorge Cárdenas, por haber sido pacientes con mi “aislamiento dentro del aislamiento” para poder escribir este libro y, sobre todo, por escuchar mis historias con una sana mezcla de amor y espíritu crítico.

Introducción

El diálogo público de nuestros tiempos parece —en buena medida— dominado por los relatos sobre la derrota. Las consecuencias de la pandemia del COVID-19 han profundizado la sensación de que vamos por mal camino; de que los problemas, en vez de resolverse, se agravan.

Sin embargo —rodeados de razones objetivas para pensar que las cosas seguirán complicándose—, se advierte un peligro aún mayor: la desorientación. En medio de una crisis como la que vivimos es fácil perder el rumbo, olvidar muchas de las lecciones aprendidas y pensar más con ‘las tripas’ que con la experiencia. La historia nos enseña que es en momentos como este cuando, con mucha facilidad, las sociedades caen en manos de caudillos.

En medio del pesimismo y la desconfianza, las únicas opciones políticas que parecen viables son aquellas que proponen un borrón y cuenta nueva. En últimas, se tiende a confundir la crisis del momento con una crisis del sistema, a patear la mesa, a querer resetear el modelo para empezar de ceros —una idea que se sabe cómo comienza, pero no cómo termina—. El problema es que este tipo de opciones —al no guiarse por la evidencia y el conocimiento— no logran los resultados prometidos y se convierten en fuente de grandes frustraciones. Más grave aún, son el punto de partida de una espiral de malas decisiones que llevan a las sociedades a crisis más profundas que las que prometían resolver.

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