El líder que no tenía cargo

Robin Sharma

Fragmento

3. El triste precio de la mediocridad y la espectacular recompensa del liderazgo

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El triste precio de la mediocridad
y la espectacular recompensa del liderazgo

Solo los mediocres mueren siempre en su mejor momento. Los líderes auténticos siempre están mejorando y elevando el listón de la calidad de sus actos y la velocidad de sus movimientos.

JEAN GIRAUDOUX

Al día siguiente de nuestro encuentro en la librería, Tommy me dijo que solo necesitaba un día para mostrarme todo lo que debía saber.

—Dame solo un día, Blake —me pidió—. Conocerás a los cuatro maestros que me enseñaron las cuatro lecciones que forman el núcleo de la filosofía del LSC. Ellos te ayudarán a alcanzar el éxito que siempre has deseado simplemente explicándote lo que de verdad es el liderazgo. No quiero parecer un disco rayado, pero el liderazgo no es solo para altos ejecutivos, generales del ejército y la gente que gobierna los países. El liderazgo es para todos. Y en este momento de cambios radicales en el mundo empresarial y en la sociedad, es la disciplina más importante para quien quiera salir vencedor.

—Y lo único que necesito para convertirme en líder es ser un ser humano, ¿no?

—Exacto. Si puedes respirar, puedes liderar —afirmó en un tono tan positivo que hizo que me sintiera mejor conmigo mismo y más optimista con el futuro.

Total, que unos días más tarde salía yo de Nueva York un sábado por la mañana temprano —una taza de café y mi entusiasmo me mantenían despierto al volante de mi coche— rumbo al lejano punto donde Tommy me había citado. Había insistido en que debía llegar a las cinco en punto de la mañana, afirmando que era «la mejor hora del día». Así pues, como no era cuestión de decepcionar a mi nuevo mentor, acepté de mala gana.

El rock sonaba a todo trapo dentro del coche mientras dejaba atrás los rascacielos y las calles desiertas de la ciudad, salía de Manhattan y tomaba la autopista que me llevaría a mi destino. Cada vez estaba más ilusionado. No tenía ni idea de lo que me depararía el día, pero desde entonces he aprendido que la incerteza es un regalo precioso. A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura. Una oportunidad de crecer.

«Para en el cementerio Rosemead —ponía en las instrucciones que Tommy me había escrito—. Verás mi coche aparcado a un lado. Dejaré los intermitentes encendidos para que veas mejor dónde debemos encontrarnos.»

A eso de las cinco menos diez salí de la carretera principal y enfilé un camino de grava que según el mapa me llevaría a donde tenía que ir. Altos pinos se alzaban al cielo. Una ligera bruma cubría la tierra. A mi izquierda se hallaba el claro que mencionaban las instrucciones. No sabía por qué habíamos quedado en un cementerio, pensé que Tommy querría mostrarme algún lugar cercano y que el cementerio era un sitio conveniente —e inolvidable— para encontrarnos y empezar el día juntos.

Al acercarme un poco más vi una escena increíble. Allí, a un lado del camino, estaba el coche de Tommy. Tenía los intermitentes encendidos, como había dicho. Dentro no había nadie. Pero lo que me dejó pasmado fue el modelo del vehículo. ¡Era un Porsche 911S nuevo y reluciente! Y en la matrícula personalizada se reía: LDRSRUS. Moví la cabeza. Sonreí. Desde luego, aquel tipo era todo un personaje. Aquel extraño librero que rechazaba la noción de las elevadas dietas y los enormes despachos a favor de un modelo revolucionario de liderazgo para estos tiempos revolucionarios poseía el coche de mis sueños.

Frené detrás del Porsche y apagué el motor. El silencio era casi sobrenatural en aquel camino oscuro. En la colina del claro vi una figura solitaria y supuse que sería Tommy. Estaba inmóvil en el cementerio.

Tuve que echar mano de toda mi energía para recorrer aquel sendero, arriba, en la loma cubierta de hierba, pasar las cruces que llenaban el cementerio y llegar hasta Tommy. Me di cuenta de que empezaba a tener miedo. Al fin y al cabo, todavía era de noche, estaba en un cementerio y en realidad apenas conocía a Tommy. Aunque había hablado de él con algunos empleados de la tienda. Y todo lo que me había dicho era rigurosamente cierto, hasta el último detalle.

Era verdad que aunque tenía setenta y siete años se le consideraba el mejor empleado de la empresa. Era verdad que había ganado todos aquellos lujosos viajes al Caribe y los demás jugosos premios. Cobraba un sueldo excelente y le habían ofrecido muchos altos cargos. Todos los ejecutivos de la organización lo trataban con el mayor de los respetos y la máxima admiración. Aun así, yo no podía evitar sentir que aquella cita temprana en un cementerio no era lo más sensato que había hecho en mi vida. Sin embargo, una especie de susurro interior me animó a seguir adelante. Y eso hice.

Cuando me hallaba cerca del lugar donde Tommy me esperaba, los primeros rayos de sol asomaban por el horizonte y la luna llena se desvanecía poco a poco. Era una vista muy hermosa.

Seguí acercándome. Ahora veía claramente que era Tommy, aunque me daba la espalda. Llevaba la misma ropa que en nuestro primer encuentro. Delante de él había dos tumbas abiertas. Me quedé de piedra.

Mi primer impulso fue huir de allí. Tal vez ese hombre estaba loco y me había citado en aquel lugar aislado para convertirme en otra de sus víctimas. Cada vez estaba más nervioso. No conseguía poner orden en mis pensamientos. Me detuve.

Tommy se volvió lentamente hacia mí. Llevaba el pelo hecho un desastre, como siempre. Sonreía. Me relajé. El sol se alzaba en el cielo. Iba a ser un día interesante.

—Buenos días, Blake —saludó Tommy con esa confianza que había siempre en su voz—. Llegas puntual, estoy impresionado. Muy impresionado, la verdad. Ya sé que es muy temprano, pero una de las cosas que he aprendido es que los líderes son aquellos individuos que hacen lo que los fracasados no están dispuestos a hacer aunque tampoco sea de su gusto. Tienen la disciplina necesaria para hacer lo que saben que es importante y correcto, en lugar de lo que es fácil y divertido. Pero eso no quiere decir que los mejores líderes no se lo pasen de miedo. Se divierten enormemente. De hecho, gracias a su gran capacidad para alcanzar el éxito y lograr resultados positivos duraderos, acaban disfrutando de más alegrías y diversión que la mayoría. Pocas cosas producen tanta felicidad como saber que estás realizando todo tu potencial, que desempeñas un trabajo brillante y vives tu vida de la mejor manera —afirmó Tommy al tiempo que se quitaba la chapa con las letras LSC—. Toma, esto es para ti, Blake. Por haber tenido el valor de venir. Esa es siempre la mitad de la batalla. Y por tener la mente abierta para aprender la filosofía que he prometido revelarte. LSC significa Liderar Sin Cargo. Y de eso trata todo el método que vas a aprender hoy. Para ser líder no necesitas ningún cargo, amigo mío. Hoy vas a oír eso mismo una y otra vez. Es parte del proc

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