Cerebro de pan

David Perlmutter

Fragmento

Cerebro de pan

INTRODUCCIÓN

En contra del trigo

Mantener el orden en lugar de corregir el desorden es el principio máximo de la sabiduría. Curar la enfermedad después de que ha aparecido es como cavar un pozo cuando uno tiene sed, o forjar armas después de que la guerra ha comenzado.

HUANGDI NEI JING, siglo II d. C.

Cuando se publicó este libro por primera vez en 2013, desafió el dogma dietético de la época. La premisa se enfocaba en reducir el consumo de carbohidratos, eliminar el gluten e incrementar el consumo de grasas dietéticas de alta calidad. Dicho protocolo fue un revés para el sentido común prevaleciente que dictaba cómo era una dieta saludable. Rebasé los límites no sólo con respecto a disminuir de forma radical el consumo de azúcares y carbohidratos, y agregar más grasa dietética, sino también al promover la cetosis y emplear el poder del ayuno intermitente. Esto desencadenó que las autoridades en materia de nutrición comenzaran a discutir estos temas y su relación con elecciones dietéticas saludables y hábitos en general. Me gusta pensar que di pie a una revolución. Y debe continuar, sobre todo ahora que he perdido a mi padre por culpa del Alzheimer.

Para ser francos, yo no fui quien inició esta revolución. En ese entonces no tenía un plan de marketing. Lo que impulsó el movimiento fueron los lectores que implementaron estos cambios en sus hábitos alimenticios y experimentaron resultados positivos. Dichos resultados los motivaron a hacer otros cambios de hábitos favorables más allá de la dieta. Y todos esos pequeños cambios se sumaron para generar una inmensa transformación: lo micro se transformó en macro. Ellos mejoraron su calidad de vida en general y compartieron sus historias con otros. No hay nada más potente que la transmisión de ideas por medio del antiguo método de la difusión de boca en boca. Tengo la ilusión de que esta edición revisada llegue a manos tanto de quienes leyeron la obra original como de quienes apenas se familiarizan conmigo y con mis ideas por primera vez. Bienvenidos. Escribí esto para todos ustedes, y espero que mis palabras los empoderen y les permitan tomar el control —y apropiarse— de su salud como nunca han podido hacerlo.

Recibí intensas críticas por mis consejos opositores (los cuales no ayudan a las industrias del trigo y el azúcar), pero los resul­tados de seguir las recomendaciones de Cerebro de pan evidenciaron sin lugar a dudas la solidez fundamental de sus principios. Incontables lectores que llevaban toda la vida lu­chan­do contra diversas afecciones crónicas —desde ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y neblina cerebral, hasta trastornos inflamatorios, alteraciones anímicas y depresión, deterioro neurodegenerativo, diabetes y obesidad— fueron capaces por fin de cambiar el destino de su salud, para bien. Puedes encontrar algunas de estas historias de transformación en mi sitio web DrPerlmutter.com (en inglés) o en mi canal de YouTube: DavidPerlmutterMD. También incluiré algunos testimonios en esta nueva edición del libro en recuadros laterales (busca los que lleven el título “Una verdadera historia de Cerebro de pan”).

Cerebro de pan se ha convertido en un fenómeno global; ha vendido más de un millón de copias en versión impresa y ha sido traducido a 30 idiomas. No deja de sorprenderme, y estoy eternamente agradecido por la oportunidad de participar en tantas transformaciones de salud y de llegar a las manos de gente a quien no podría haber conocido en mi consultorio privado. El éxito de este libro me ha abierto las puertas a viajes por todo el mundo y a conocer a incontables especialistas en salud, científicos y gente común. Una de las experiencias más gratificantes ocurrió en 2017, cuando compartí mi visión sobre salud cerebral en el Banco Mundial, durante una conferencia transmitida en 150 sitios de internet de todo el mundo. He participado en incontables eventos públicos y privados, he impartido conferencias en facultades de medicina y me he entrevistado con medios de alto perfil, incluyendo medios escritos y televisivos, para seguir difundiendo y respaldando los lineamientos contenidos en el protocolo original de Cerebro de pan.

Pero con esta nueva edición debo llegar más lejos.

El sistema básico de operación de la práctica médica actual en Estados Unidos se enfoca ciegamente en tratar los malestares con remedios sumamente rentables, diseñados para el manejo de los síntomas.1 Se ignoran las causas. La prevención pasa a segundo plano y queda relegada a la provincia de las modalidades alternativas. Ver a nuestros políticos electos debatir los méritos de financiar las iteraciones cambiantes de los sistemas de salud diseñados para tratar enfermedades representa una ironía mordaz, pues tienen poco que ver con la salud y todo que ver con la enfermedad. Pero ha quedado claro que ambas caras del sistema coinciden enfáticamente en que los estadounidenses debemos tener acceso a nuestras medicinas; muchas, muchas medicinas.

En mi opinión, difundir que la gente puede hacer pequeños cambios para prevenir enfermedades terribles como el Alzheimer, para la cual no existe un tratamiento eficiente, no sólo es lógico, sino imperativo. La palabra doctor significa maestro. Y ahora que muchos médicos parecen empeñados en proveer remedios farmacológicos, es el momento ideal para dar un paso atrás, revisar los hallazgos científicos existentes y dar a conocer que los pacientes a quienes cuidamos pueden tomar decisiones en el presente para conservar su salud.

Mucho de lo que ha ocurrido en nutrición y neurología desde 2013, así como las publicaciones de muchas instituciones académicas prestigiosas, han validado por completo los principios que esbocé originalmente en Cerebro de pan y que retomo en esta edición actualizada. Hasta el gobierno estadounidense ha modificado sus lineamientos alimenticios para reflejar estas investigaciones y se ha retractado de respaldar las dietas bajas en grasas y bajas en colesterol para aproximarse más a mi forma de pensar. ¿Quién dice que las cosas no cambian?

En 2013 seguían circulando ciertos mitos en los entornos clínicos como si fueran rumores. Seguíamos viviendo en un mundo que consideraba que la grasa dietética se asociaba de algún modo con el riesgo de enfermedades (incluyendo obesidad), donde la sensibilidad al gluten era una conversación que sólo se tenía en el contexto de la celiaquía, y donde ningún científico se atreviera a impulsar cambios de vida sencillos que estimularan el crecimiento y la proliferación de nuevas neuronas. Cinco años después, tenemos más evidencias que demuestran qué cosas contribuyen al deterioro cognitivo y a enfermedades como el Alzheimer.

En la edición original de Cerebro de pan argumenté que la p

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