Las vacaciones no empiezan cuando sales del trabajo. Tampoco cuando estás haciendo la maleta. Ni siquiera cuando llegas a tu destino, tan esperado, para pasar unos días de relax desconectando de todo. Las vacaciones empiezan cuando vas al quiosco y te compras un cuadernillo de autodefinidos, crucigramas y sudokus. Y eso es una verdad universal indiscutible. Y nuestros hijos también merecen ese momento que suena a «acaban de empezar las vacaciones».