Súper Chistes para reír con tus Amigos (Súper Chistes 8)

David Domínguez
Àlex López

Fragmento

cap-1

Un hombre negro grande, fuertote, con gabardina de cuero y gafas oscuras mira al joven que tiene delante.

—Debes escoger entre la pastilla roja y la azul —dice con voz grave y ceremoniosa.

—Morfeo, de verdad...

—¡Neo, te he dicho que escojas!

—Pero ¡yo las veo iguales!

—¡Un elegido daltónico! Cada día estamos peor...

Dos chavales están en la tienda de cómics del barrio hojeando las novedades.

—Estuve pensando el otro día... ¿Tú crees que como Thor es muy fuerte podría hundir un barco con una ventosidad?

—Ostras, no sé. Si fuera Hulk, seguro, pero Thor...

—Pues yo creo que sí, porque sería un Thor-Pedo, ¿no?

En la sala de espera de la consulta del doctor de monstruos están el hombre invisible y Frankenstein, que le acompaña. Harto de esperar, Frankie entra indignado en la consulta del médico.

—¡Oiga, doctor, que el hombre invisible está esperando desde hace dos horas!

—Dígale que no puedo verle. Que pase el siguiente.

Dos detectives de la policía se encuentran en un centro comercial en medio de un gran despliegue policial.

—Suárez, somos amigos, no me engañe, sé que es grave. ¿Cuál es la situación exactamente?

—Los ladrones se han atrincherado en una tienda de zapatos.

—¿Han conseguido hacerse con un botín?

—Con varios, señor. Tienen botines e incluso mocasines.

—Entiendo. ¿Han acordonado ya la zona?

—Imposible.

—Entiendo.

Batman y Robin están en la Bat-Cueva frente a un pastel de cumpleaños.

—¡Feliz cumpleaños, Batman! —Robin saca un paquete de su capa—. ¡Aquí tienes mi regalo!

—Mmm. —El superhéroe sospecha—. No será otra batidora, ¿verdad, Robin? Ya llevas tres años con el chiste de la Bat-idora.

—No, de verdad que no, Bruce. —Robin pone cara de niño bueno—. Esta vez es un regalo de verdad.

—Menos mal. —Batman suspira aliviado y abre el paquete—. Muchas gracias, Robin por el... batín.

—Ja, ja, ja, ja, ja. —Robin se carcajea rodando por el suelo—. Un bat-in, ja, ja, ja.

—Sabes que puedo echarte de la mansión, ¿verdad, Robin?

Todos los días, a las 16.42 exactamente, un niño entra en la tienda de cómics, se apoya en una de las paredes y se pone a mirar su móvil. El dependiente lo mira con inquietud pero como no molesta no le dice nada, hasta que un día, pasado ya un mes desde que el chaval empezó la rutina, no le queda más remedio que preguntar.

—Oye, ¿me puedes decir quién eres?

—Ah, ¿no me conoces? —El niño parece sorprendido.

—No.

—Sí, hombre, soy el chaval que viene todos los días a las 16.42 y se pone a mirar el móvil...

Batman llama a Robin a la Bat-Cueva y le habla en un tono absolutamente solemne.

—Robin, hoy cumples dieciocho años y ya eres mayor de edad. Es hora de que afrontes el mundo por ti mismo y vayas por tu cuenta. Por eso voy a regalarte el Bat-Móvil.

—Mira, Batman, déjalo, yo con el último Iphone tiro. Pero gracias, ¿eh?

Dos amigas se están arreglando para ir al cine. Una de ellas se mira en el espejo muy preocupada.

—Oye, Clara, tengo un grano en la frente, ¿se ve mucho?

—¡Hala! ¡Un unicornio! ¡Los unicornios existen, los unicornios existen!

El caballero acaba de salvar a la princesa del malvado dragón y la lleva a la corte en su inmaculado corcel blanco. Allí, ya reunidos con sus familiares y su séquito, la princesa, muy agradecida, le dice:

—Mi señor, le ofrecería mi mano, pero me temo que ya estoy comprometida. A cambio podéis escoger a una de mis damas de honor para casaros con ella.

—Eh... —duda el caballero—. Es que, lo siento, mi señora, pero no me gustan. Son muy peludas.

—Pero ¿cómo osas? —exclamó la princesa indignada.

—Exactamente. Como osas, como osas...

Hace cincuenta años que el apocalipsis se acabó y los zombis destruyeron a la humanidad. Hoy, dos zombis van de excursión a Montserrat.

—¿Qué, has traído los víveres?

—Querrás decir los muérteres —le dice el otro, guiñando el trozo de ojo que le queda.

—Ja, ja, ja. Me vivo de risa.

Una nave proveniente de Marte aterriza en un pueblo conocido por la capacidad de sus habitantes de ser más tontos que hechos de encargo. Dos marcianos se dirigen a la primera casa que ven. Un chaval les abre la puerta.

—Hola, terrícola, venimos de Marte.

—Ya, ya... Pero ¿de marte de quién?

Dos niñas pequeñas juegan en el patio de casa.

—Pues yo cuando sea mayor quiero tener un novio muy muy guapo.

—Ah, pues yo no —contesta la otra—. Yo quiero tener un novio zombi.

—¿Un zombi? —La amiga pone cara de asco—. Pero si son muy feos y están muertos y se les cae la piel a tiras...

—Ya, pero en mi casa me han dicho que tengo que buscar a alguien que me quiera por mi cerebro...

—También es verdad.

Un chico habla con un amigo mientras juegan a la consola.

—Jo, todos en clase piensan que estoy loco. ¡Estoy seguro!

—Venga, va, tú no estás loco. Eres un tío normal. Además, cómo sabes que todos piensan que estás loco, ¿eh?

—Pues muy fácil... Me lo han dicho mis amigos unicornios invisibles exiliados de su planeta natal que lo han descubierto con sus poderes telepáticos...

—Eh, oye...

—Pero no te preocupes, que tú eres legal, y cuando invadan la Tierra y asesinen a todos esos tontos, a ti te perdonarán la vida y solo te esclavizarán porque...

—Oye, me acabo de dar cuenta de que tenía que hacer unos deberes de mates... Me voy yendo, ¿eh? Pero tú tranquilo, que yo te creo, eh, tranquilo...

Lucas está trabajando en su granja de humedad bajo dos soles de justicia y 43 grados a la sombra cuando, repentinamente, aparece un villano vestido de negro tras él.

—Únete a mí, Lucas. ¡Ven al lado oscuro!

—Mmm. —El chico duda unos segundos—. ¿Eso del lado oscuro quiere decir que hay sombra?

—Mucha.

—Pues vamos.

Lucas comienza a caminar con el villano hacia la nave espacial de este.

—Oye, ¿y tenéis helados?

—Claro, tenemos helado oscuro.

—¡Cómo mola!

Dos amigos se presentan

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