Cosas que decir sin lengua

Mike Fajardo

Fragmento

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Desde que era pequeño, hay una cosa que siempre me ha llamado la atención: saber qué es lo que piensan de mí otras personas cuando no me lo están diciendo. Y es que hay muchísimas situaciones normales y corrientes en las que no puedes saber lo que realmente piensa la gente, pero tienes muchísimas ganas de saberlo. Por ejemplo: ¿le estoy cayendo bien a este tío que acabo de conocer? ¿Le gusto a la chica de clase que me pone ojitos o solo me lo estoy imaginando? ¿Le interesa a este grupo de gente lo que les estoy contando o, por el contrario, estoy siendo un plasta de narices y no saben cómo decírmelo?

Un momento, ¿he dicho que NO puedes saber lo que piensa otra persona? Quería decir que SÍ puedes… Pero solo si sabes cómo, claro.

Hay muchísimos pequeños detalles que te dan información y te cuentan a gritos lo que sienten y piensan los demás de ti, aunque no lo expresen con la voz. Desde la manera de mirarte, hasta los gestos que hace una persona al hablar o la posición que ocupa alguien en un grupo de amigos… Es increíble todo lo que pueden revelar estas cuestiones sobre cómo se sienten cuando están contigo y con los demás, ¡y mucha gente ni siquiera es consciente de que lo hace!

Es curioso cómo puedes llegar a gustarle mucho, pero que mucho, a una persona que te interesa con tan solo observarla en su día a día… Ojo, sin ser un stalker, por supuesto, me refiero sencillamente a mirar con atención lo que esa persona quiere mostrarnos, ¡nada más!

Ahora mismo, incluso a través de un vídeo en TikTok o en YouTube, se pueden analizar un montón de aspectos de la gente y de su forma de ser, simplemente viendo cómo se desenvuelven y comunican ante la cámara. ¡Hasta una foto puede contarnos cosas de las que a simple vista no nos damos ni cuenta!

En este libro, te acompañaré para adentrarnos en el mundo de la comunicación no verbal y para aprender cómo descubrir lo que la gente piensa de nosotres sin necesidad de hablar con elles, solo prestando un poquito de atención a su expresividad, sus gestos, su postura corporal, etc. Quizá ahora te estés preguntando cómo he adquirido yo estos conocimientos. Pues ya te digo que mi aprendizaje viene de lejos.

Cuando era más pequeño, vivía perdidamente enamorado de una chica que tenía un año más que yo. Hablaba con ella algunas veces, pero nunca era capaz de distinguir si el «enano de turno» (es decir, yo) tenía algún tipo de posibilidad con ella o si solo estaba soñando. Un buen día, mientras estábamos en un campamento de verano, un amigo me susurró al oído: «Bro, ¿eres consciente de cómo te mira X todo el rato?». Hasta ese momento, la verdad es que yo no me había dado cuenta, aunque sí es cierto que a partir de entonces empecé a prestar más atención. Cuando estábamos todos en grupo, me intentaba fijar en si ella me miraba, aunque no estuviéramos hablando, en si su cuerpo se orientaba hacia mí y muchos otros detalles. Poco a poco, empecé a observar comportamientos y rasgos que, más allá de lo que hablásemos ella y yo, me dieron la sensación de que quizá yo sí le podía interesar un poquito.

Así que al final del campamento, en una especie de fiesta de gala que hicimos, me atreví a pedirle que bailara conmigo. Una cosa llevó a la otra y, gracias a estar pendiente de su lenguaje corporal y estar atento a ella, al final de la noche... ¡nos besamos!

Esto es lo que te quiero transmitir, al fin y al cabo: prestando atención a lo que hace otra persona y a cómo se comporta, consciente o inconscientemente, podemos llegar a conocerla mucho mejor. Seremos capaces de acercarnos a una persona que nos atrae de una manera mucho más segura, sabiendo ya de antemano si hay alguna posibilidad o no, asegurarnos de proporcionarle un ambiente cómodo y de confianza, ¡e incluso llegar a conquistarla!

¡Somos lo que hacemos!

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¿Nunca te ha pasado que le has mandado un wasap a un colega, o a un ligue, y se ha malentendido por completo? Lo que tú querías decir y lo que ha entendido la otra persona no han tenido nada que ver. A lo mejor tú pretendías hacerle una pregunta sin más, pero tu amigo se ha pensado que estabas rayado o cabreado con él por algún motivo, o la chica que te gusta se ha tomado un comentario sincero como un ataque personal… Nos ha pasado a todos. Esto es porque han interpretado tus palabras de manera errónea, y eso es lo que les pasa a las palabras en todos los idiomas: tienen muchísimas interpretaciones. Entre otras muchas razones, esta es una de las que hacen que la comunicación no verbal sea tan importante: nos permite comprender el sentido de las palabras de la gente, nos da pistas para saber cómo entender lo que nos quieren decir y, al mismo tiempo, nos ayuda a que el mensaje que queremos enviar llegue correctamente y sin malentendidos de por medio.

Te pongo un ejemplo: las expresiones faciales. ¡Hay millones! Y casi siempre van a revelarnos en qué sentido está diciendo una persona lo que nos está contando: si está enfadada, contenta, bromeando, si siente vergüenza… o, incluso, ¡si le gustas! Escuchar las palabras en sí mismas es importante, sí, pero también lo es saber entender los gestos que las acompañan, las miradas, la posición del cuerpo cuando las pronuncia… Si nos quedamos solo en la parte más superficial, es como si viéramos una película sin mirar la pantalla. El lenguaje no verbal es una parte imprescindible de la comunicación, de manera consciente o no, y si nos olvidamos de él estaremos perdiendo la mitad del mensaje.

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Lo cierto es que conseguir lo que quieres cuando te comunicas con alguien es mucho más sencillo si sabes lo que te está comunicando y lo que comunicas tú de manera completa, no solo a medias; es decir, conseguir caerle bien a una persona, o que se sienta cómoda contigo, o que esté receptiva a algo que intentas pedirle. Hay que saber cómo acercarnos a nuestro interlocutor, en primer lugar, cómo «entrar»; para esto es fundamental, antes de nada, observar y analizar con cuidado todo lo que rodea a la conversación.

Te voy a poner un ejemplo: imagínate que te acaban de invitar a la fiesta de un amigo y quieres conseguir que tus padres te dejen ir. Tu primera entrada, en este caso, será acercarte a ellos y comentárselo con palabras (bueno, puedes hacerlo con marionetas, si quieres, pero probablemente sea menos efectivo). Según la cara que pongan tus padres y los gestos que hagan, estoy c

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