Palabras de fuego

Osho

Fragmento

Palabras de fuego

uno

Bendición tras bendición

Juan 1

1 En el principio ya existía la Palabra,

y la Palabra estaba con Dios,

y la Palabra era Dios (…)

3 Por medio de Él todas las cosas fueron creadas;

sin Él, nada de lo creado llegó a existir.

4 En Él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

5 Esta luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no han podido apagarla.

6 Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan.

7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para

que todos creyeran por él.

8 Él no era la luz, sino quien diera testimonio de la luz (…)

11 Vino a su propio mundo y los suyos no lo recibieron.

2 Pero a quienes lo recibieron, a los que creen en su nombre,

les concedió el privilegio de llegar a ser Hijos de Dios (…)

14 Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros.

Y hemos visto su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único

del Padre, lleno de gracia y de verdad (…)

16 De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia.

17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la

verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

Voy a hablar sobre Cristo, pero no sobre el cristianismo. El cristianismo no tiene nada que ver con Cristo. De hecho, el cristianismo es anti-Cristo, al igual que el Budismo es anti-Buda y el jainismo es anti-Mahavira. Cristo tiene algo en Él que no se puede organizar: su naturaleza misma es rebelión y la rebelión no se puede organizar. En el momento en que la organizas, la matas. Y entonces, el cadáver permanece. Puedes adorarla, pero no puedes ser transformado por ella. Puedes llevar la carga durante varios siglos, pero solo te agobiará, y no te liberará. Por eso, que sea absolutamente claro desde el principio: estoy a favor de Cristo, pero ni siquiera una pequeña parte de mí es para el cristianismo. Si quieres a Cristo, tienes que ir más allá del cristianismo. Porque si te aferras demasiado al cristianismo, no serás capaz de entender a Cristo. Cristo está más allá de todas las iglesias.

Cristo es el principio mismo de la religión. En Cristo, todas las aspiraciones de la humanidad se cumplen. Él es una síntesis poco común. Normalmente un ser humano vive en agonía, angustia, ansiedad, dolor y miseria. Si miras a Krishna, Él se ha trasladado a la otra polaridad: vive en éxtasis. No hay el menor rastro de agonía; la angustia ha desaparecido. Puedes amarlo, puedes bailar con Él por un tiempo, pero el puente se perderá. Tú estás en agonía y Él está en éxtasis: ¿dónde está el puente?

Buda ha ido aún más lejos. Él no está en la agonía ni en el éxtasis. Es absolutamente tranquilo y calmado. Está tan lejos que, aunque puedas mirarlo, no puedes creer lo que es: se ve como un mito, tal vez como un cumplimiento de un deseo de la humanidad. ¿Cómo puede semejante hombre caminar sobre esta tierra y trascender toda agonía y éxtasis? Él va demasiado lejos.

Jesús es la culminación de toda aspiración. Está en agonía al igual que tú y que todo ser humano que nace: en agonía en la cruz. Él está en el éxtasis que Krishna logra a veces: Él celebra, es una canción, un baile. Y también es trascendencia. Hay momentos, cuando estás más y más cerca de Él, cuando ves que su ser más interior no es ni la cruz ni su celebración, sino la trascendencia. Esa es la belleza de Cristo: que existe un puente. Puedes acercarte a Él, y Él puede llevarte hacia lo desconocido, con tanta lentitud que ni siquiera te darás cuenta al cruzar la frontera, al pasar de lo conocido a lo desconocido, cuando el mundo desaparece y aparece Dios. Puedes confiar en Él, porque Él es muy semejante a ti y, sin embargo, es muy diferente. Puedes creer en Él porque es parte de tu agonía y puedes entender su idioma.

Por eso Jesús se convirtió en un gran ídolo en la historia de la conciencia. No es una simple coincidencia que el nacimiento de Jesús se haya convertido en la fecha más importante de la historia. Tiene que ser así. Antes de Cristo, había un solo mundo; después de Cristo, ha existido un mundo totalmente diferente: una demarcación en la conciencia del hombre. Hay tantos calendarios, tantos caminos, pero el calendario que se basa en Cristo es el más significativo. Con Cristo, algo ha cambiado en el hombre; con Cristo, algo ha penetrado en la conciencia del hombre.

Buda es hermoso, magnífico, pero no de este mundo; Krishna es adorable, pero aún falta el puente. Cristo es el puente y, por lo tanto, he optado por hablar sobre Él. Pero recuerda siempre que no estoy hablando sobre el cristianismo. La Iglesia siempre es anti-Cristo. Cuando intentas organizar una rebelión, esta tiene que ser subsidiada. No puedes organizar una tormenta, ¿cómo puedes organizar entonces una rebelión? Una rebelión es verdadera y viva solo si es un caos.

Con Jesús, un caos entró en la conciencia humana. Ahora, la organización no se debe hacer en el exterior, en la sociedad; el orden tiene que ser llevado al núcleo más íntimo de tu ser. Cristo ha traído un caos. Ahora, tienes que nacer totalmente nuevo a partir del caos, de un orden proveniente de lo más íntimo: no una Iglesia, sino un hombre nuevo; no una nueva sociedad, sino una nueva conciencia humana. Ese es el mensaje.

Debes haber oído tantas veces las palabras del Evangelio de San Juan, debes haberlas leído tantas veces que se han vuelto casi inútiles, sin sentido, insignificantes, triviales. Han sido tan repetidas que ya no suenan campanas dentro de ti cuando las escuchas. Pero estas palabras son tremendamente potentes. Es posible que hayas perdido el significado de ellas, pero si estás un poco alerta y consciente, podrás recuperar el significado de estas palabras. Será difícil recuperar el sentido, así como también es difícil ganarle tierra al mar.

El cristianismo ha cubierto estas hermosas palabras con tantas interpretaciones que la frescura original se ha perdido: se ha perdido a través de la boca de los sacerdotes que simplemente repiten como loros sin saber lo que dicen, sin saber, sin dudar, sin temblar ante el carácter sagrado de estas palabras. Ellos están repitiendo simplemente palabras como robots mecánicos. Sus gestos son falsos, porque todo ha sido previamente ensayado.

Una vez me invitaron a una universidad teológica cristiana. Me sorprendió cuando me llevaron a conocer sus instalaciones. Es una de las mayores facultades de teología en la India. Cada año preparan de 200 a 300 sacerdotes y misioneros cristianos allí, luego de estudiar cinco años. Y les enseñan todo: incluso a ponerse de pie en el púlpito, cómo hablar, dónde hacer más énfasis, cómo mover las manos. Todo tiene que ser enseñado. Pero entonces todo se vuelve falso, pues la persona solo hace gestos vacíos.

Las palabras de Jesús son como el fuego, pero después de varios siglos de repetición, de repetirlas como un loro, una gran cantidad de polvo se ha acumulado alrededor del fuego. Mi esfuerzo será descubrirlas de nuevo. Debes estar muy atento, porque estaremos recorriendo un camino bien conocido d

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