El tigre

Fragmento

El Tigre

Prefacio a la nueva edición

En el verano de 2012, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se movía inexorablemente hacia la recaptura de la Presidencia de México, el legado de El Tigre era claramente palpable. Una fuerte sensación de déjà vu acompañó la elección de Enrique Peña Nieto: justo como había ocurrido 24 años antes, un magnate de medios llamado Emilio Azcárraga respaldaba a un priísta en sus 40 que prometía redención tras seis años de miseria. El principal rival del candidato venía de la izquierda –un hombre marginado por las cadenas televisivas–. Y aunque en esta ocasión el grito de fraude electoral no se escuchó en las primeras planas, el sentimiento en las calles –especialmente entre los jóvenes– nuevamente fue de frustración hacia el proceso político. De nuevo consignaron su furia frente a la influencia de la paquidérmica empresa de medios Televisa.

¿Tan poco ha avanzado la democracia mexicana? ¿Sigue Televisa fallándole al público al que, como titular de concesiones de transmisión televisiva, se supone debe servir? ¿Aún es el imperio de la familia Azcárraga –como famosamente lo acuñó Raúl Trejo Delarbre– “el quinto poder”? A 15 años de la muerte de Emilio Azcárraga Milmo, mejor conocido como El Tigre, las respuestas a estas interrogantes parecieran ser afirmativas.

Pero el guión podría haber sido distinto. En 2000, cuando se publicó por primera vez este libro, la Televisa que El Tigre había moldeado bajo su propia imagen –autoritaria, monopolista y arrogante– parecía estar evolucionando. Bajo el timón de su hijo, Emilio Azcárraga Jean, la empresa aún era un cuasimonopolio, pero había señales de una nueva personalidad corporativa: más creativa, más democrática e incluso más ética. En la edición revisada de 2001 añadimos un decimoséptimo capítulo que comentaba esta tendencia. Mencionamos cómo la cobertura de la campaña electoral de 2000 había sido relativamente justa; candidatos de todos los partidos aparecían en los programas noticiosos, donde el tiempo-aire asignado fue equitativo. Jacobo Zabludovsky, el veterano periodista considerado por muchos vocero del PRI, se había retirado de la empresa y Joaquín López-Dóriga estaba inyectando un nuevo dinamismo en el noticiario de la noche. Incluso Carlos Monsiváis, respetado intelectual mexicano, aparecía como comentarista invitado Azcárraga Jean se deshizo del canal internacional de noticias ECO, una reliquia de poca credibilidad de la era de su padre, y ejerció un estilo de administración menos áspero, sintiéndose más cómodo con la delegación de la toma de decisiones Incluso el conocido “veto” parecía haber desaparecido con actores y cantantes que trabajaban con Televisa y luego con TV Azteca conforme surgían nuevas oportunidades.

Hasta cierto punto, estas tendencias continuaron. Para deleite del público, la sátira política se volvió una ocurrencia diaria, gracias a El Mañanero, con Brozo, el payaso crítico del sistema. Éste y la sátira nocturna, El Privilegio de Mandar, que criticaba ácidamente al presidente Vicente Fox, habrían sido impensables bajo el comando de El Tigre. La cobertura noticiosa del gobierno izquierdista de la ciudad de México, negativa en la era del jefe de gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), simpatizó durante varios años con Andrés Manuel López Obrador, también del PRD.

Reconociendo que otras compañías de medios eran mejores en algunas áreas, Televisa acordó formar alianzas con el Grupo Prisa de España, en radio, y con Ocesa, para la promoción de conciertos. Estas y otras desviaciones del viejo modelo autocrático y predeciblemente progobiernista, alentaron la moral y la credibilidad de la compañía Los empleados de Televisa, quienes aún recordaban a El Tigre, ya no podían presumir de que tenían al “patrón más chingón”; pero, en cambio, tenían un patrón a quien podían respetar y al que era posible acercarse sin temor. En cierto modo, Azcárraga Jean parecía representar la nueva tendencia mexicana: “apertura” en todos los sentidos.

Al mismo tiempo, sin embargo, se empezó a acumular evidencia de que algunos de los cambios eran meramente cosméticos. Señales contrarias de una ética monopolística, autoritaria y antidemocrática subyacente comenzaron a multiplicarse. Desde una perspectiva histórica, uno podría detectar cada vez más el legado de El Tigre en las decisiones y las tendencias de su hijo, El Tigrillo.

Nicolás Maquiavelo escribió que un príncipe sólo puede actuar de manera decisiva cuando las circunstancias favorecen la acción decisiva. La debilidad de Fox como presidente y la falta de una mayoría de cualquiera de los partidos en el Congreso crearon justamente esas circunstancias, y Azcárraga Jean y su equipo actuaron repetitivamente para fortalecer a su compañía.

En 2002 Televisa persuadió al gobierno de rescindir la obligación, desde hacía más de 30 años, de entregar 12.5% (tres horas diarias) de tiempo-aire en cada canal, ofreciéndole minucias a cambio: 18 minutos diarios en las televisoras, 35 minutos en las estaciones de radio y la resucitación de una antigua iniciativa del derecho de réplica por parte de la ciudadanía. El anuncio corrió a cargo del otrora presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) y vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez, quien durante la comida para celebrar su última asamblea al frente de la CIRT tomó el micrófono y dijo: “Este día se le dice adiós al 12.5%”. La respuesta del senador panista Javier Corral, presidente de la Comisión de Radio y Televisión del Senado, fue gélida: “Los Pinos se subordina a Televisa”.

En 2003 Azcárraga Jean comenzó a revivir visiblemente sus vínculos con la vieja guardia del PRI, al organizar una fiesta para Carlos Salinas de Gortari, en un intento por ayudar a su rehabilitación pública. Salinas, a su vez, se convirtió en asesor especial de Azcárraga Jean. En 2004 Televisa tomó el papel principal en la transmisión de los “videoescándalos” que evidenciaron los sobornos en el seno del gobierno de la ciudad de México que empañaron la reputación de López Obrador. En 2005, como reveló Jenaro Villamil e

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