Micky

Martha Figueroa

Fragmento

Micky un tributo diferente

Siempre quise escribir un libro. Creo que llevo 10 años tratando de hacer éste. Sí, me tardé un poco.

Me imaginaba como ese personaje de Diane Keaton en la película Something’s Gotta Give. ¿Se acuerdan? La escritora que se enamora de Jack Nicholson. Amo esa escena cuando la mujer sufre una decepción amorosa y se sienta frente a la computadora a escribir como loca mientras llora y se ríe, ríe y llora, en una casa maravillosa frente al mar, en The Hamptons, con un montón de kleenex alrededor y música en francés de fondo.

Siempre pensé que así es como se escribían los libros: con vista al océano. Pues yo estuve a punto de cumplir esa fantasía, a punto. Casi. El primer intento literario lo hice en una habitación de hotel –increíble– que flotaba al ras del mar en Coronado. El ambiente era perfecto, pero la inspiración no llegó y no escribí nada, lo que se dice nada. Eso sí, tomé fotos buenísimas de los veleros que pasaban.

Al final, este libro no lo hice frente al mar, sino en un rincón de mi departamento. Les juro que me senté en una esquinita contra la pared. Básicamente, para no distraerme (es que soy muy dispersa). No lo escribí durante el verano neoyorquino, sino en 2 meses bastante complicados. Pero, eso sí, igual que la Keaton… ¡me senté frente a la computadora y tecleé llorando sin parar! Como el libro de Coelho A orillas del río piedra me senté y lloré, aquí se formó un arroyo debajo del escritorio y sólo faltó “tirar mi pañuelo al río para mirarlo cómo se hundía” como Julio Iglesias.

Es que, justo cuando empecé a escribir, ocurrió una fatalidad en mi vida. Y de ahí se desencadenaron una tras otra. Bueno, la tarde anterior a la entrega del libro…¡a mi perro se le estaban cayendo los ojos! (Sí. Cuando Dios aprieta, ahorca a gusto). Entonces tuve que salir corriendo al veterinario y escribí el capítulo más importante de prisa y con mucha tensión. Por fortuna, el oficio me salvó y creo que no se nota (jajaja).

Al final este libro fue una terapia maravillosa. Había días que decía “a ver en qué momento entran 2 enfermeros a darme electroshocks”, pero acordarme de mis 25 años con Luis Miguel fue emocionante y muy divertido. Y cuando digo “con”, también podría ser “ante, contra, desde, entre, hacia, para, por, según y trás”.

Este libro –que espero tengan entre las manos, y no estén leyéndolo por arriba del hombro del que está sentado al lado porque da mucho coraje–, es un pretexto para hablar de mis andanzas con el cantante mexicano más exitoso de los últimos tiempos.

La historia empieza cuando busqué a Micky para proponerle que hiciéramos juntos un libro y termina la última vez que lo vi, la noche que me dijo que “Sí”. Un “sí”, precioso. Que luego se convirtió en “no”. Después de un año, la editorial me sugirió un plan “B” y ¡aquí está!

Pensé en no hacerlo, porque a veces soy dudosa del interés que provoco. Pero cuando vi en la librería títulos como 50 ex novios peores que el tuyo, Ten things to do with a pint of ice cream, ¿Cómo ir al baño en el bosque? o You say Tomato, I say Shut up, me dije: hazlo.

La idea: un tributo a Luis Miguel por 30 años de carrera. Hay quienes piensan que Luis Miguel es un misterio y debería traer pegada en la espalda una etiqueta con las instrucciones –como las sopas de vasito– para encontrarle el modo. Yo le “entendí a primera vista” a los 22 años (él tenía 18) y a los 46 sigo siendo fan. Además, desde el día uno quise ser su biógrafa.

En realidad, mi primera conexión con el “Sol” fue a los 19. Cuando decidí abrazar seriamente el periodismo, después de tener un pequeño desliz con las danzas polinesias.

Al llegar a México para estudiar, viví de asilada con una de mis mejores amigas de la infancia, Gabriela Teissier, quien es presentadora de “Primera Edición”, el noticiero matutino de Univisión en Los Angeles. Gaby es una persona es-tu-pen-da (con todas las letras), pero además canta hermoso y había sido “ex” de Luis Miguel. Ahora verán…

Cuando Micky lanzó el disco Un sol, Gaby fue su primera corista y lo acompañaba –con una niña rubia de pelo largo, larguísimo– en sus presentaciones de televisión con un “solecito” pegado en la solapa. El segundo apellido de Gaby es Zavala y –¡sí!– pertenece a la dinastía de los mejores coros del mundo: los Hermanos Zavala (los de “pa ra pa, pa ra pa, pa pa pa pa ra, pa ra…” del Festival OTI). Pasó el tiempo y cada vez que Luis Miguel la veía le decía: “¡Hola ex!” Y ahí nos tenían al par de amigas, muertas de risa con el anecdotario.

Aunque parece que hoy sólo se escriben libros contra alguien, este es “pro” alguien y se hizo con curiosidad, desenfado, buen humor, respeto y unas lágrimas. Está hecho desde el cariño. Alguien me dijo: “Si quieres ser su amiga, sé implacable y honesta.” Juró que traté. Aunque mi opinión está “sesgada” (debo confesar), porque me gana el orgullo de conocer al Mejor intérprete de habla hispana “around the World”. Habla poco y es elegante. Yo soy, ¡todo lo contrario! Por eso, la autora del libro –que soy yo– quiere que sepan que éste es un homenaje distinto. Un tributo diferente.

Micky un tributo diferente

Sí, esta soy yo. Sentada en la banqueta del Auditorio Nacional, esperando a Luis Miguel. Claro, en la foto parezco cualquier mujer china, pero no, soy yo.

En ese solitario paraje acababa de tomar dos decisiones muy importantes: la primera, que no me movería de ahí hasta que él llegara; y la segunda, que me pondría muy dramática frente a la camioneta negra y diría: “¡Micky, necesito hablar contigo viva o muerta! Tú dirás si me escuchas o si utilizamos un médium.” Muchas veces tienes que tomarte el periodismo con humor macabro.

Juro que soy una mujer partidaria del correo electrónico, el celular, los mensajes multimedia o los recados por medio de terceras personas (que son bellísimos porque nos remontan a otras épocas, pero son inútiles). Todo lo anterior es muy práctico, siempre y cuando la per

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