Quiero más verde

Felipe Castro

Fragmento

¿POR QUÉ TENER UNA HUERTA?

¡Hola, mis amiguis verdes! ¿Suena raro? ¿Medio ñoño? ¿O, mejor, mis amigos hortícolas? ¿Familia huertera? ¿Verdolagas? ¿Cómo puedo llamarlos? Bueno, veremos si al final del libro logramos encontrar un saludo acorde. Mientras tanto, vayamos pensando juntos cuestiones más relevantes.

Antes que nada, quería decirles que me pone muy contento que estén leyendo esto. Contento es poco. Me hace muy feliz.

Dicen que en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Aunque otros dicen que alguien tiene que leer tu libro, el árbol tiene que crecer y al hijo hay que criarlo. Eso es un poco más complicado… Qué se yo.

Más allá del dicho popular, en lo personal me alegra mucho escribir un libro sobre huertas, porque quiere decir que cada día somos más los que nos interesamos por las plantas, los cultivos orgánicos, el compostaje, la ecología y por vivir en un mundo más verde.

De hecho, soy muy optimista con este tema. No hay otra salida que retomar el contacto con la naturaleza. Y aunque ahora parezca un poco lejano, no tardará demasiado. Tenemos que empezar por nuestro pequeño lugar, sumando hábitos y cambios.

Ya hay países que apuestan cada vez más a las azoteas verdes y a las huertas comunitarias, hay más gente que composta, y son tendencia palabras como “compost” o “huerta”. Y nosotros ahora vamos a emprender una de las aventuras más maravillosas, que es armar una huerta. Vamos a ver germinar una semilla, observar el crecimiento de la planta y, finalmente, lo cosechado se convertirá en nuestro alimento.

Les aseguro que una vez que prueben un tomate con albahaca o lechuga de su huerta no van a querer comer de otro lado. Es una sensación única. Imagínense un tomate rojo, hermoso, de una planta que ustedes cuidaron para que creciera, que saben que no tiene pesticidas, que no tiene nada malo. Está ahí, esperándolos, al alcance de su mano. Lo lavan y se lo comen en una rica ensalada caprese. Nah, nah, nah… No saben lo que es un tomate de la huerta… Es muy, muy, muy rico. No tiene nada que ver con los tomates desabridos del supermercado.

Además de todo eso, tener la propia huerta es una forma de meditación. Una manera de desconectarse… O, más bien, de conectarse con lo importante y con la naturaleza.


DATO ÑOÑO

¿Sabían que la jardinería reduce el estrés? Un estudio realizado en 2011 en los Países Bajos demostró que hacer tareas relacionadas con la jardinería reduce los niveles de cortisol (hormona del estrés), ayuda a disminuir la ansiedad y, como estamos al aire libre, se incrementa nuestra carga de vitamina D… Además, es un gran ejercicio, porque se pueden quemar aproximadamente 300 kilocalorías. Y, como si fuera poco, en la tierra hay una bacteria que emula los efectos del Prozac en nuestro organismo. El cuerpo se relaja y libera serotonina, una hormona que mejora nuestro estado de ánimo. En síntesis: la jardinería aumenta nuestra calidad de vida.

¡Hasta la ciencia lo dice! Y, si me permiten, voy a darles un argumento más: volver a conectar con las plantas es una terapia. Es una meditación activa. Yo, que nunca soporté meditar y estar quieto un rato largo, en la huerta encontré mi espacio de meditación.

El tiempo transcurre de otra forma… ¿No les pasa, a veces, que están en la computadora y, de pronto, se les fue todo el día? ¿O llegan a la cama y no están cansados? El encuentro con las plantas y la naturaleza ayuda a que la mente se calme. Y cuando la mente se calma, entramos en otros tiempos. Nos desconectamos de todos nuestros problemas, nos vinculamos con todo lo positivo de las plantas. En un mundo en el que el celu, la compu y demás dispositivos electrónicos nos resuelven todo inmediatamente, la ansiedad nos invade. En cambio, cultivar nuestras propias plantas nos enseña también a cultivar la paciencia. Entonces, no solo recargamos energía, sino que entendemos que no todo tiene que ser ya. Esperar meses para que los tomates lleguen al punto de ser comidos, a que las semillas germinen, observar cuántas hojas van apareciendo en los vegetales nos demuestra que la vida tiene sus tiempos, que no todo es instantáneo. Y adaptarnos a la espera, poco a poco, nos va calmando. Sin embargo, durante la espera no nos vamos a aburrir, porque hay mucho para hacer.

La huerta es una tarea que podemos realizar todos: los niños, los jóvenes, los adultos y los más grandes. Para aprender solo hay que observar, y la clave está en empezar: cuando todo se ponga en movimiento, iremos corrigiendo los errores y recordando los aciertos. Así que, ¡arranquemos!

Ah, creo que no me presenté… Soy Felipe y los invito a que recorramos juntos este fantástico proceso del armado de la huerta.

LAS PLANTAS

Todo esto no sería posible sin las protagonistas de esta historia. Con ustedes… ¡las plantas!

Son muy humildes, no les gusta andar hablando bien de ellas, pero déjenme decirles algunas cosas. Básicamente, a las plantas les debemos todo. Y cuando digo todo, es TODO. Sin ellas no habría vida. Junto con las algas y algunas bacterias, son las encargadas de transformar la energía lumínica del sol en energía química por medio de la fotosíntesis.

Todo es energía. Cuando nos movemos, cantamos, leemos o hacemos jardinería, consumimos energía que obtenemos de lo que comemos, y nuestros alimentos —directa o indirectamente— vienen de las plantas. Ya sea un durazno, un pollo, una papa, una ensalada o una golosina. Las plantas son las que transforman la energía del sol en energía que podemos utilizar nosotros. Porque los animales no tenemos la capacidad de alimentarnos del sol. Es cierto que nos permite sintetizar la vitamina D, pero nadie vive solo de vitamina D.


DATO ÑOÑO

A las plantas se las llama seres autótrofos, porque generan su propio alimento. Como les decía: toman la energía del sol y, junto con el agua y el dióxido de carbono, producen su alimento —la glucosa— por medio de un proceso llamado “fotosíntesis”, cuyo subproducto es el oxígeno que liberan al ambiente.

En la huerta podemos cultivar una cantidad enorme de vegetales y hierbas aromáticas.

Los vegetales se pueden clasifica

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