La revolución emocional

Inma Puig

Fragmento

cap-1

Prólogo

Nuestros antepasados disponían de menos aviones, menos trenes y peores barcos, la mayoría no poseía coche, y ya no digamos electrodomésticos… Pero sí tenían algo mucho más valioso que todo eso: tiempo.

Así que, después de agradecerte que estés leyendo este libro, voy a pedirte dos cosas para que lo goces plenamente: tiempo y atención.

Puede parecer que pido algo obvio, pero hace mucho que no oigo a alguien decir que no sabe qué hacer con su tiempo. Lo habitual es escuchar todo lo contrario: «Me gustaría hacer un montón de cosas, ir aquí o allá, estudiar esto o lo otro, quedar con ese amigo o aquel otro… pero no tengo tiempo».

Actualmente tenemos la posibilidad de hacer más cosas en menos tiempo. Pero cada día añadimos tareas nuevas a nuestra lista. Disponemos de más aviones y más rápidos, más trenes y más rápidos, prácticamente todos tenemos coche, nuestros electrodomésticos pueden hacerlo casi todo, incluso aunque nos encontremos a muchos kilómetros… Aun así, nos sigue faltando lo más importante: tiempo.

Es como si una misteriosa maldición nos persiguiera: cuantas más facilidades tenemos para disponer de más tiempo y así poder dedicarlo a lo que realmente queremos, más cosas hacemos que en realidad no sabemos si deseamos hacer ni para qué nos sirven. Y el resultado es perverso: cada vez tenemos menos tiempo.

Pero como todo para según quien, esta maldición tiene, en apariencia, su aspecto positivo. El beneficio de andar escasos de tiempo es que tampoco disponemos de él para pensar ni sentir. Así nos ahorramos las molestias de lo doloroso, pero también es cierto que entonces tampoco sentiremos las caricias ni los abrazos. Nos vamos insensibilizando con nuestra vida y la de las personas que nos rodean.

Hoy en día nos cuesta prestar atención a lo que hacemos. Somos expertos en realizar varias cosas a la vez aunque, como en el circo, el «más difícil todavía» está por llegar… Pero vamos bien encaminados.

El valor de lo que decimos viene determinado por el lenguaje, así que la atención es muy importante porque solo la prestamos, nunca la regalamos. Decimos «prestar atención», quizás con la esperanza de que, al ser algo valioso, una vez usada nos sea devuelta.

Somos capaces de cruzar una calle atestada de coches a la vez que hablamos por el móvil, de ir en bicicleta escuchando la radio, de conversar con otra persona al tiempo que respondemos un e-mail, de leer un libro o el periódico mientras comemos… Por eso, si ahora mismo estás leyendo este libro sin hacer nada más, siento que me estás haciendo un gran regalo.

Y espero devolvértelo con lo que la lectura de este libro te pueda aportar.

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