La longevidad comienza desde niño

Valter Longo

Fragmento

cap-2

Prólogo

SALVATORE CUCCHIARA,

catedrático de Pediatría, Sapienza

Università di Roma, director de los

Servicios de Gastroenterología y

Hepatología Pediátrica, Policlinic

Umberto I, Roma

Es para mí un inmenso placer presentar el libro La longevidad empieza desde niño del profesor Valter Longo, dedicado a la nutrición pediátrica y a las consecuencias derivadas de sus desórdenes tanto en el plano metabólico como sistémico.

El libro se caracteriza por un lenguaje a la vez científico y divulgativo que lo hace útil tanto para los especialistas del sector como para el gran público formado por las familias, los pacientes y los profesionales sanitarios.

No deja de ser sorprendente que Italia, tierra de saludables tradiciones culinarias y patria de la dieta mediterránea, tenga el triste récord, entre los países europeos, del sobrepeso y la obesidad en edad pediátrica. Es inaceptable que estas costumbres tan beneficiosas se hayan sustituido por unos estilos alimentarios objetivamente dañinos para la salud, caracterizados por una ingesta excesiva de grasas saturadas, carne roja y azúcares simples y complejos, y por la importante reducción de los niveles de fibra, hortalizas, cereales, fruta, legumbres y pescado azul. El uso desmedido de productos industriales (que contienen niveles alarmantes de espesantes, emulgentes y grasas hidrogenadas), fomentado por una publicidad capciosa y engañosa, es un fenómeno que pone de manifiesto la necesidad urgente de afrontar, en distintos ámbitos, el tema de la educación alimentaria a partir de la edad pediátrica, una educación que debe implicar a las familias, las comunidades educativas en sus distintas escalas, los pediatras y los médicos de familia (dado que estos últimos cada vez se hacen cargo con más frecuencia de los niños preadolescentes).

El contenido del libro es realmente exhaustivo y aborda el tema de la nutrición pediátrica con rigor científico, transmitiendo una serie de mensajes útiles para entender el daño sistémico que supone la obesidad, y para idear un plan racional de corrección de los desórdenes nutricionales infantiles. La obesidad y el síndrome metabólico (que es su consecuencia directa) son, esencialmente, trastornos inflamatorios multiorgánicos que pueden afectar al hígado (de la simple esteatosis o hígado graso a la esteatohepatitis no alcohólica, que hoy se considera la causa de patología hepática crónica en el mundo occidental), y producir daño cardiovascular, hipertensión y diabetes insulinorresistente, así como altos niveles de triglicéridos y colesterol en la sangre. Además, los datos epidemiológicos recientes han revelado una relación entre obesidad y cáncer. Tampoco se debe subestimar el nexo entre la obesidad y la alteración de la composición y funcionalidad de la microbiota intestinal, con presencia anormal en la luz intestinal de patobiontes o bacterias no beneficiosas dotados de propiedades inflamatorias y capaces de afectar la integridad del epitelio intestinal. Un asunto cada vez más estudiado es, por último, la relación de los desórdenes de la alimentación en el embarazo y las primeras semanas de vida del lactante con los trastornos del neurodesarrollo.

El libro me ha entusiasmado y creo que es un instrumento excelente de divulgación científica y un importante estímulo para la reflexión de quienes están implicados en la gestión nutricional de los distintos tramos de la edad pediátrica, tanto en la etapa de prevención como en la de tratamiento. Los pediatras y los médicos de familia tienen un cometido muy delicado y una gran responsabilidad a la hora de guiar a las familias, pero estas se constituyen en los actores más importantes de esta función. Ojalá quienes tienen la misión de tutelar la salud de los niños, quienes se ocupan de su formación cultural, como los docentes y los directores de centros de enseñanza y, por último, quienes tienen responsabilidades en la divulgación de mensajes publicitarios y periodísticos lean con provecho este libro.

cap-3

Introducción

Me crie en Genova Certosa, al lado del puente Morandi —que para mí era como el puente de Manhattan que hizo célebre la película de Sergio Leone Érase una vez en América—, y que más tarde volvería a hacerse lamentablemente famoso en todo el mundo cuando se derrumbó en 2018. A unos cientos de metros del puente estaban mi colegio y mis tiendas preferidas, donde todos los días me detenía a comprar el pan y, a veces, pescado frito. Tenía suerte, porque en casa seguían la Dieta de la Longevidad (o casi) de mi madre, que había nacido en Molochio, un pueblecito calabrés con récord de longevidad. Pienso a menudo en mi infancia en Génova y, muchas veces, en cómo comíamos en los años setenta y cómo han cambiado desde entonces las costumbres alimentarias y las relacionadas con la actividad física de los niños.

En 2016, después de la publicación de mi primer libro, La dieta de la longevidad, los periodistas y los lectores me preguntaron por qué no había incluido una parte dedicada a la dieta infantil. Mi respuesta fue que en ese momento no sabía lo suficiente de nutrición infantil como para escribir sobre el asunto, pero que me proponía colaborar con pediatras y nutricionistas a fin de lograr que los médicos, los nutricionistas y los padres, pero también los propios niños y adolescentes evitaran la catástrofe que en Estados Unidos ha llevado a que el 70 % de los adultos tengan sobrepeso u obesidad.

En 1984, cuando recalé en Chicago con 16 años, me atiborraron de proteínas, grasas saturadas, almidón y azúcares, y al cabo de unos años yo también tenía sobrepeso, hipertensión y colesterol alto. Muchos de mis parientes de origen italiano tenían sobrepeso u obesidad, y varios de ellos padecían diabetes o enfermedades cardiovasculares.

Desde que volví a vivir en Italia seis meses al año, asisto también al mismo tipo de transformación que ya había visto en Chicago en los años ochenta. Esto reforzó mi propósito de escribir un libro sobre la nutrición infantil. Sabía que lo que influye y quizá también determina la longevidad empieza antes del nacimiento, pero, tras decenios de estudios clínicos, epidemiológicos y de base sobre la nutrición de los adultos, y de los estudios sobre la restricción calórica y sobre la Dieta que Imita el Ayuno, conocía bien el poder de ciertos tipos de alimentación sobre el peso y la salud.

De modo que para este nuevo libro pedí ayuda a la doctora, investigadora y pediatra Anna Claudia Romeo, jefa del Servicio de Patología Neonatal de la Azienda Ospedaliera Pugliese-Ciaccio de Catanzaro, doctoranda de Investigación en Fisiopatología y Clínica de las Enfermedades Endocrino-Metabólicas, Departamento de Medicina Interna, Università di Genova, con quien colaboro desde hace varios años; a la nutricionista Romina Inès Cervigni, de mi Fundación, que tiene un doctorado en oncología y ha trabajado como investigadora en el Istituto San Raffaele de Milán; a Alessandr

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