Reciclar la ecología

Timothy Morton

Fragmento

cap-1

Introducción

Esto no es otra descarga
de información más

¿No te preocupa la ecología? Puedes creer que no, pero, así y todo, puede que sí te preocupe. ¿Tampoco lees libros de ecología? Este libro es para ti.

Es comprensible, los libros de ecología pueden llegar a ser confusas descargas de información que, cuando llegan a ti, ya se han quedado obsoletas. Te golpean en la cabeza para hacer que te sientas mal contigo mismo. Te pillan por sorpresa mientras te gritan datos inquietantes. Claman al cielo agónicamente y se preguntan: «¿Qué podemos hacer?». Propaganda de pacotilla. Este libro no es nada de eso. Reciclar la ecología no canta al son del «eco-coro». Es un libro para ti: tal vez estás en el coro, pero solo de vez en cuando, o a lo mejor no tienes ni idea de qué son los coros, o puede que no te importe nada en absoluto. Ten por seguro que este libro no te va a sermonear. Tampoco contiene ni datos sobre ecología, ni ninguna impactante revelación sobre el mundo, ni ningún consejo ético o político, ni ningún gran recorrido por el pensamiento ecológico. De hecho, este es un libro de ecología bastante inútil. Pero ¿por qué escribir algo tan «inútil» en estos tiempos tan apremiantes? ¿Acaso nunca he oído hablar del calentamiento global? ¿Por qué estás siquiera leyendo esto? Pues bien, la verdad es que tal vez ya seas ecológico, solo que no lo sabes. ¿Cómo?, preguntarás. Averigüémoslo.

Sobre qué trata este libro

En esta introducción estableceremos el marco general del libro. En el primer capítulo, esbozaremos una manera de sentirnos mejor en el tiempo en que vivimos, una época de extinción masiva provocada por el calentamiento global. En el segundo capítulo, continuaremos considerando el propósito de la concienciación y el pensamiento ecológico (la biosfera y sus interconexiones). En el tercer capítulo, echaremos un vistazo a qué tipo de acciones cuentan como ecológicas. Y, en el cuarto capítulo, exploraremos una serie de modos actuales de ser ecológico.

Por el camino te familiarizaré con mi forma de hacer filosofía. Si aquella fuera una película dirigida por mí, el productor sería la ontología orientada a objetos (OOO) de Graham Harman (próximamente, más sobre esto) y sus productores ejecutivos, los filósofos Immanuel Kant y Martin Heidegger.

Por ahora, en esta introducción, voy a mostrarte por qué este no es un libro normal sobre ecología, en la medida en que trata con firmeza de evitar una herramienta retórica bastante seductora: el sermón culpabilizador. ¿Cómo? Comencemos por el hecho de que este es un libro en gran medida sin muchos datos. Será mejor decirlo abiertamente antes de que los críticos me lo reprochen.

Cuando escribes un libro sobre ecología, seas o no científico, parece como si siempre estuvieras obligado a introducir muchísimos datos. Se tiene la impresión de que se trata de una exigencia del género, entendiendo por esto una suerte de horizonte, un horizonte de expectativas. Esperamos que las tragedias nos hagan sentir ciertas emociones (Aristóteles pensaba que tales emociones eran el miedo y la compasión), mientras que las comedias se supone que deben hacernos sonreír. Hay un género incluso del tipo de escritura que puedes encontrar en tu pasaporte. Y también hay, por supuesto, un género del discurso ecológico (varios géneros, de hecho).

El gran otro te está observando

Un género es algo así como un mundo o un «espacio de posibilidades». Dentro de ese mundo puedes realizar ciertos movimientos y, mientras permaneces en ese espacio, «realizas algo» en este sentido genérico del término. Tú, por ejemplo, tienes una manera particular de estar en una fiesta, y dicha manera de estar puede ser diferente del modo en que te comportas en una reunión de trabajo. Tienes una cierta forma de leer las noticias y, por supuesto, también ciertas formas de seguir (o ignorar) las últimas modas.

Los géneros son animales escurridizos. Remiten a lo que cierta filosofía llama «el Otro» y, cuando tratas de señalar directamente al otro, ello (o ella, o él, o ellas, o ellos) desaparece. El «otro»: mi idea de tu idea de su idea de sus ideas de su idea de mi idea de sus ideas… Si alguna vez has estado en un grupo de música sabrás lo peligroso que es este concepto. Si escribes música que se ajuste a lo que crees que puede querer la gente en la tienda de discos, te puedes acabar sintiendo paralizado por la indecisión. Esto es porque la esfera del otro es como un sistema o una red de suposiciones, de prejuicios, de ideas preconcebidas.

Pues bien, hay ideas preconcebidas que resultan obvias para todos nosotros, o al menos susceptibles de serlo. Si quieres saber qué tipo de raviolis hacen en Florencia, puedes consultarlo. «Tipo de raviolis florentinos» es algo sobre lo que puedes investigar —es más, hoy basta con googlearlo—. «Googlear» tiene al menos un sentido relacionado con esta idea del género. Cuando googleamos algo, en el fondo tratamos de ver lo que el «otro» piensa acerca de ello. Google es como el otro, un tipo de enmarañada tela de araña de expectativas asomándose en los márgenes de tu campo de visión, o simplemente el otro lado de todos esos links que no tenemos tiempo de abrir. «Nunca» tenemos suficiente tiempo para clicar todos esos links (lo cual se hace cada vez más obvio conforme Google va creciendo). Otra manera de decir esto es que esa cosa extraña, el otro, es de algún modo «estructural»: no importa de qué mil maneras trates de verlo, nunca podrás comprenderlo directamente. Su trabajo parece ser el de desaparecer cada vez que lo miras directamente, pero a la vez hacerte sentir que te rodea cuando no lo haces. En ocasiones, este sentimiento puede ser bastante extraño.

¿Quiénes somos?

Voy a utilizar con frecuencia la palabra «nosotros» en este libro. No se lleva mucho decir «nosotros» en mi rama (estudios humanísticos). Está más aceptado ser muy explícito sobre la gran diferencia que hay entre las personas, y decir «nosotros» se considera ignorar esas diferencias, o hasta borrarlas. Además, los pronombres se convierten en partículas complicadas durante la era ecológica: ¿cuántos seres es capaz de unir el «nosotros»?, ¿y son todos ellos humanos? Voy a utilizar el «nosotros» como alguien que conoce muy bien tanto las políticas de la diferencia como la política de la identidad que las rechaza. Voy a usar el «nosotros» en parte para resaltar cómo aquellos seres responsables del calentamiento global no son los caballitos de mar, o algo por el estilo; son los humanos, seres como tú y como yo. Ya es hora de que pensemos en cómo hablar sobre la especie humana, sin actuar al mismo tiempo como si las últimas décadas de pensamiento y política no se hubieran producido. Lógicamente no podemos volver a imaginar una esencia clásica de «Hombre» que subyace en nuestras diferencias; pero si no encontramos una manera de decir «nosotros», algún otro lo hará. Y, como afirmó el poeta romántico William Blake, «debo crear un sistema o ser esclavizado por el de otro hombre».

Afrontando los hechos

Todos sabemos que los textos sobre ecología —especialmente los que transmiten información científica, tal vez los que te sueles encontrar en un periódico, o sobre todo los del estilo que hallas en libros con títulos como este— necesitan muchos hech

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