Argentinas que hicieron historia

Julieta Mortati

Fragmento

MARÍA REMEDIOS
DEL VALLE
Heroína de la Independencia

(1766-1847)

Su cuerpo tenía cicatrices profundas de balas, sables y azotes. Y su alma, la herida de haber perdido a su hijo y a su esposo en la primera expedición militar al Alto Perú.

María Remedios, también conocida como “La Capitana”, era hija de descendientes afroamericanos. Participó activamente en las diferentes batallas por la Independencia de nuestro país; su coraje no tenía límites y varias veces estuvo a punto de ser fusilada.

Belgrano, que se negaba a tener mujeres en sus tropas, únicamente la aceptó a ella. Era muy valiente y cumplía cualquier tarea que le pidieran. Atendía a los hombres heridos en el campo de batalla, que agonizaban de dolor; cuidaba las pertenencias del regimiento, cargaba armas y en medio de los cañonazos, junto a sus dos hijas, asistía a los soldados.

Salvó muchas, muchas vidas.

Luego de la Independencia, María Remedios, sola y pobre, se convirtió en mendiga. Vivía en la calle, vestía harapos y pedía limosna en las plazas.

Una tarde, el general Viamonte la reconoció y solicitó para ella una pensión por su servicio a la patria, pero no se la dieron pese a su insistencia. Después de muchos años y varios pedidos, empezó a recibir un dinero que apenas le alcanzaba para comprar un poco de carne. Hasta que Juan Manuel de Rosas decidió darle una mensualidad digna y la nombró Sargento Mayor. Por fin, fue reconocida como una verdadera heroína.

MARÍA LORETO
SÁNCHEZ PEÓN
Espía

(1777-1870)

A principios del siglo XIX, la Argentina era parte del Virreinato del Río de la Plata, que dependía de España. El ejército realista luchaba para que siguiéramos siendo su colonia. Pero se había formado otro ejército: el de los patriotas, que querían la independencia. María Loreto Sánchez Peón era una dama de la alta sociedad salteña y estaba entregada a la causa patriótica. Creía que había que luchar para vivir en una tierra libre.

Pocas mujeres en la historia fueron tan valientes como ella. Recorría largas distancias a caballo para llevar información sobre los planes enemigos en papeles que escondía en el ruedo de su pollera. ¿Cómo conseguía esa información? Entraba en el cuartel de los soldados españoles con la cara pintada con carbón y una canasta de tortillas humeantes que les provocaban antojo incluso a aquellos que ya estaban con la panza llena. Así, disfrazada de panadera, escuchaba sus conversaciones. Por ejemplo, cuando pasaban lista a la tropa, se ponía en cuclillas a un costado y echaba granos de maíz en dos bolsitas: una para contar los presentes y otra para los ausentes. Así se enteraba de cómo iba a estar conformado el regimiento de los enemigos.

Se comunicaba con un jefe del ejército patriota por medio de mensajes que dejaban en un árbol a la orilla del río. Las mujeres que bajaban a fregar la ropa agarraban los mensajes del hueco del árbol y los ocultaban entre las telas.

María creó una red de espionaje continental llamada “Bomberas”, compuesta por mujeres de distintas clases sociales entre quienes se destacaron Juana Moro de López, Petrona Arias y Juana Torino. Pasó a ser la jefa de Inteligencia de la Vanguardia del Ejército del Norte ¡y nunca la descubrieron!

Vivió casi cien años y el pelo se le puso blanco como las nubes en un día de sol; lo adornaba con moños de cintas celestes, como si su peinado fuese una bandera.

MANUELA
PEDRAZA
Heroína contra las invasiones inglesas

(1780-1850)

Era 1806. Los ingleses habían llegado a Buenos Aires con sus trajes elegantes a quedarse con el tesoro de la Corona española y apoderarse del Virreinato del Río de la Plata. El gobierno de ese momento, con el virrey Sobremonte a la cabeza, los recibió con agrado, y organizó fiestas y banquetes deliciosos. Pero el pueblo quería que se fueran. Niñas y niños, mujeres, comerciantes y soldados salieron a la calle a echarlos como pudieran. Les tiraron piedras, agua hirviendo y grasa vacuna derretida desde los techos de las casas y salieron a pelear con lo que tenían al alcance de la mano.

Cuenta la leyenda que Manuela Pedraza, conocida en esa época como “La Tucumanesa” porque había nacido en Tucumán, se había ido a vivir a Buenos Aires y salió a pelear como todos. Rápidamente empezó a llamar la atención por su valentía. En un momento de la lucha en lo que hoy se conoce como Plaza de Mayo, un inglés mató de un balazo a su marido. Sin dejar que la tristeza la invadiera, Manuela tomó el arma de él y mató a quien había disparado contra su amor. Le arrancó el fusil al inglés y se lo entregó a Liniers, el héroe de las invasiones inglesas, como trofeo de guerra. A cambio, ella que era muy pobre, comenzó a recibir un pago mensual. Un añ

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