Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. Para chicas

Donna Dale Carnegie

Fragmento

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Si quieres la miel, no des patadas a la colmena.

Dale Carnegie

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«Este en un libro que invita a la acción».

Eso es lo que dijo Dale Carnegie del original Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. Quería que los lectores obtuvieran información real, práctica, y consejos de su libro y que los pudieran usar en su día a día. Este es el objetivo de este libro, también. Al leer el título, igual te parece sospechoso: «¿Eso no es manipular a la gente?». Sin embargo, al final creo que pensarás que los consejos de Dale Carnegie van tomando la forma para «ser una buena persona y una líder a la que los demás respeten». Porque esa es la mejor manera de hacer amigos e influir en los demás, ¿no?

Amabilidad sincera.

Y la amabilidad empieza por la empatía.

Hablaremos muchísimo de empatía a lo largo del libro, porque es una parte fundamental de ver cómo se comporta la gente. Aprender a entender cómo se sienten los demás y ponerse en su lugar te resultará tremendamente útil para hacer amigos, para convertirte en una líder y para tener una buena relación con todos los que te rodean. Pero empecemos, primero, poniéndonos en una situación en la que tú eres la protagonista.

Imagínate lo siguiente: te levantas una mañana atrapada en una novela distópica en la que todo lo que haces —desde la ropa que eliges hasta las redes sociales que usas, pasando por las respuestas que das en clase— queda grabado en un marcador gigante que todo el mundo puede ver. Te das cuenta de que tu puntuación va cambiando la forma cómo te ven y cómo te tratan las demás personas (del mismo modo que la suya cambia con la opinión que tú tienes sobre ellas), pero no acabas de entender qué decisiones hacen aumentar tu puntuación y cuáles te perjudican. Parece como si tu lugar en el mundo fuera totalmente aleatorio, y tienes la sensación de que te va a explotar la cabeza intentando entenderlo. ¿En qué te estás equivocando?

Spoiler: esta novela distópica se titula Instituto. Pero ya lo sabías, ¿no? Añádele la presión por triunfar, por tener planificada toda tu vida cuando termines el instituto, y es fácil hundirse en el interminable agujero negro de YouTube y Netflix.

Pero créeme: controlas más la situación de lo que te imaginas. Todo empieza por cómo tratas a la gente. Va mucho más allá de si te metes con alguien o no, pero es un buen sitio por donde empezar.

Estudios recientes indican que el 20 % de los estudiantes de entre 12 y 18 años han sufrido bullying alguna vez, y el 15 % de estos lo sufrieron online o vía mensaje de texto. Otro estudio reveló que el 30 % de los jóvenes admitía haber hecho bullying a algún compañero, y el 70 % había presenciado algún caso de bullying en el instituto.[1] Seguro que estas cifras no te sorprenden, tampoco les sorprendieron a las chicas que entrevistamos para este libro, e incluso dijeron que creían que las cifras eran más altas. Muchas de ellas compartieron con nosotras sus propias experiencias, como Julie, de 14 años:

En mi clase había una chica de la que todo el mundo se reía. Se llamaba Marie. Era superperfeccionista: se tiraba toda la clase para acabar un examen que el resto habíamos terminado en diez minutos. Estaba obsesionada por el ballet y se pasaba el día hablando de sus clases de danza. Y, además, era bastante creída. Yo intentaba ser simpática con ella, pero también me metía con ella. Marie se reía de sí misma y no dejaba que los otros supiéramos que le había molestado lo que decíamos de ella, pero su madre le contó a la mía que cada día lloraba al volver del instituto. Cuando mi madre me preguntó al respecto, me sentí fatal. Le conté que había intentado defender a Marie, pero que no era fácil. Todos queremos gustar y yo no quería convertirme en blanco de burlas al defenderla. Sé lo horrible que es. Conmigo también se han metido alguna vez.

No pretendemos juzgar a Julie, de ningún modo; a todos nos ha pasado alguna vez que defender a alguien o algo nos ha supuesto un riesgo, y no es fácil. Pero fijémonos bien en lo que dice: no se pone en la piel de Marie, a pesar de haber pasado por la misma experiencia en otro momento. Si empatizara de verdad con Marie, no podría no defenderla, ¿no? En lugar de eso, Julie responde a las críticas de su madre, que lo más seguro es que le hayan dolido y le hayan hecho sentir la necesidad de defenderse. Dale Carnegie dijo una vez: «Las críticas son inútiles. Hacen que te pongas a la defensiva y que te esfuerces por justificarte». Creía tan fervientemente en ello que siempre enseñaba la siguiente regla: No critiques, ni condenes ni te quejes.

¿Cómo reaccionas cuando eres tú el blanco de esas críticas, condenas y quejas? ¿Te tomas al pie de la letra las críticas y piensas «Tienes razón, gracias por decírmelo»? ¿O te preocupas, te hacen daño o te molestan? Cuando una persona te critica, te condena o se queja de ti, es como si se levantara una enorme pared de ladrillos entre tú y ella. Es difícil que algo la cruce una vez construida, porque tienes la sensación de que debes protegerte, bloquear cualquier ataque futuro.

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El ejemplo de Julie es obvio. Experimentó la críticacondena-queja en esa situación: criticó a Marie, la condenó por su aspecto y personalidad, y se quejó de que ella no po-día hacer nada para ayudarla. Es fácil caer en la tentación de creerse por encima del bien y del mal y pensar «Yo nunca haría eso». Pero todos lo hacemos, en alguna ocasión, si somos sinceros. Y juzgar a Julie en esa situación es una forma de criticar y de condenar, también. Dale Carnegie afirmaba que «cualquier tonto puede criticar, condenar o quejarse; hay que tener carácter y autocontrol para ser comprensivo e indulgente». Nadie quiere verse a sí mismo como un abusón o como alguien que va, cobardemente, en contra de la multitud. No tienes que cometer el mismo error. Encontrando formas de criticar menos a los demás, todos podemos aprender a enfrentarnos a situaciones complicadas de forma que reforcemos a esas personas en lugar de destrozarlas.

DEJAR DE JUZGAR

En el instituto, cada día alguien se ríe o se mete con alguien, y seguramente no hay nadie que no sea culpable de haberlo hecho alguna vez.

Lily, Rhode Island

Una cosa es saber que deberías tener empatía con los demás y otra muy distinta es tenerla en realidad. No es nada revolucionaria esta idea: toda la vida nos han dicho «trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti», ¿verdad? Así pues, ¿por qué es tan complicado parar un momento y hacer lo que sabemos que hay que hacer? La verdad es que el bullying que se ve a diario en los institutos, e incluso en el trabajo, se terminaría mañana mismo si cada uno de nosotros hiciera un esfuerzo de verdad, real, para ver las cosas desde la perspectiva de los demás.

Eso no quiere decir que tengas que renunciar a tus opiniones, ideas y puntos de vista, que son los que te convierten en la persona que eres, ni que no puedas criticar jamás a la gen

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