Reivindicación de la política

Lluís Bassets

Fragmento

Introducción

Introducción

Las tres últimas décadas son únicas e irrepetibles. España y el mundo han cambiado más en este tiempo que en los anteriores tres siglos y medio. Estalló en pedazos aquel planeta bipolar dividido por la guerra fría. Pero también se quebró poco después un mapa más antiguo, el que trazaron los tratados de la Paz de Westfalia (1648), de donde surgió nuestro universo de estados nacionales soberanos que actúan como sujetos de derecho en la escena internacional. La fuerza de los pobres de la tierra, identificada con el Tercer Mundo surgido de la descolonización tres décadas antes, ha transformado ahora a los más poderosos de entre aquellos países en las economías más dinámicas y pujantes que superan a Europa y desafían a Estados Unidos.

Poco queda de las ideologías e incluso de los partidos políticos y de los movimientos sociales que vieron cómo se iba hundiendo aquel mundo del final de la guerra fría. La desaparición súbita del comunismo ha sido el terremoto determinante que lo ha arrastrado todo en este período, en particular por el nacimiento de varias decenas de nuevos países, antaño enclaustrados y oprimidos en estructuras imperiales, y por el rediseño de los viejos mapamundis con nuevas formas y colores. Pero también han quedado afectadas las ideologías y creencias políticas, de forma que una detrás de otra han ido declinando, desapareciendo o metamorfoseándose hasta hacerse casi irreconocibles.

Para los europeos, estos treinta años son los de la transición hacia un continente al fin unificado, con las cuatro libertades europeas (de circulación de personas, bienes, servicios y capitales) en plena vigencia desde el Atlántico hasta los umbrales de la antigua Unión Soviética. La unión política del continente queda como una quimera alentada sólo en algunos momentos, pero la unificación monetaria que significó la aparición del euro es una de las grandes conquistas de estos años, cuyas limitaciones han quedado ahora evidenciadas por la crisis económica y financiera.

Para los españoles, integrados de nuevo en Europa después de una ausencia de siglos, éstos son los años de consolidación de una de las democracias más vibrantes y descentralizadas del mundo, que por primera e insólita vez ha conseguido durar en el tiempo y hacerlo de una manera estable. No es casual que la culminación del ciclo completo de una generación coincida ahora con una oleada de dudas y debates sobre lo que ha significado la transición y el Estado de las Autonomías y, sobre todo, con cierta quiebra de la brillante imagen proyectada por España durante estas décadas de ascenso, al hilo de la crisis económica y de su impacto en las finanzas públicas españolas.

Si hay un buen testigo y protagonista de esta evolución, comprometido sin discontinuidad ni tregua durante las tres décadas en responsabilidades de gobierno, ya sea en España, ya sea en las instituciones internacionales, éste es Javier Solana, que juró como ministro de Cultura del primer gabinete socialista de Felipe González el 3 de diciembre de 1982 y terminó su mandato como Alto Representante de la política exterior europea el 30 de noviembre de 2009, casi veintisiete años después, día por día. Son esas tres décadas de responsabilidades públicas españolas e internacionales de Javier Solana las que le autorizan y casi le obligan a emprender una reflexión sobre su experiencia y sobre los cambios experimentados por España y el mundo.

Una biografía política en la que se engarzan carteras ministeriales en todos los gobiernos de Felipe González desde 1982 hasta 1995 con dos encargos de máxima relevancia en la arquitectura europea contemporánea, como son la secretaría general de la Alianza Atlántica, de 1995 a 1999, y la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, de 1999 a 2009, constituye un fondo de experiencia y de reflexión política que exigía una concienzuda labor de recopilación y de memoria. Durante casi veinte horas el protagonista de este libro y el autor de estas líneas han mantenido una conversación centrada sobre todo en el período en que Solana se ha ocupado de los asuntos internacionales, ya sea desde el gobierno de España, ya sea desde sus dos encargos europeos; y en dos ejes: el primero, alrededor del balance del cambio experimentado por Europa y España desde el hundimiento del bloque soviético; y el segundo, sobre el actual panorama de las relaciones internacionales; entreverados ambos con algunas reflexiones autobiográficas y experiencias personales.

Javier Solana cuenta con decenas si no centenares de agendas y cuadernos de notas, donde tiene registrados momentos memorables, frases que no tienen desperdicio o palabras clave de las reuniones decisivas que ha presidido, protagonizado o presenciado. Es un material que algún día le servirá para darnos cuenta de su biografía política en unas memorias en las que de momento ni siquiera ha pensado. También llegará el día en que historiadores y biógrafos se ocupen de reconstruir en todo su detalle el variado y complejo itinerario biográfico de los miembros más destacados de la generación de políticos españoles que presidieron la transición y construyeron la democracia, entre los que sin lugar a dudas la biografía de Javier Solana ocupará un lugar muy destacado.

El libro que el lector tiene en sus manos no es ni unas memorias dialogadas ni una entrevista biográfica, aunque como no podía ser de otra forma en algún momento tiene ribetes tanto de memorialismo como de autobiografía. En todo caso, aspira a convertirse en un material útil para quien desee aproximarse a estos años de la vida política española e internacional y del itinerario político de Javier Solana. Pero no es sólo eso: este libro es también una mirada rápida y panorámica sobre el estado de Europa y del mundo en el momento en que el protagonista del libro abandona sus responsabilidades internacionales y se repliega en la actividad privada de las conferencias y los cursos en los que se reclaman su experiencia y sus reflexiones. Se trata, por tanto, de un ensayo dialogado, escrito a cuatro manos a partir de media docena de conversaciones, sostenidas de forma intensa entre enero y febrero de 2010 y culminadas con una conversación final, ya en julio de este mismo año, que ha servido de epílogo, actualización y remate de muchos temas.

Javier Solana no es únicamente un testigo y un protagonista de la escena internacional, sino también y sobre todo uno de los personajes que mejor encarna el cambio español de las últimas tres décadas. Lo encarna en la integridad de esos treinta años de cambio vertiginoso, desde las fotos en las que le vemos con la trenca y la barba del progre que fue, y lo encarna todavía con mayor exactitud en los veinte años en que se ha ocupado de los asuntos internacionales, ahora con su barba rala de intelectual y político apresurado. En este tiempo ha sido la imagen más internacional de España por el sencillo y definitivo hecho de que también ha sido, al menos en el último decenio, la imagen internacional de Europa. Muy pocos españoles y todavía menos europeos habrían apostado porque uno de los j

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